Ruth Beitia nos cuenta sus mejores recuerdos como atleta: un abrazo de oro, una medalla ‘robada’ y la música de Manolo García

Pegada a la televisión. Así está Ruth Beitia (42) desde que el pasado viernes arrancaran los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. “Por primera vez los estoy pudiendo disfrutar desde casa. El día de la inauguración brotaron dentro mí muchas sensaciones, sobre todo sabiendo que ya nunca más volveré a estar ahí como atleta. Cuando vi a Saúl Craviotto y Mireia Belmonte, que son unos perfectos abanderados, me emocioné y hasta solté una lagrimita, y además me encantó ver los dobles abanderamientos de hombre y mujer ”, cuenta con emoción la atleta a Vanity Fair. Porque ella se retiró en 2017 cuando lo había conseguido todo: disputó 31 finales en alta competición (tres olímpicas, 14 mundiales y 12 europeas, y ganó 16 medallas, sin duda, la más importante, el oro de Brasil 2016.

“Imagínate: un oro con 37 años y como broche de oro a una vida juntos con mi entrenador (Ramón Torralbo, con el que empezó a entrenar a los 11 años). Fue una felicidad total. Nunca pensamos que llegara el oro… pero la historia se escribe así y no la vamos a cambiar”, dice riendo. “Hubo un momento mágico cuando ya habíamos conseguido la medalla y entre la pista y la grada hay un foso bastante grande. Ahí había una plataforma de fotógrafos y lo que recuerdo es que dije: ‘¡A por él!’. Me quité las zapatillas, corrí al foso, empecé a trepar y el abrazo con Ramón fue el momento más bonito que recuerdo. Él me decía: ‘Te vas a matar’; y yo: ‘Ya me puedo morir tranquila’ (risas). Ese abrazo entre los dos, llorando, fue un momento precioso. Y recuerdo subir al podio con toda la ilusión y orgullo del mundo, ondear la bandera, que el himno sea para ti, que se pase toda tu vida deportiva por la mente en un segundo… Fue un gran orgullo tanto para Ramón, que estaba enfrente, como para mí”, recuerda.

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Esas fueron sus cuartas Olimpiadas. Primero estuvo en Atenas en 2004 donde cumplió el primero de sus sueños desde que con ocho años empezara a practicar atletismo. “No pude vivir la inauguración porque el atletismo era al final. Yo era superjovencita y los viví con muchísima intensidad y gané mucha experiencia. Llegar ahí es un sueño cumplido y hay que saber canalizar esas emociones. Ahora el deporte está mucho más profesionalizado, en aquel entonces lo éramos, pero yo no estuve al cien por cien. Además un mes antes me había hecho un esguince, pero quería estar e hice todo para recuperarme. Fui y no pasé a la final pero lo recuerdo con muchísimo cariño. Y el vivir y convivir con otros deportistas de tu selección, de otros deportes, de otras nacionalidades, algunos a los que veías por la tele… Esa convivencia entre todos es algo mágico”, nos explica.

Aunque reconoce que no es supersticiosa, sí que seguía siempre la misma rutina a la hora de competir y siempre escuchaba la misma música. “Nunca faltaba Manolo García, que es mi cantante favorito. Y luego un poco de todo, desde ópera hasta heavy, dependía del momento para relajarme, para activarme… Lo que recuerdo es que me lo pasaba fenomenal saltando y no era consciente de ciertos gestos como mover los dedos, chasquear los dedos atrás, hablar con el listón… Me lo pasaba tan bien que no era consciente ni de si estaba sonriendo. ¡Disfrutaba muchísimo compitiendo!”.

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Un bronce ‘robado’ y recuperado

Y llegaron sus terceros Juegos en Londres en 2012 y quedó cuarta. Pero siete años más tarde llegaba la respuesta a lo que ella y su entrenador sospechaban: la tercera clasificada, Svetlana Shkolina, era sancionada por dopaje y Ruth era confirmaba como bronce en los JJOO. “Tras la competición sí que lo sospechaba pero nunca dijimos nada porque no podíamos sembrar la sospecha, aunque la tuviéramos. Pero esta ‘cantaba la Marimorena’ (risas). Estaba clarísimo que en un momento u otro iba a dar positivo. Era una chica a la que yo le había ganado siempre y de repente empezó a saltar muchísimo, estuvo desaparecida todo el año, apareció en Rusia y luego en los Juegos con un cambio físico muy claro… Salir de la pista con un fantástico cuarto puesto y derrotada, es una sensación agridulce, la verdad”, cuenta. “Cuando nos lo dijeron reaccioné con alegría porque sabía que iba a llegar. Pero aún no tengo mi medalla porque ella ha hecho un recurso al Tribunal de Arbitraje. ¡Pero yo sé que es mía y que vendrá para España algún día!”, dice con entusiasmo.

