Rosa Escandell: "Las cosas primero las hago con el corazón y después les pongo la cabeza"

La voz de Rosa Escandell suena tranquila y pausada al otro lado del teléfono, justo antes de emprender un viaje a Kenia, uno de los muchos puntos del planeta en los que Rosa ha trabajado de manera incansable para ayudar, gracias al emprendimiento social, a quienes más lo necesitan. Su voz es, quizás, el resultado de quien tiene la mochila llena de vivencias, casi siempre muy duras, y cada una de sus frases deja un eco de sabiduría.

Es la voz de una trabajadora incansable, cuyo mejor consejo se resume en tres palabras: “pico y pala, donde estés, de la manera que puedas, haz algo positivo que suponga cambio”. Gracias a sus proyectos, muchas personas tienen ahora una vida mejor. Ella misma nos cuenta el camino de una joven que dejó un puesto importante en un banco y que hoy puede estar más que orgullosa del camino recorrido y de ser una referencia en el mundo de la cooperación.

¿Siempre habías tenido interés por las personas desfavorecidas y en riesgo de exclusión o puedes marcar un punto vital en el que ese interés se despierta en ti?

Hay cosas que me han interesado desde que tengo uso de razón, una es el emprendimiento. El mundo de la empresa me encanta. Cuando me di cuenta de que era incapaz de utilizar el emprendimiento para beneficio personal fue cuando dije ‘vale, me encantaría ayudar a personas que tengan dificultad’. Quiero poner mi valor y mi conocimiento al servicio de gente que lo necesite. La erradicación de la pobreza la asocio mucho al empleo. Todos mis esfuerzos y programas van encaminados a crear opciones de empleo y dar un vuelco, mejorar la situación de las personas desde ahí.

¿En qué momento de tu vida decides dejarlo todo para pasar a la acción y ayudar a la gente que más lo necesita?

Fue en el banco. Fui la primera mujer en Banesto en ser directora de zona del departamento extranjero, era un banco antiguo con gente mayor y yo tenía veintipocos. Ahí decidí que quería gestionar el dinero de los desfavorecidos y no de la gente que tenía riqueza. No tenía claro donde irme pero me surgió la oportunidad de trabajar en microcréditos e irme a Bangladesh con Muhammad Yunus. Dejé todo lo que tenía aquí para marcharme fuera y empezar ese camino.

¿Cuál fue tu primer proyecto allí?

Estaba trabajando con la campaña mundial de microcréditos. Aparte de conocer el microcrédito, empecé a desarrollar proyectos en Asia y América Latina y allí conocí a Bibi Russell, Embajadora de Buena Voluntad de la ONU, fue top model y en un momento dado estudió en Londres y volvió a su país para aportar diseño a la industria. Con Yunus aprendí que el microcrédito era una herramienta de erradicación de la pobreza muy buena, pero si no había comercialización, solo se quedaba en comercios locales y la gente no salía de la situación. Bibi Russell me aportó esa visión.

Durante muchos años has viajado por el mundo trabajando en cooperación. ¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que has adquirido durante esos años?

Una nunca deja de aprender, creo que estamos aprendiendo todo el tiempo, pero hubo una cosa importante y es que tuve la oportunidad de trabajar la pobreza desde la riqueza. Ahora he vuelto al trabajo de campo pero sé que las cosas se hacen desde arriba, entendí las corporaciones y las inquietudes de los empresarios.

A Puntadas te trajo de regreso a España. ¿Tenías necesidad de regresar, cómo surge el proyecto?

Soy una persona emprendedora y me encanta la gestión y los negocios. Con lo que aprendí viendo la comercialización de Bibi Russell, que hizo moda para el desarrollo, quería profesionalizar el sector social. Me encontré con que era, permíteme la expresión, un poco cutre. Siempre he entendido que se puede ser rentable y socialmente responsable. Trabajo con gente que, aparte de la exclusión por violencia de género o por ser inmigrante, tienen encima el hecho de haber estado en una prisión. La parte de exclusión que trabajamos es la enfermedad mental severa, intentamos llegar a colectivos difíciles que no dan tan buenos resultados inmediatos pero intentamos intervenir en las personas y llegar a un resultado final con un empleo de calidad y estable que no les haga volver a la situación anterior.

¿Cómo es una jornada en A Puntadas?

A Puntadas es como cualquier empresa de confección textil, el funcionamiento es igual… con la única diferencia de que tiene una insertora laboral que hace el acompañamiento a las personas en exclusión que conforman la empresa, el 50% de la empresa por ley tiene que ser de exclusión, nosotros llegamos al 70-80%. Ser una empresa social es un plus pero no interfiere en las ventas, nuestros clientes no vienen porque somos una empresa social, tenemos que competir en precios. Tenemos otros elementos como la proximidad, que ahora se valora. Pero tenemos que innovar, crear y competir como cualquier otro. A Puntadas es el último paso de un proceso que empieza en PRM, el programa de reinserción de mujeres. PRM selecciona personas con dificultad, las forma en confección textil y es una agencia de colocación homologada que si no pueden venir a A Puntadas les busca trabajo. También es un centro de formación. Es importante que las personas tengan formación homologada y formamos en cinco sectores del textil.

