Millones de dólares, ratas fritas y 12 abrazos en 20 años: Quincy Jones, una vida de leyenda

Con una letra solo se conocen los grandes explosivos —la bomba H, por ejemplo— y a Quincy Jones (Chicago, 87 años). Quien tenga dudas sobre el poder de la onda expansiva del productor musical más influyente del siglo XX, que lea “Q”. Autobiografía de Quincy Jones, un libro que llega a España el 25 de enero. En sus páginas habla de su labor como trompetista, de sus andanzas con mitos como Charlie Parker, de su labor con estrellas como Frank Sinatra o de su papel en la creación de discos tan relevantes como el Thriller de Michael Jakson. Un recorrido por ocho décadas de vida que arranca con una infancia en Kentucky en la que Quincy y su hermano pequeño, Lloyd, se criaron con su abuela paterna, que fue esclava y que los alimentaba con lo único que tenía a mano: ratas fritas.

A partir de ahí, todo es ascenso. Y la prosa que emplea Jones, puro flow. Porque además de la pericia literaria que muestra el hombre que convirtió en actriz a Oprah Winfrey —El color púrpura—, en sus páginas hay invitados: amigos, mentores y familia tienen capítulos donde hablan de él y, al contrario de lo que ocurre en numerosos libros de memorias, no necesariamente bien. Un ejemplo es el de Quincy Jones III (52), su único hijo varón de los siete que ha tenido, fruto de su relación con su segunda mujer, la exmodelo sueca Ulla Andersson (74). El vástago cuenta cómo, a pesar de tener un padre millonario, él y su madre vivían en un suburbio de Estocolmo con muchos apuros. “Tal vez sea un experto en blanquear lo que he hecho mal a lo largo de mi vida, pero nunca me olvido de nada”, replica el aludido haciendo examen de conciencia. También lo hace con los derechos civiles, en los que militó tras conocer a Martin Luther King.

Solo hay una sombra: su madre, Sarah, enferma mental que marcó su vida. Es la mujer que más líneas ocupa, y eso que Quincy, que perdió la virginidad a los 11 años, se casó tres veces —con su novia del instituto, Jeri Caldwell; la citada Andersson y la actriz Peggy Lipton— y ha tenido incontables romances. Entre ellos, uno con Juliette Gréco, cuando era novia de Miles Davis. Otro con Nastassja Kinski, con quien tuvo a su hija pequeña, Kenya (27). También en eso fue afortunado. “Leí que para tener éxito un niño debe recibir 12 abrazos al día. A mi hermano y a mí no nos dieron 12 ni en 20 años”, cuenta Lloyd, quizá aún incrédulo ante los logros (27 premios Grammy y un Oscar) conseguidos por el crío con el que compartió ratas.


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