Fue después de Londres cuando se retiró por primera vez. “Lo hice convencida. Empecé a patinar, hacía cosas, pero mi entrenador me dijo: “¿Por qué no te vienes un día al club y motivas al grupo?”. Y yo cada vez que pasaba por delante de la colchoneta me entraban unas cositas en el estómago que no eran ni medio normales (risas). Volví a saltar cinco meses después y en esa segunda oportunidad que me dio la vida, simplemente disfruté, cada día fue una oportunidad de demostrar y un regalo. Disfruté más que nunca”, señala. Y vaya si disfrutó… y ganó. Fue tres veces campeona de Europa, medalla de bronce en el Mundial, se hizo con dos Ligas de Diamante y el oro en Brasil.

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Considerada por muchos la Primera Dama del atletismo español y la mejor atleta española de la historia, Ruth Beitia fue pionera en muchos aspectos, como en ser la primera mujer en saltar por encima de los dos metros. “Me siento superquerida pero sí que es verdad que tenemos que seguir trabajando. Además creo que por ejemplo no se entiende el salto sin Ruth Beitia, la natación sin Mireia Belmonte o el bádminton sin Carolina Marín, pero sí que es verdad que hay equipos femeninos que están consiguiendo grandes resultados y no tienen la misma repercusión que lo que hace el equipo masculino. Hay un agravio comparativo importante. En Barcelona 92 el papel de la mujer se hizo más importante y se profesionalizaron mucho más. Luego los de Londres fueron llamados los Juegos de las mujeres y los medios se hicieron mucho eco y ahí empezó a tener el deporte femenino mucha más importancia. Me gustaría que un día se tratase a los deportistas como tal, independientemente de ser hombres o mujeres porque todos defendemos nuestra bandera y nuestro honor de la misma manera”, nos explica.

De la pista a las aulas

Y en 2017 llegó el momento de su retirada, esta vez definitiva. “Llegó un momento en el que no encontraba respuestas a mis preguntas. Fue un momento muy duro y ahí fue el momento de inflexión para decir ‘se acabó’. Tenía 38 años y he sido una privilegiada de vivir tantos años del deporte, de haberlo vivido como lo he vivido y me ha dado tanto que no le podía fallar. Mi cuerpo dijo ‘hasta aquí’ y se acabó. Pero feliz porque sigue siendo mi pasión. Además, la medalla de oro fue lo máximo a nivel deportivo, pero después en la última competición que hice en 2017 obtuve el trofeo del Fair Play en el mundial de Londres, en el estadio de los Juegos, y fue muy especial porque creo que ese fair play es lo que el deporte me ha enseñado como persona. Cuando decides que es hora de marcharte, es genial que siga siendo mi pasión y que lo siga viviendo de otro modo y disfrutándolo igual”, relata.

Eso sí, no ha dejado de entrenar, aunque sea a otro nivel y a día de hoy el deporte sigue formando parte de su día a día. “Ahora juego al pádel, patino, subo montañas, me encanta probar cosas nuevas y mantenerme bien. Como profesora de la universidad (da clases en la Europea del Atlántico) a veces tengo que hacer algún ejemplo a mis alumnos y queda mejor si estoy en forma (risas). A veces ellos me dicen que haga salto de altura y yo siempre les digo que jamás vi saltar a mi entrenador y les transmito que tienen que saber corregir y transmitirlo así (risas). Es verdad que me gusta todavía saltar de vez en cuando, pero más a tijera, no como antes. Es más, yo creo que ahora mismo… ¡no saltaba ni una tapia!", bromea.

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Ruth trabajó una etapa en política como diputada del PP en Cantabria, pero prefiere hablar de deporte y Juegos Olímpicos. Ahora le gusta madrugar, hacer deporte a primera hora y no parar hasta que llega la hora de acostarse. “Trabajo en la Federación Española de Atletismo llevando relaciones externas y protocolo. Cuando no hay competiciones, teletrabajo. Y luego voy dos días a la universidad a dar clases y ahora tenemos un proyecto que es el GoFit Athletics, un club de atletismo en el que soy vicepresidenta pero soy una más para ayudar a los chavales en su maduración hacia la élite. El presidente es Fermín Cacho y tratamos de acompañar a esos atletas en todos los niveles y pensando en que sigan formándose”. Estos días colabora con el Grupo Vocento comentando los Juegos de Tokio y cuando le pedimos que envíe un consejo a los deportistas que están en Japón ahora mismo, Ruth no duda en su respuesta: “Día D, hora H, es algo que no va a volver a ocurrir así que que disfruten al máximo y que dejen las inseguridades y nerviosismos en la villa y que cuando vayan a competir, disfruten muchísimo. Creo que ese es el secreto para dar el cien por cien”.

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