Muchas bodas y un funeral (amoroso): cómo la boda de Kenneth Branagh y Emma Thompson llevó a Helena Boham-Carter a casarse con un escritor noruego

Talentosos, atractivos, populares y con un futuro brillante ante ellos. Cuando el 20 de agosto de 1989 Kenneth Branagh y Emma Thompson se casaron, congregaron no solo a un nutrido plantel de sus amigos, actores famosos como ellos, sino el interés de la prensa del corazón, que les encumbró como pareja de moda y uno de sus objetivos prioritarios. "Fue una locura", recordaría él años después. "Como la cobertura de nuestra boda, era la temporada de tonterías de agosto y no había nada más sobre lo que escribir, así que los periódicos escribieron sobre nuestra boda. Em y yo nunca buscamos la publicidad, pero llegó".

"Ken y Em", rebautizados ya no como individuos sino como pareja, pasaron pronto a significar prestigio, cultura, el cine como una expresión de arte y no solo como vehículo para ingerir palomitas, pero sin excluir esta posibilidad. No eran arte y ensayo, sino cine de calidad para público adulto capaz de hacer rentables películas complejas y a la vez entretenidas. O al menos, lo intentaban. De igual modo, parecían encarnar ala pareja perfecta, armónica y bien sincronizada. O al menos, lo intentaban.

Los actores se habían conocido pocos años antes, protagonizando Fortunes of war, estrenada en el 87, exactamente el tipo de miniserie de prestigio de la BBC sobre una base literaria y ambientada en la segunda guerra mundial que uno puede imaginarse. Que hubiesen iniciado un romance actuando no era casualidad. Ya antes de conocer a Emma, Branagh, según declaraciones de un amigo indiscreto a US Magazine en el 94, "tenía la costumbre de enamorarse de cada una de sus protagonistas". De ahí sus aventuras cortas pero intensas con colegas como Katy Behean, en su época de estudiante de la Real Academia de Arte Dramático, y más significativamente, con Joely Richardson, que suponía salir con toda la carga genética británica.

Como hija de Vanessa Redgrave y Tony Richardson, nieta y sobrina de ilustres actores, hermana de Natasha Richardson y futura cuñada de Liam Neeson, la predisposición vocacional de Joely por la interpretación estaba garantizada. En cualquier caso, lo suyo con Kenneth no duró demasiado, y éste pudo seguir acrecentando su fama donjuanesca. Un tanto incómodo, declararía él años después. "Eso fue lo que se podría llamar mi… fase de pícaro. Creo que tuvo algo que ver con el ritmo al que estaba trabajando. Las cosas tendían a suceder de manera bastante concentrada e intensa. Uno atravesaba las emociones y la intensidad de una manera diferente. Creo que trabajar tan duro da excusas para ser más pícaro de lo que uno hubiera deseado ser". Y concluía modoso: "Fue Emma quien trajo sabiduría, comprensión y paz y se convirtió en el centro de mi vida".

Puede que con contase con la fama de los apellidos Richardson y Redgrave, pero a Emma no le faltaba tradición en el mundillo. Su padre Eric había sido un popular actor y presentador de televisión, y su madre era nada menos que la respetada actriz escocesa Phyllida Law. Con la endogamia habitual en estos casos, su hermana pequeña, Sophie, también se convertiría en una popular actriz por salir en (precisamente) Cuatro bodas y un funeral, en varias adaptaciones literarias al cine, en el culebrón EastEnders y curtirse mucho en el teatro. Si el destino de Emma parecía estar rodeada de actores, su estancia en Cambridge para estudiar literatura inglesa lo certificó. En Footlights, el legendario grupo de teatro cómico de la universidad, conoció al que sería su íntimo amigo Stephen Fry y a su novio de aquellos años, Hugh Laurie. El futuro Doctor House (entre otras muchas cosas) sería definido por Emma como "tan adorable. Es una de esas raras personas que logra ser lúgubremente sexy, como una anguila bien dotada". Pese a esta curiosa definición y a que ella le dejó por un mimo, siguieron siendo amigos íntimos (ella le entrevistaría en Interview, por ejemplo), lo que facilitó la armonía del club teatral que daría paso al show de sketches Alfresco, en Granada televisión. A partir de ahí, el camino al éxito fue ascendente.

