Todas las maravillas que esconde Casa Carvajal: de residencia de embajadores a ‘madriguera’ de Carlos Saura

Si usted es un amante del cine de Carlos Saura pero un neófito en arquitectura quizá no sepa qué es la Casa Carvajal pero sí reconozca de inmediato el escenario de la película La Madriguera. Esta residencia, ubicada en la urbanización madrileña de Somosaguas, fue mucho más que un simple set de rodaje para el cineasta y su equipo, encabezado por Geraldine Chaplin, protagonista del filme y pareja y musa del director. “De hecho, este lugar da tanta personalidad a la peli que Saura la pone en los créditos como si fuese un personaje más”, explica Cristina Rodríguez de Acuña al hablar del pasado cinematográfico de Casa Carvajal, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura brutalista española de los sesenta y propiedad de su familia desde hace casi 25 años. Ahora, 50 años después de aquel rodaje, este “tesoro” alberga la producción de reportajes publicitarios y fotográficos, como la sesión que ilustró la portada de Jaydy Michel y Manuela Sánchez, hija de Alejandro Sanz, en el número de noviembre de Vanity Fair. Pero, por encima de todo, Casa Carvajal sigue siendo una residencia privada. “Se nos ha quedado un poco grande y hemos decidido venderla. Muchos nietos de mi madre le dicen que no lo haga, que se quieren casar ahí… [risas], pero bueno, en la vida hay que avanzar y adaptarse a cada situación , hemos vivido cosas muy bonitas aquí”, prosigue Rodríguez de Acuña. El precio de venta ronda los cuatro millones de euros.

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Cristina no ha olvidado el momento en el que entró en esta residencia cuya otras peculiaridades son que está construida en hormigón armado, que tiene una sola planta y que está inspirada en La Alhambra de Granada. “El primer día que nos quedamos a dormir nevó en Madrid. Hacía un frío horrible y la calefacción no funcionaba. La casa llevaba desocupada un tiempo y la naturaleza lo había invadido todo. Éramos ocho. Mis padres y mis seis cinco hermanos y la verdad que lo pasamos muy llevamos bien, con risas”, cuenta. La Casa Carvajal fue construida en 1968 por Javier Carvajal, uno de los arquitectos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. La concibió como su propia residencia. Vivió en ella diez años y luego la vendió a la embajada de Chile. Desde entonces, se convirtió en la residencia de varios embajadores del país latinoamericano durante otra década. Pero un día, la madre de Cristina, Covadonga Martínez, amante del arte, fue a visitar a Fernando R. Rodríguez de Acuña, su marido y padre de sus seis hijos, a la cercana facultad de Económicas de la Universidad Complutense de Madrid, donde él daba clases, y se enamoró de este sitio al descubrirla mientras daba un paseo. Tiempo más tarde, regresó y vio que estaba en venta. Ella y su marido decidieron comprarla.

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“Ellos no sabían que era un lugar tan importante. Lo supieron tiempo después de enamorarse. Es un lugar para crear y dónde encontrar tu parte auténtica, explica Cristina, quien entendió el arte de otro modo después de habitar la Casa Carvajal. “La mujer de Javier Carvajal, Blanca García Valdecasas, se hizo escritora famosa después de vivir ahí. Enrique Campos, embajador de Chile en España, fue Premio nacional de escritura en su país tiempo después de vivir ahí….”. Por su parte, Cristina, estratega comercial hotelera, decidió dedicarse a la fotografía tras el nacimiento de su primer hijo. Pero, al igual que sus anteriores inquilinos, Rodríguez de Acuña también ha escrito un libro. Recientemente ha visto la luz Miradas Cruzadas: La Casa Carvajal (Ediciones asimétricas, una obra que, según ella, trata de unir el pasado y el presente.

“Quise hablar de la mirada del arquitecto, más enfocada en el plano y en la materia, con el conocimiento de quien sabe construir, y mi mirada como habitante que es quien sigue dándole vida, con mis fotografías y textos, con el tiempo aquí de mi mano en la mirada del que lo habita, que es el que sigue dándole vida”, explica. El resultado es un libro que sirve para entender lo transformador de la arquitectura en Casa Carvajal “ellugarque vives es parte de tu piel y de tu memoria para siempre". Por cuatro millones de euros, también puede ser parte de su vida. "Ahora nuestro sueño es encontrar alguien que lo cuide y pueda disfrutarla como nosotros y sea muy feliz. Esta lujosa casa es además de una obra de arte, un maravilloso legado”, finaliza Cristina.

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