La injusta historia de Ann Lowe, la diseñadora afroamericana del vestido nupcial de Jackie Kennedy de la que todos se olvidaron

El día de su boda con John F. Kennedy, Jacqueline Lee Bouvier, estaba increíble con un precioso vestido blanco, a la altura de los que llevaron mujeres como Grace Kelly o la princesa Diana de Gales que han pasado a la historia de la moda nupcial y convertido sus vestidos en iconos no solo por haberlos lucido ellas sino por la espectaculiaridad de los diseños.

El traje con el que Jackie dio el ‘sí quiero’ J.F Kennedy el 12 de septiembre de 1953, formado por un elaborado corpiño con escote retrato y una falda con muchísimo volumen, mucho más tradicional y barroco de lo que a ella le hubiera gustado pero acorde con la situación -una ceremonia con 900 invitados-, esconde una sorprendente historia. La mujer detrás del maravilloso vestido de novia de Jacqueline Kennedy fue una desconocida diseñadora de origen afroamericano, Ann Lowe, que durante su trayectoria llegó a confeccionar prendas para las familias de la alta sociedad estadounidentes de la época como los Roosevelt, los Rockefeller o los du Pont; además de vestir a ‘Lady Bird’ Johnson, la esposa de Lyndon B. Johnson.

Consiguió hacerle el vestido de novia a Jacqueline gracias a su escalada social y a la amistad que forjó previamente con la madre de la prometida, Janet Lee Bouvier. Ella fue el puente entre la diseñadora y su hija.

La autora de la biografía de Ann Lowe, Julia Faye Smith, cuenta que Jackie no tuvo mucho que decir sobre su vestido de novia. La diseñadora trabajó codo con codo con su madre y escuchó las peticiones, quería un vestido de novia de “cuento” para su hija. El padre del novio, Joe Kennedy, también aprobó el resultado final del traje.

Entre tantas opiniones respecto al vestido, la diseñadora seguramente no lo tuvo fácil, además a ella le gustaba complacer a sus clientes y le habría gustado hacer lo propio con la novia, de quien se dice que prefería un diseño más sencillo. Si las cosas eran difíciles de por sí, un accidente en el taller de la diseñadora hizo que la situación fuera aún peor. Una fuga de agua arruinó todos los diseños que estaba confeccionando, incluido el de Jackie y sus damas de honor, cuando quedaban tan solo diez días para la boda.

El trabajo de dos meses se perdió por completo y tuvo que multiplicar el esfuerzo y el personal para conseguir sacar el trabajo adelante sin que su clienta supiera nada. El desastre le supuso 2000 euros de pérdidas, pero Ann se jugaba su puesto de prestigiosa diseñadora secreta de la alta sociedad estadounidense, y tenía que seguir adelante por más complicaciones que se fuera encontrando en el camino. Cuando, tras viajar de Nueva York a Newport para entregar su encargo llegó a casa de Jackie, uno de los mayordomos le indicó que debía entrar por la puerta de atrás para entregar el vestido Ann se negó a darle el traje si no entraba por la puerta principal. Pero este no fue el único agravio que sufrió por el encargo que la encumbraría, en secreto, definitivamente. A Jacqueline Kennedy le preguntaron, por supuesto, por la autora del vestido de su boda, y la respuesta de la que sería primera dama de los Estados Unidos, hizo que Ann se sintiera realmente ofendida. Lo había hecho “una costurera de color”, se limitó a decir.

Después del incidente y tras varias conversaciones con la Casa Blanca, Ann y Jackie se reconciliaron profesionalmente. El respeto entre ambas se restauró y Lowe siguió trabajando para la esposa del presidente.

Loewe nació en una familia de expertas costureras, aprendió el arte de su madre y de su abuela. Estudió en la prestigiosa escuela neoyorquina de diseño S.T. Taylor, para luego abrir una tienda en Harlem, Nueva York, y darlo todo por algo en lo que creía, por encima de su propia economía, de su salud y la de sus matrimonios -varios y fracasados-, para llegar a ser “el secreto mejor guardado” de la Gran Manzana; todas las personalidades de la alta sociedad vestían sus diseños.

Ann Lowe, que se describía a sí misma como una “terrible snob”, llegó a confesarle a la revista Ebony, que solo cosía para grandes familias que estuvieran en el Registro Social de Estados Unidos, una lista que recoge a los miembros de la alta sociedad estadounidense. Fue la primera afroamericana en convertirse en una diseñadora de prestigio a pesar del secretismo que siempre la rodeó.

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Ready for another #WomensHistoryMonth #shoutout? Today, we honor Ann Lowe, the first African-American to become a noted fashion designer. She was a student of the then segregated S.T. Taylor Design School in New York City. While at first, she was not given credit for her work, she then opened up her own dress salon, Ann Lowe's Gowns, on Lexington Avenue, and her one-of-a-kind designs made from the finest fabrics soon attracted the attention of the wealthy. She became a designer for the high society, creating dresses for people in the most-well known families such as the Rockerfellers, the Du Ponts, and others. Her most notable work is the wedding dress she designed for the wedding of First Lady Jacqueline Kennedy. While the dress and the wedding itself were highly publicized and talked about, Ann Lowe did not receive public credit for her work. Today, years after her death, we celebrate the work and life of Ann Lowe. Some of her gowns can be found at the MET, the Smithsonian, and some were even at the Fashion Institute of Technology Museum's exhibition on Black fashion in 2016. #customcolab #nycftcmember #AnnLowe #herstory #yesshecan #womenentrepreneurs #design #fashion

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Es indudable que Ann Lowe tenía un extremando talento, pero es que además fue una adelantada de su tiempo y una mujer que tuvo que enfrentarse a todo tipo de inconvenientes por el color de su piel; una diseñadora secreta, a la que la más alta sociedad ocultaba de todas las formas posibles.

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Diseñó el vestido con el que Olivia de Havilland recogió el Oscar en 1947 por su interpretación en La vida íntima de Julia Norris, pero en la etiqueta aparecía el nombre de Sonia Rosenberg.

Pero no todo fue malo para Ann. Cuando se encontraba en su peor momento financiero y estaba a punto de perder el negocio, recibió una donación anónima que la ayudó a salir a flote. Ella siempre pensó que su ángel de la guarda fue la familia Kennedy.

En la actualidad, algunos de sus diseños pueden verse en el prestigioso Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Una exposición en el Museo Nacional de Arte y Cultura Afroamericana, en Washington D.C le rinde homenaje y trata de ponerla en el lugar que se merece.

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