Cuando coincidió con Kenneth en Fortunes of war, el irlandés –cuya familia protestante tuvo que emigrar a Inglaterra para huir del conflicto de Irlanda del norte– llevaba tiempo destacando en lo que parecía su elemento natural: las tablas. Pero no tenía solo ambiciones como actor, sino que anhelaba dirigir y tener su propia compañía teatral, con la que levantar producciones y adaptaciones de Shakespeare –la piedra de toque inapelable del teatro en inglés– que tantopodrían ser en teatro como en cine. Ambos supieron ver el talento y las posibilidades –amén del elegante atractivo– del otro. Según escribe Samuel Crowl en The Films of Kenneth Branagh, fue ella la que "galvanizó su pensamiento sobre el Renacimiento y le animó a asumir los riesgos para convertir su idea en realidad", todo mientras se enamoraban durante el largo rodaje –un año– de la serie.

El éxito de la ficción y de las carreras de ambos ayudó a que Branagh lograse sacar adelante Enrique V, una adaptación de la versión teatral que él había protagonizado con gran éxito en los escenarios. Y junto a él estaba su pareja, la brillante Emma. La película se estrenó en 1989, un año redondo para ambos, poco después de su sonada boda. Aquel día de agosto se congregaron en Cliveden House, el impresionante escenario de varios episodios de la historia del país –algunos tan escandalosos como el Caso Profumo–, ilustres familiares y amigos como su padrino Brian Blessed, Stephen Fry, Hugh Laurie y Judi Dench. Fue muy publicitado que la ceremonia había costado 30.000 libras y había implicado contratar seguridad. Si la boda acaparó portadas en los tabloides fue también en parte porque Emma lucía un vestido imposible o adorable, pero desde luego memorable, que cambiaba el blanco roto o el marfil por telas estampadas de tapicería y un britaniquísimo tocado. Parecían dos personajes secundarios de Cuatro bodas y un funeral: excéntricos, despreocupados y felices.

Cuando poco después se estrenó Enrique V con excelentes críticas y la película para televisión Look Back in Anger, donde les dirigía Judi Dench, Ken y Em pasaron a ser "los nuevos Laurence Olivier y Vivien Leigh". Pero si a "los fabuloso Olivier" les persiguió la desdicha, los complejos y la enfermedad mental de Vivien, la nueva pareja dorada del cine británico parecía mucho más terrenal y menos dramática.

Emma describía a Kenneth como "parece un fontanero", aunque el hecho de que él publicase su autobiografía antes de cumplir los 30 años da una idea de que su ego iba mucho más allá de la imagen relajada que trasmitían, y no se sentía tan lejos de los Olivier o Burton que habían sentado cátedra con sus adaptaciones de Shakespeare. Y como les había ocurrido a sus ilustres predecesores, Hollywood no tardó en hacerles ojitos. Como escribe Juan Sanguino, "en el Reino Unido eran de la familia, en Estados Unidos, un matrimonio que aportaba intelectualidad artística a Hollywood".

Sobre aquella etapa a principios de los 90 en la que se mudaron a Los Ángeles para rodar Morir todavía –la segunda película dirigida por Kenneth, protagonizada por ambos–, recordaría Emma: "Fue una época tremendamente emocionante. Mi marido y yo éramos muy felices. Teníamos una hermosa casita con piscina y nuestros propios coches. Ambos estábamos a dieta; teníamos que ser delgados y no lo éramos por naturaleza. Recuerdo haber tomado mucha comida dietética. Robin Williams y yo nos reíamos mucho".

La carrera de Kenneth como director y actor continuaba firme junto a su esposa en Los amigos de Peter (que se podría haber titulado Los amigos de Emma) y sobre todo en Mucho ruido y pocas nueces, otra adaptación Shakesperiana digerible para el público americano estrenada en el 93. Pero es que la de ella volaba sola, sin necesidad de su apoyo para brillar en proyectos interesantes. En el 93 Emma recibió un Oscar por protagonizar Regreso a Howards End, y al año siguiente obtuvo una doble nominación como actriz principal y de reparto por Lo que queda del día y En el nombre del padre. Ken y Em estaban en la cima del mundo.