En Kenia también estáis presentes. ¿Vivir en una comunidad maasai te ha cambiado la vida? ¿Cómo fue esa experiencia?

Absolutamente. ADCAM empieza en 2005, es un proyecto muy personal que arranqué con mis propios recursos económicos. Empecé viviendo con ellos, en una tienda pequeñita, conociéndoles y viendo sus necesidades. Toda la fuerza para crear PRM y A Puntadas me la ha dado este proyecto. Porque hay un contacto con la naturaleza brutal que a ellos les hace ser especiales, ellos me han enseñado lo que es la presencia, vivir el momento, y la aceptación sin conformismo. Esas son para mí las claves de la felicidad y de tener un equilibrio.

¿Cuál es la tarea más difícil cuando asumes un nuevo proyecto?

Parece que lo difícil son los usuarios o el entorno, porque vivir en la sabana no es fácil, bebiendo agua del río y sin comida, pero lo que más cuesta es ese proceso para que la Administración te deje funcionar. No digo que te den dotación o dinero, sino poder funcionar. Cuando empiezas solo tienes una idea y es difícil que alguien apueste y te ayude. Es como cualquier emprendedor en cualquier otra actividad.

¿Cómo es el proyecto en Kenia?

Nace de la inquietud de un maasai que dedicó su vida a llevar educación a su comunidad. Michael Jordan tiene un programa de becas en Kenia, y William fue seleccionado por él para irse a estudiar a EE. UU. y dijo que no porque quería montar una escuela en su país. Empezamos con una escuela primaria en plena sabana y un parvulario. Él también estaba haciendo un trabajo de empoderamiento de la mujer en la cultura maasai, donde ella no tiene propiedades ni voz ni voto. Su historia es especial: su madre vendió una vaca para que él pudiera ir al colegio. Hacía 25 kilómetros caminando y no tenía zapatos ni lápices, y entendió que si las mujeres tuvieran propiedades les iría mejor a las familias. Como ocurrió con su madre.

Además de la escuela, quise comercializar su artesanía, que es inspiración para muchos. Así que contacté con Pikolinos y les propuse hacer una colección con ellos, y llevamos seis años haciendo estas colecciones que ellos venden a nivel mundial y generan empleo en la comunidad maasai. La sostenibilidad económica también me obsesiona, y él era guía de National Geographic, así que hicimos un campamento para que la gente viniera a hacer safaris y los beneficios sirven para mantener la escuela y que ellos tengan trabajo. El siguiente paso en Kenia es crear un master de Turismo, ellos quieren vivir allí y necesitan trabajo. Es un máster para niñas para que puedan aprender los distintos puestos de un hotel, que es lo único que existe en el Maasai Mara, y puedan tener empleo.

¿Qué situación de todas las que has vivido te ha generado más impotencia o te ha servido de espoleta para seguir luchando por el cambio?

Soy muy afortunada porque hay mucha gente en el mundo haciendo muchas cosas y no llegan a tener tanto éxito, me refiero a proyectos que se sostengan y sigan existiendo. A mí me ha ayudado mucho la visión empresarial, pero esto es complejo, yo he dedicado mi vida y he tenido equipos maravillosos, pero te desmoralizas y caes muchas veces. Yo me sigo entusiasmando cada día y me sigo creyendo lo que hago.

¿Cómo consigues relativizar y asumir todo lo que vives y que el estrés emocional ante las duras situaciones que tienes que ver no te arrastre?

Una de las cosas que ha tenido la pandemia es que la he llevado de manera diferente porque yo llevo casi 30 años de crisis, de alguna manera te proteges o inmunizas. Yo soy una profesional de mi trabajo, tienes que tener una vocación y una forma de ser para poderlo llevar. Eliges cosas duras, y la responsabilidad es enorme porque muchas personas dependen de ti, yo lo gestiono desde ser profesional de mi trabajo. La única cosa que me ha costado muchísimo es que al final hay una parte de toma de decisiones que es tuya y que he llevado en soledad. Soy el capitán de este barco, llevo adelante mi idea, pero cuando llegan las complicaciones decides tú sobre personas que tienen problemas y dificultad, y es complejo. Pero los proyectos están por encima de todo, incluso de mi soledad, dificultad o estrés.

¿Te reconoces en la persona que eras antes de poner en marcha todos estos proyectos o la huella que te han dejado te ha hecho diferente?

Soy la misma. A veces echo la vista atrás y repaso los proyectos y me he desviado muy poco de lo que un día escribí y puse sobre el papel. El entusiasmo, la inquietud y el fin es el mismo que cuando empecé. Soy la misma y no he perdido ilusión. Es una ventaja, y muy importante, siempre digo que las cosas primero las hago con el corazón y después les pongo la cabeza.

¿Cuál es el sueño que te gustaría leer en alguna portada de periódico dentro de unos años?

Me preocupa mucho el medioambiente y el planeta, lo que pasa con el cambio climático. A estas alturas me digo ‘Rosa, cómo es posible que le hayas dedicado tu vida a las personas cuando a ti en realidad lo que más te importa es el planeta y los animales’. Me encantaría que se hiciera ese cambio y que no desaparezcan cosas tan impresionantes como las que yo he visto. Ojalá haya una transformación a nivel mundial respecto a esa naturaleza que es lo que nos va a hacer sobrevivir.


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