Muerte al marqués de Villamar; ‘La cocinera de Castamar’

QUÉ HA PASADO

• Amelia consigue que don Diego pida su mano.

• Clara habla con su padre.

• Francisco parece haberse enamorado de Sol Montijos.

El matrimonio de los marqueses de Villamar atraviesa su peor momento. Sol Montijos lleva planeando el asesinato de su marido desde hace unos meses, pero el apasionado idilio con Francisco hace que presione a Enrique para que ejecute el plan: “Cumple tu parte del trato”. Dicho y hecho, el marqués envía a uno de sus secuaces.

La noticia de la boda en Castamar revoluciona al servicio. Especialmente a Elisa, que lleva unos días dándole vueltas a su futuro en largas conversaciones con Clara: “¿Y si quiero seguir trabajando aunque tenga hijos?”. La cocinera la anima a cumplir su sueño a pesar de la costumbre de que una mujer debe quedarse en casa. La doncella se arma de valor y pide a Roberto que se case con ella. Este acepta entusiasmado.

El control del servicio está en manos de Melquíades y doña Úrsula lo sabe. La mujer busca la forma de recuperarlo, pero los fantasmas del pasado la acechan. Además, una misteriosa carta la involucra en un nuevo aprieto, esta vez de talle económico, pero decide guardar silencio y no buscar ayuda en sus aliados.

Por otro lado, el marqués de Soto no puede olvidar a doña Alba, la fallecida esposa de don Diego y su amante. Este es el motivo por el que juró acabar con el duque de Castamar, ya que lo cree culpable de su muerte.

Para lograrlo, Enrique saca de la cárcel al padre de Clara a cambio de su lealtad: “Harás todo lo que yo te ordene”. El hombre accede después de que le prometa que podrá reencontrarse con su hija. Es la estrategia perfecta para poder tener entre las cuerdas a la cocinera y mover los hilos para hacerse con el poder de palacio.

Las obligaciones como secretario del rey se le acumulan a don Diego. Aunque intenta retrasarlo, no le queda más remedio que comenzar a firmar las sentencias de muerte de los condenados por alta traición. Entre ellos, la del señor Belmonte. “No me gusta mancharme las manos de sangre”, se queja el duque.

Gabriel continúa sospechando de las intenciones de Enrique y avisa a una de sus personas de confianza para que investigue susmovimientos. Días más tarde, descubre que fue el marqués quienpagó la deuda de Amelia en Andalucía y salvó su casa del embargo. “Esto lo hace para tener poder sobre ella”, le dice a Daniel, su confidente. El pequeño de los Castamar decide dejarlo en evidencia aireando su secreto esa misma noche, lo que provoca la furia de su hermano: “Estás celoso porque Amelia no está enamorada de ti, asúmelo”. La joven pide perdón públicamente por no haberlo contado, pero su prometido sale en su defensa: “No ha sido culpa tuya, tranquila”.

En una de las habituales salidas de caza de los aristócratas, los compañeros de don Diego se dan cuenta de las atenciones que últimamente está prestando a la cocinera de Castamar. Esto puede hacer peligrar su matrimonio y le advierten: “Si te enamoras de una sirvienta, tus días podrían estar contados”. Él hace caso omiso para no dar más pistas acerca de sus sentimientos.

Mientras tanto, Amelia está desesperada porque no se le note el embarazado y doña Mercedes la anima a que mande confeccionar nuevos vestidos: “Estarás reluciente para mi hijo”. También doña Úrsula le da algunos consejos para que demuestre el poder que ahora tiene: “Hágase notar”.

Es entonces cuando la joven propone dar una cena en su honor. “Así será, que cocinen la liebre que cacé”, le dice su futuro marido. No obstante, ella quiere ponerse en su sitio y cambia la receta del menú. No cuenta con que Clara complacerá al duque y cocinará lo que él desea.

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