No faltaban las críticas, como la de aquellos que les tildaban de torpes remedos de los atractivos y misteriosos Vivien Leigh y Olivier o Liz Taylor y Richard Burton o los que aseguraban, como recogía US Magazine en el 94,que eran "faranduleros de la alta sociedad que llaman a todo el mundo ‘cariño". Su amigo y padrino de boda Blessed argumentaba: "Seguramente es solo una reacción de celos. Los británicos no pueden soportar a los jóvenes exitosos". No faltaban críticas más dañinas, como la del siempre insidioso Daily Mail que afirmaba que existían infidelidades por ambos lados y que Ken en particular era "aparentemente incapaz de permanecer fiel. Una coprotagonista incluso amenazó con golpearlo si no dejaba de proponerle proposiciones. Las cosas estaban tan mal que se ha dicho él y la señorita Thompson hablaron sobre acudir a terapia para ayudarlo a curarlo del hábito de enamorarse en el set".

Las afirmaciones del tabloide no han sido confirmadas, pero escondían parte de verdad visto lo que sucedió a continuación. Mientras Thompson rodaba Junior con Arnold Schwarzenegger y Danny DeVito, Branagh trabajaba en Frankenstein "de Mary Shelley" (como Drácula de Coppola había recibido la coda “de Bram Stoker” un par de años antes) junto a otro emblema de esa exportación inglesa de los 90 capaz de triunfar a escala mundial: Helena Bonham Carter. Y ahí las cosas se torcieron, o lo hicieron de forma definitiva.

De familia ilustre, con un aire de tacita de porcelana, bregada en mil adaptaciones literarias de qualité de Merchant y Ivory y mal peinada como solo puede estarlo la clase alta de ese país, el cine y el público de todo el planeta acogieron a Helena como la perfecta encarnación de lo británico. Sin embargo, pese a responder al cliché de una dama decimonónica arrancada de un daguerrotipo y trasladada a nuestros días, con su bisabuelo primer ministro y demás señales de pedigrí, la propia Helena matizaba en una entrevista en Estados Unidos: "No somos tan pijos.Hay una idea errónea aquí de que soy muy aristocrática, pero no lo soy. No tenemos casa de campo, no tenemos sangre azul. Otro concepto erróneo sobre mí es que soy terriblemente inglesa. Pero mi madre (la psicoterapeuta Elena Propper de Callejón) es franco-españolay, de hecho, me parezco a ella, y sin embargo la prensa británica me ha llamado decididamente "rosa inglesa", aunque no tengo los ojos azules ni el pelo rubio. Solo soy un 50% anglosajona, pero supongo que mi nombre los ha cegado. Suena tan inglés".

La no del todo Helena y el en realidad irlandés Kenneth se conocieron en el 88 participando en una lectura de poesía a bordo de un barco por el Támesis. Volvieron a coincidir cuando Helena y Emma Thompson interpretaron a las hermanas protagonistas en Regreso a Howards End, aunque según la propia Helena contaría a Los Angeles Times, "nunca nos sentamos y tuvimos una conversación adecuada. Cuando fui a la entrevista para Frankenstein, todo fue muy, "Oh, amo tu trabajo" y "Sí, yo amo el tuyo", y eso fue todo".

Lo cierto es que el proceso fue un poco más complejo. En un primer momento, Helena era reacia a aceptar el papel de Elizabeth en la historia adaptada, dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh: "para empezar, obviamente, era otro papel de época. He hecho demasiados papeles de época. Al menos en E.M. Foster suelen ser las partes centrales y más fuertes que los personajes de los hombres. Pero en una historia de terror gótica tienden a ser pasivos y más bien como la típica damisela en apuros. No hacen cosas interesantes, como crear monstruos, ya sabes". Branagh la convenció con un argumento inapelable: contemplar a la Elizabeth de la película y la novela como un trasunto de Mary Shelley, la autora.

"Era una mujer extraordinaria, que se fugó a los 16 años con un hombre casado y con dos hijos", desarrollaba él. "A los 19 había escrito este cuento de pesadilla, estaba casada con una superestrella –el poeta Percy B. Shelley–, perdió hijos en el parto, su madre murió al dar a luz; estaba obsesionada por todas estas imágenes. Y ella era igual a Percy Shelley intelectualmente. Así que esa era mi idea, traer a Mary Shelley a bordo, tener una pareja igual a Victor Frankenstein que le brinde una alternativa a su obsesión: trabajo versus hogar, ambición versus amor".

