Más allá de las tiaras: pendientes y otros tesoros del joyero de la Casa de Alba que podría llevar Belén Corsini en su boda

El próximo viernes 22 de mayo no sólo se celebran los 17 años de matrimonio de los reyes de España. Ese día está previsto que Carlos Fitz-James Stuart, benjamín del XIX duque de Alba, contraiga matrimonio con Belén Corsini en los jardines del Palacio de Liria, el cuartel general de la familia en Madrid. El mismo vergel de estilo francés alejado de las miradas curiosas en el que también se dieron el sí quiero el hermano mayor del novio, Fernando, y Sofía Palazuelo el 6 de octubre de 2018. Evitar el baño de multitudes y fotógrafos de la crónica social del que disfrutaron sus predecesores parece la nueva tónica de esta generación casadera de nobles, conocida por su discreción.

Como siempre que se celebra una boda en esta casa aristocrática surge la misma pregunta, que no por constante resulta poco interesante. ¿Lucirá la novia, futura condesa de Osorno, alguna joya de la desaparecida Cayetana de Alba? Repasamos algunas de las piezas de la abuela paterna del novio para dar respuesta a esta cuestión.

La citada Sofía Palazuelo, pese a que un día será duquesa consorte de Alba, renunció a adornarse con una diadema de su familia política, pero Corsini no tiene por qué seguir los llanos pasos de su cuñada. Ahora bien, Belén tiene poco donde elegir. No podrá tocarse con la conocida como La Rusa de los Híjar, como hizo su suegra, Matilde Solís, en su boda en 1988, pues la duquesa se deshizo de este adorno de brillantes poco después del enlace. “Tuve que vender la diadema rusa para que Cayetano se pudiera comprar un caballo maravilloso, Gigiló, y pudiera dedicarse a la equitación y competir”, dejó escrito en sus memorias, Yo, Cayetana.

La Imperial de diamantes y perlas, heredada de la emperatriz de los franceses Eugenia de Montijo, está hoy en manos de su tocaya Eugenia Martínez de Irujo, tía paterna del novio, que podría prestársela a su nueva sobrina política. Esta es la joya con la que doña Cayetana se coronó el 12 de octubre de 1947 para darle el sí quiero al padre de todos sus hijos, Luis Martínez de Irujo y Artázcoz, descendiente de los duques de Sotomayor. Eugenia también eligió este adorno de principios del XX para casarse con Francisco Rivera Ordóñez cinco décadas después.

La única diadema que presumiblemente está en posesión del futuro suegro de Corsini, y jefe de los Alba, es la Tiara Ducal. La pieza sigue la estructura heráldica de toda aureola ligada al título de duque o duquesa, consistente en una base de gemas sobre la que reposan ocho florones en forma de hojas de apio confeccionados también en piedras preciosas. La de la familia Alba está elaborada con diamantes y esmeraldas.

Su primera propietaria fue María Francisca de Sales Portocarrero, consorte del XVI duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Ventimiglia. Fue un regalo que la conocida como Paca Alba recibió de su hermana, la anteriormente citada emperatriz Eugenia, según recogía El Clamor Público en febrero de 1859. En el caso de que Belén eligiera una tiara para celebrar el amor, ésta sería la más plausible; a pesar de que la novia no se convertirá en duquesa consorte, sino en condesa.

No son pocas las novias que han utilizado una joya destinada a envolver las muñecas para adornar su peinado, aprovechándose de la longitud similar a la de una tiara de algún brazalete. Por ejemplo, Genoveva Casanova tomó prestada del joyero de su suegra, la duquesa de Alba, una pulsera de diamantes para colocársela sobre la frontera entre la zona frontal y la parietal de la cabeza en su boda con el jinete Cayetano Martínez de Irujo, celebrada el 15 de octubre de 2005 en el palacio de Dueñas, en Sevilla.

La propia duquesa se adornó con ella en sus dos enlaces celebrados en la capital hispalense, el primero con Luis Martínez de Irujo en 1947 y el tercero y último con Alfonso Díez en 2011. La pieza, firmada por la joyería madrileña Ansorena, es de estilo Art decó y fue uno de los regalos de pedida de Luis. Llamativo como brazalete, discreto como tiara, se presenta como una opción ideal para Corsini, de gustos sencillos. Con ella aparece doña Cayetana, sobre su brazo derecho, en la portada del libro Álbum privado de la duquesa de Alba. Otra bonita opción para la futura mujer de Fernando Fitz-James Stuart serían los pendientes de diamantes de doble lágrima vacía que la de Alba utilizó en su boda con Alfonso.

