La bonita historia detrás de los pendientes que llevó Sofía Palazuelo: diseñados por un joyero de 92 años con ayuda de su nieta

Sofía Palazuelo, consciente de que sería uno de los focos de atención principales en la boda de Carlos Fitz-James Stuart y Belén Corsini cuidó hasta el último detalle de su estilismo. A su espectacular vestido de Jan Taminiau en azul profundo, confeccionado en georgette de seda con mascarilla a conjunto, le añadió accesorios en dorado a juego con el cinturón bordado a mano que adornaba el diseño. Entre ellos destacaban las sandalias de tiras finas o el brazalete de ondas que llevó en la muñeca. Sin embargo, la pieza más especial de todas fueron sus pendientes, de la firma de joyería Albert Coll.

Se trata del modelo Titánides, que ronda los 300€, y cuyas piezas escultóricas están creadas en titanio con plata de ley y bañadas en oro de 18 quilates. Los pendientes combinan el oro con un esmaltado de un azul prácticamente igual al del vestido, lo que le confiere a la joya un aire art déco muy especial. Pertenecen a la colección Océano de la primavera-verano 2020, en la que las piezas esmaltadas son su sello de identidad.

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Todos los invitados a la boda de Carlos Fitz-James y Belén Corsini

Los pendientes tienen una historia que merece la pena ser contada. Todo empezó en 1947, cuando Albert, quien se define como “un joyero joven de 92 años afincado en Barcelona”, abrió su propia tienda con solo 29 años. Lo hizo después de trabajar para su padre, un maestro relojero del que aprendió importantes lecciones. Con 34 años tenía dos tiendas abiertas en Barcelona y la oportunidad en la mano de abrir otra en la neoyorquina Quinta Avenida, pero rechazó la oportunidad porque, decía, “no era su lugar”. Su primera obra fue una estructura conceptual que compró Pablo Picasso y Sofía de Habsburgo también llegó a lucir uno de sus diseños.

Durante sus años dorados, Coll ganó 12 premios nacionales gracias a sus creaciones y viajó de París hasta Japón exhibiendo sus piezas. La prensa le definía entonces como ‘kitsch’: diseñaba joyería conceptual, un valor que acaba de retomar, para volver a deleitar al público con sus creaciones. Estuvo tan ligado al arte que incluso pintó su casa, recibiendo comentarios de moderna, pero él confiesa que no sabe lo que significa ser moderno. Su otra pasión habría sido la de ser doctor, pero se decantó por la joyería. Tuvo 3 hijos y una sola hija, además de 7 nietos.

Cerró su negocio cuando la edad le impidió seguir a tiempo completo, pero nunca dejó de crear joyas. Y así fue como cautivó la creatividad de una de sus nietas. Fue Mireia, con quien siempre ha tenido una conexión especial, quien le impulsó a retomar su proyecto joyero. “Olvídate de ello, no se va a vender”, le respondió él cuando le propuso volver a sacar a la venta lo que para ella era un auténtico tesoro. “La colección GEA tiene una identidad muy fuerte, para la que no todo el mundo estaba preparado hace 50 años. Mi nieta cree que el momento es ahora”, explica Albert en su página web sobre cómo redescubrió su verdadera pasión. “Ahora hacemos lo mismo que solíamos hacer cuando ella era una niña, jugando con conceptos y con el arte por mi atelier, y yo era un poco más joven”. Ellos dicen tener una conexión especial desde siempre. El pasado 3 de mayo el joyero escribía: “Hoy es un día mágico. Hoy hace 64 años me casé con el amor de mi vida y hace 28 que Mireia llegó al mundo. Qué coincidencias más bonitas, ya estábamos conectados”.

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La pasión artística de Mireia, en cambio, tenía más que ver con el mundo del cine; estudió la carrera y se especializó en fotografía. Pero tampoco había dejado nunca de lado su pasión por las joyas y el interés por el arte de su abuelo. Cuando volvía del colegio, iba a dibujar a la tienda de Albert mientras que él diseñaba. Ella heredó sus habilidades sin haber estudiado nada relacionado con la joyería. “Es como si se hubiera metido en mi cabeza y hubiera cogido mis manos”, confiesa Albert sobre Mireia.

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Todas las piezas de la firma son creadas a mano por artesanos expertos ubicados en diferentes zonas de Barcelona, con la audacidad para crear formas que elevan la cotidianeidad y las ocasiones especiales, buscando siempre nuevos materiales y formas de expresar el alma de Coll. Cada pieza es única. “Estas joyas son un epítome de nuestro amor y representan un salto generacional, un símbolo para abrazar el resurgimiento entre generaciones con la misma visión”.

Ahora, revisitan sus raíces, su visión innovadora, que se inspira en la naturaleza y en la arquitectura más bellas. Pero además de arte conceptual, Albert siempre ha hecho objetos con valor sentimental para las mujeres de su familia, como los anillos con nombre, surgidos de su propia caligrafía. Todas las mujeres de la familia tienen uno.

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