La dicotomía trabajo versus hogar en el caso de Branagh se produjo con gran confusión, porque su hogar saltó por los aires cuando inició una relación con Helena. Los rumores arreciaron ya durante el rodaje, aunque desconocemos las circunstancias exactas en las que se desenvolvió su affaire. En una entrevista de W magazine en diciembre del 96, afirmaban: "Branagh insiste en que la ruptura de su matrimonio no fue culpa de nadie y que no hubo otros involucrados en ese momento. Thompson ha estado de acuerdo, admitiendo en entrevistas que los problemas de la pareja comenzaron tres años antes de que se separaran". Sin embargo, de forma oficial, seguían siendo un matrimonio.

En enero del 95, Emma ingresó dos semanas por agotamiento en una clínica de Surrey, Grayshott Hall. Su marido fue a visitarla solo en una ocasión, y según recogería People, Emma le comentó a otro paciente: "No tendría que haberse molestado. Solo quiero dormir". La revista también indicaba que en mayo de ese mismo año, mientras promocionaba la película Carrington en Cannes, Emma ya tenía otra pareja, el actor Greg Wise.

La confirmación de la ruptura llegó en otoño del 95: "Es con gran tristeza que hemos decidido separarnos", rezaba el comunicado. "Nuestro trabajo inevitablemente nos ha llevado a pasar largos períodos alejados unos de otros y, como resultado, nos hemos distanciado". Al día siguiente, 30 de septiembre, el tabloide News of the world publicó unas fotos de Emma saliendo de buena mañana de la casa de Wise, donde había pasado la noche. People señalaba que después, ya desde su casa –que había sido también la de Kenneth– en el barrio de West Hampstead, Thompson compareció ante la prensa, superada por la situación, declarándose "bastante nerviosa y cansada". "Dios, no me preguntéis", rogó a los periodistas. "Ni siquiera puedo encadenar una frase completa".

Se especuló mucho sobre los motivos de la ruptura; se dijo que ella le había puesto los cuernos y que ella deseaba tener hijos pero él no –Emma había dicho en una ocasión que los espermatozoides de su marido eran "perezosos". También se mencionaron posibles celos profesionales: "pueden haber sido víctimas de los caprichos de Hollywood. Podría decirse que su estrella ha eclipsado a la de él", argumentaba People, querecordaba que ella había ganado el Oscar en el 93 por Regreso a Howards End y había estado nominada dos veces al año siguiente, por Lo que queda del día y En el nombre del padre. Sin embargo, "los recientes esfuerzos de Branagh, por otro lado, incluyen dirigir y protagonizar el fracaso de 40 millones Frankenstein, de Mary Shelley". Porque para desgracia de los implicados, Frankenstein fue en efecto un bluff de crítica y público. En W Magazine escribían sobre Branagh: "Abundaban las historias de que el fracaso de Frankenstein lo había convertido en un egoísta gruñón que culpaba a todos menos a sí mismo. También se dijo que estaba cada vez más celoso del éxito de Thompson, quien casi al mismo tiempo ganó un premio de la Academia por su papel en Howards End y otro Oscar a la mejor adaptación de guion por Sentido y sensibilidad".

Lo que parece confirmar que la relación de Kenneth y Helena se solapó con el matrimonio con Emma son las propias declaraciones de ésta a tenor de su papel en Love Actually, casi una década después. Su personaje en la película descubre que su marido le está poniendo los cuernos cuando recibe como regalo de navidad un disco de Joni Mitchell en vez del colgante en forma de corazón que había encontrado envuelto por casualidad días antes. En 2012 declaró al Times en 2012, en referencia a la canción de la artista que suena en la emotiva escena: "He tenido mucha práctica en eso de llorar en la habitación y luego tener que salir y parecer contenta, recomponiendo las piezas de mi corazón y guardándolas en un cajón".