Uno de los retratos más impresionantes de María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva es uno de 1959, el disparado por el célebre Juan Gyenes, en el que aparece con la mencionada diadema La Rusa. Y en el que también luce un aparatoso collar de esmeraldas y diamantes que algunos confían en que perteneció (al menos las ocho vistosas gemas de color) a su tía abuela, la emperatriz Eugenia de Montijo. Aunque hay tantas pruebas de ese origen como de que el collar se habría vendido, piedra a piedra, para hacer frente a los gastos corrientes de su casa: casi ninguna.

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Las últimas imágenes que existen de la duquesa luciendo esta alhaja de estilo Art decó pertenecen a una de las fiestas celebradas en Atenas con motivo de los esponsales de los reyes eméritos, Juan Carlos y Sofía, en mayo de 1962. La fotografía en blanco y negro de doña Cayetana sigue ocupando un lugar de honor en el palacio de Liria (abierto al público desde su fallecimiento), debajo del óleo del rey-emperador Carlos I de España y V de Alemania y la mujer de éste, Isabel de Portugal, copiado por Rubens a partir de un original de Tiziano.

En ese retrato de Cayetana de Alba del fotógrafo de origen húngaro, de los lóbulos de la que fue la mujer con más títulos nobiliarios del mundo cuelgan dos pendientes largos de diamantes que se extinguen en un par de lágrimas de esmeraldas, rodeadas de pequeños brillantes. Además de lucirlos en Grecia, los llevó en la boda de su hija Eugenia con Fran Rivera en 1998; y en el Palacio Real de Madrid, el 30 de marzo de 2011, durante una cena celebrada en honor del príncipe Carlos y Camilla de Cornualles.

Aquella noche Cayetana combinó los pendientes con otro collar de esmeraldas y diamantes, más ligero que el descrito en el párrafo anterio,r y que podría ser el adorno perfecto para el escote de Belén Corsini en uno de los días más importantes de su vida. Otra opción es que sólo luzca los pendientes, perfectos para una novia tradicional.

La XVIII duquesa de Alba y un rosario de títulos más contaba con numerosas perlas en su caja fuerte. La futura condesa de Osorno podría, por ejemplo, combinar el collar de varias vueltas que Cayetana utilizó en su boda con Jesús Aguirre el 16 de marzo de 1978 en Madrid, con unos pendientes de brillantes con perillas colgantes: los que doña Cayetana llevó en el enlace de su primogénito en Sevilla el 13 de junio de 1988. Los aretes también los utilizó para una visita a Londres, donde fue recibida por el príncipe Carlos, y en las nupcias de su nieto Javier Martínez de Irujo y Hohenlohe-Langenburg con Inés Domecq, marqueses de Almenara y el matrimonio con más estilo del clan.

Cayetano de Alba y Genoveva Casanova se casaron ante los ojos de Dios, de 200 invitados y de los fotógrafos de ¡HOLA! en 2005. La madre del novio, doña Cayetana, que siempre presumió de mantener una relación simpática y cercana con la prensa del cuché –salvo contados encontronazos con cortes de mangas incluidos–, no estuvo de acuerdo con la mercantilización del sacramento… Y, ni corta ni perezosa salió a las puertas de Dueñas, el famoso palacio sevillano en el que pasó su infancia el poeta Antonio Machado, para que la inmortalizase todo aquel que tuviese una cámara a mano.

Cayetana eligió un vestido de Tony Benítez en tinto, inspirado en el atuendo que la XIII duquesa de Alba viste en un óleo de Francisco de Goya que decora una de las paredes del palacio de Liria. Atuendo que combinó con unos pendientes largos de rubíes con perla en su interior, con una pulsera a juego; y con un brazalete, que cuenta con un collar en el que los rubís sirven de pétalos y las medias perlas de pistilos y estambres de unas sencillas flores parecidas a las margaritas. Cualquiera de las tres piezas aportaría color al vestido de novia blanco de Belén Corsini, firmado por la casa Navascués.

Aunque, si hacemos caso de la superstición que dice que las perlas en la boda simbolizan lágrimas en el matrimonio, la Corsini debería prescindir de utilizar cualquier elemento de este semiaderezo con el que doña Cayetana posó para celebrar su 80º cumpleaños, vestida con los conjuntos que llevó a las bodas de las infantas, en las páginas de la ya citada revista ¡HOLA!.

No todo son piedras preciosas en el armario de la familia de la Casa de Alba de Tormes, en sus arcas guardan preciosas y antiquísimas mantillas de encaje en color crema (las favoritas de la desaparecida duquesa) que bien podrían servir de velo a Belén Corsini. También podría utilizar el manto con más de dos siglos de historia que prendió a su diadema imperial Eugenia Martínez de Irujo, incluso como sobrecola a modo de falso bordado. Una boda, la de su tía con el torero Fran Rivera en la que Carlos, junto a su hermano Fernando, ejerció de paje y que fue retransmitida en directo por la primera cadena de la televisión pública. Eran otros tiempos.

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