"A mí en concreto Kenneth Branaght me dejó el corazón destrozado", afirmó en más ocasiones. “Así que sabía muy bien lo que se siente cuando descubres que el collar que tu marido ha comprado para regalar en Navidad no es para ti. Bueno, eso no es exactamente lo que me pasó, pero a eso me refiero cuando digo que todos hemos pasado por esto". (En el mismo acto hablaba sobre el #metoo, relatando que había tenido que enfrentarse a numerosos hombres que intentaron propasarse a lo largo de su carrera, y que en la fiesta por su octavo cumpleaños, el mago de 45 años contratado por sus padres para divertir a los niños la había obligado a besarle. Añadió más detalles sobre el abuso sufrido poco después en una entrevista.

Con el corazón roto, la siguiente página llegó para Emma en forma de otra película, Sentido y sensibilidad. Y no fue un proyecto casual, sino que surgió gracias a su propio empeño, empezando porque ella misma adaptó la novela de Jane Austen del mismo modo en el que su reciente exmarido había adaptado obras de Shakespeare. Y lo hizo salvando algún contratiempo: durante el proceso de escritura, a Emma se le estropeó el ordenador con el borrador del guion muy avanzado dentro. Tuvo que pedir ayuda a su viejo amigo Stephen Fry –por lo visto ducho en estos temas–, que tras largas horas trabajando, logró recuperar el archivo. Mereció la pena.

En la fiebre por Jane Austen que resurge cada poco tiempo como el Guadiana, 1995 fue un año clave. Aunque había habido muchas adaptaciones previas, la de Orgullo y prejuicio de la BBC de aquella fecha levantó unos ardores con pocos precedentes en el país, e incluso inspiró a Helen Fielding a crear su adaptación moderna de Bridget Jones, que logró además que el Colin Firth que había interpretado a Mr. Darcy en la serie, hiciese también de su Mark Darcy –en la película posterior–. Clueless, Fuera de onda, con Alicia Silverstone, demostró que los clásicos, como Emma, funcionaban en cualquier contexto y época, y el Sentido y sensibilidad escrito por la Thompson (su guion mereció un Oscar y un Globo de Oro por el que dio uno de los mejores discursos de aceptación posibles) y dirigido por Ang Lee fue el tercer punto de la fundación del austenismo contemporáneo.

Así explicaba ella a Parade cómo decidieron que él fuera el director: "Ang Lee, un ser humano increíble al que amo, había hecho una película increíble, Comer, beber, amar. Hay una frase en esa película que es exactamente igual a una que había escrito yo en el guion de Sentido y sensibilidad, una hermana hablando con otra hermana: "¿Qué sabes de mi corazón?". Por esa razón la productora Lindsay Doran dijo: "Creo que es el director adecuado". Él dijo que le encantaría hacerlo, aunque en realidad no hablaba mucho inglés. Me sentía infeliz a principios de año, y mientras filmamos comencé a revivir de nuevo. Y luego Greg me rescató de esa depresión de muchas maneras. Sentido y sensibilidad fue una de las películas más felices que cualquiera de nosotros haya hecho".

Ese "me sentía infeliz" es obvio a qué se refiere; Greg es Greg Wise, actor prolífico en películas y series de televisión británicas, que interpretaba a Willoughby en la película. El encuentro tuvo sus enredos parejiles dignos de la propia Austen: poco antes de rodar la película, Greg fue a ver a una amiga que era "un poco brujita", que le profetizó que conocería a su futura pareja rodando la película. Pero como señalaría Emma con humor "Dio por sentado que no sería yo porque estaba casada y era un poco más vieja que yo, así que pensó que debía de ser Kate" (Winslet, hermana de Emma en el film). Greg llevó a Kate a Glastonbury, la cosa no fluía y ambos se aburrían, así que fue la propia Winslet la que dio la idea que él saliese con Emma. Así lo contaría él a The Express: "Ella sugirió que éramos perfectos el uno para el otro y me dijo que el matrimonio de Emma se había acabado. Todo estaba destinado a suceder, justo como mi amiga Helen me había predicho".

Mientras, Kenneth y Helena negaban su obvia relación, pese a que los paparazzis les captasen dándose un beso en la calle o paseando juntos. En el 96, Kenneth eludía el tema ante W: "El viejo tema de la vida privada es tan privado como siempre. Honestamente, en este momento no tengo una. Estoy terminando Hamlet, organizando una gala benéfica para Paul Newman y comencé una película a principios de o2ctubre, así que cuando tenga la oportunidad de tener una, te lo haré saber". Por fin acabaron por rendirse a la evidencia y reconocieron en el 97 por supuesto que estamos juntos, y es muy agradable, gracias". Ese mismo año se anunció que "por fin" ella dejaba la casa de sus padres ya bien entrada la adultez para irse a vivir con él, pero años después ella comentaría socarrona a Hadley Freeman: “Oh, Ken. Realmente no viví con Ken. ¿Trabajé con Ken? No puedo recordar nada, aunque hay una razón por la que los recuerdos desaparecen".

En el mes de septiembre del 99 lanzó un comunicado, cómo no, en el que, tras cinco años de relación, declaraban que habían roto, que la decisión había sido mutua y sin terceras personas implicadas, aunque se habló de un romance de la actriz con Rufus Sewell (ex a su vez de Kate Winslet). Sí está confirmada su breve relación con Steve Martin, con el protagonizó Novocaina en el año 2000. La diferencia de edad de dos décadas entre ambos pareció suficiente para que Helena abandonase al cómico, que se quedó destrozado.

En 2001 la actriz inició un romance con Tim Burton; por supuesto, también se conocieron en una película, una bastante distinta de la adaptación de Frankenstein, aunque también implicaba varias capas de maquillaje: el reboot de El planeta de los simios. Ella contaría sobre su inicial conexión con Burton: "Cuando me entrevistó para la primera película que hicimos juntos y le dije que vivía en Hampstead Heath me soltó: ‘¡No me digas! ¡Es el único sitio al que me he sentido unido en mi vida!’. Así que esa es la razón por la que se vino a vivir aquí".

La otra razón, por supuesto, es que se convirtieron en pareja. Y de nuevo había una tercera persona en discordia, en este caso Lisa Marie, pareja de Burton desde años atrás y actriz en sus películas, como Ed Wood o Mars Attack. Muy disgustada de que tras verse implicada en otro triángulo amoroso y que la prensa la etiquetase como una "rompe-matrimonios en serie", Helena declararía: "Se vuelve frustrante porque conozco la historia y conozco la verdad. Es muy doloroso".

Lisa Marie quedó muy dolida por la situación y le reclamó a Burton una alta pensión compensatoria por su relación. Al año siguiente sería la modelo y actriz sería vista en las playas del Caribe retozando desnuda junto a su entonces pareja Jeff Goldblum. Mientras, Burton y Helena se convertían en la pareja de oro –con la etiqueta de raritos, pero de oro– de Hollywood. Él hizo que ella protagonizara algunas de sus películas más exitosas –y también más discutidas–. Tuvieron dos hijos, y tras trece años de relación, rompieron en términos lo bastante amistosos como para que ambos vivan a poca distancia y se relacionen con frecuencia por sus hijos.

Helena Bonham-Carter sale ahora con el escritor noruego Rye Dag Holmboe, dos décadas menor que ella. Se conocieron, como contaba a Smoda, "en la boda [dice boda en español] de un primo a la que no pensaba ir porque mi madre no se encontraba muy bien, así que fue todo muy inesperado. Nos presentaron y empezamos una conversación que ya nunca se detuvo. Nos enamoramos de nuestras formas de pensar respectivas. Es muy extraño, porque a pesar de nuestra diferencia de edad, nuestra compatibilidad es alucinante". Su carrera post Burton ha seguido siendo tan prolífica como cuando estaba con él, con el papel de princesa Margarita en The Crown como su personaje más popular en los últimos años.

Emma Thompson, por su parte, tampoco ha parado de trabajar, sea en adaptaciones literarias infantiles, adultas, series de televisión, secuelas o productos Disney. Greg Wise, tras ocho años de relación, se convirtió en su segundo marido en 2003. Celebraron una boda en el pequeño pueblo de Dunoon, con su hija Gaia de tres años en brazos posando para las fotos. En esta ocasión Emma sí lució un vestido blanco clásico bien distinto del compendio en tonos rosa de su primera ceremonia; fue Greg el que acaparó más miradas luciendo el tradicional kilt escocés. "Para mí esto es el paraíso, ha sido un día maravilloso", declaró Emma antes de añadir: "Tenemos que entrar; Greg no lleva puestos calzoncillos".

Años después, Emma contaría que después de tener a su hija Gaia en el 99, había sufrido dos abortos y no fue capaz de concebir más, lo que le produjo mucho dolor y desesperación. Sin embargo, el matrimonio acabaría adoptando de manera informal al adolescente Tindyebwa Agaba, un antiguo niño soldado secuestrado a los 10 años en Ruanda. A través de un ONG le conocieron en la época en la que el niño dormía en la calle, y a los 16 años Tindy encontró un nuevo hogar y una familia. Gracias al apoyo de Wise y Thompson y sus propios esfuerzos, se licenció en ciencias políticas y trabaja en zonas de guerra y ayudando a la policía metropolitana de Londres con refugiados como lo fue él.

La carrera de Kenneth Branagh ha resultado discurrir por unos carriles chocantes para el que presenció su estreno como director con Enrique V o su lucimiento como Hamlet. Tras varios años sin dirigir nada tras el fracaso de La huella, reapareció en 2011 dirigiendo de forma insólita Thor. Hoycombina los trabajos que parecen más puramente alimenticios con sus adorados montajes teatrales o películas más personales, que pasan mucho más desapercibidas que sus taquilleros pero considerados un tanto inanes encargos. Y como actor, sigue manteniendo parte de ese prestigio que se construyó con 20 años.

Su vida sentimental post Bonham-Carter pasa por la directora de arte Lindsay Brunnock, con la que empezó en el 99 tras el final de su romance anterior. Aunque como recoge el Daily Telegraph, el publicista de Branagh asegura que empezaron a salir en 2002 cuando ambos trabajaban en la serie Shackleton. La gracia estaba en que les había presentado Helena en el 97, cuando Lindsay trabajaba como asistente de dirección de arte en una adaptación de George Orwell. Según sus amigos, ella "se enamoró instantáneamente, aunque no se involucraron románticamente hasta que trabajaron en Shackleton".

El caso es que, como señalaba el Daily Mail, el 10 de diciembre de 2002, por el cumpleaños de Ken, ella lo dejó porque él era incapaz de comprometerse más en su relación. El tabloide añadía: "a principios de marzo (de 2003), fue visto besuqueándose en primera clase en un vuelo de British Airways con una asistente de producción cinematográfica, Laura Burrows. Hubo sugerencias de que habían desaparecido juntos al baño y que se habían ido por mucho tiempo. Parecía como si Ken hubiera vuelto a sus viejos trucos". Pero para sorpresa ¿de propios? y extraños, en la primavera del 2003, Kenneth anunció que se había casado con Lindsay, en Nueva York, en una boda con solo siete invitados en el piso de dos de los actores que trabajaban en la obra que él dirigía. Y desde entonces siguen juntos y felices en apariencia.

"Sus relaciones anteriores han fracasado porque siempre ha elegido ciertos tipos que son muy similares a él", resumían los amigos de la pareja según el Daily Mail. "Con Lindsay hay una dinámica diferente. Ella está bastante asombrada por él y él es el dominante en la relación, pero esto parece funcionar para ambos". Cuando le preguntaban al artista por la sorpresa de sus allegados, respondía lacónico: "La vida está llena de sorpresas". Era una frase comodín similar a la que empleó cuando habló de su divorcio con Emma, a mediados de los 90: "Las cosas simplemente suceden",aunque matizaba: "Pero siempre habrá algo especial entre Em y yo. Es una gran, gran mujer. La adoro y siempre nos apoyaremos mutuamente. Siempre hemos sido dos compañeros que realmente celebran el trabajo del otro. Eso fue el caso incluso antes de que ninguno de los dos fuera famoso".

Por su parte, Emma Thompson parece en paz con su ex marido, con el mundo y también con su colega Helena Bonham Carter: "Helena y yo hicimos las paces hace muchos años. Es una mujer maravillosa", y añade: "Las dos estamos ligeramente locas y somos un poco torpes con la moda, quizá por eso Ken se enamoró de ambas".

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