Las modelos de tallas grandes deberían ser modelos de tallas normales

En España, la talla más vendida es una 44. Pero es la menos representada en las pasarelas, en las que esbeltas modelos se embuten sin estrecheces en una 34. De hecho, el 1,4% de las modelos no supera la 40. Y eso es ahora, después de que en 2017 la mayoría de desfiles cambiaran las reglas del juego y se negaran a admitir modelos menores de 16 años y prohibieran la talla 32. Fue un primer paso para combatir la anorexia y los desmayos de muchas tops que sacrificaban su salud en pos de su cuerpo.

Y en ese intento, también publicitaron los desfiles de “tallas grandes” que permitían que las mujeres que no sufrían inanición se sintieran representadas. Pero no deja de ser “una excepción” que no normaliza el cuerpo de la mujer y que demuestra que hay mucho camino por recorrer.

Está claro que en el mundo de la moda algunos se perdieron el capítulo de Barrio Sésamo sobre la diferencia entre “grande” y “pequeño”. De hecho, el error fundamental es confundir “pequeño” con “normal” y “grande” con “excepcional”. Teniendo en cuenta que la 44 es la talla más vendida, ¿Por qué se llama modelo de tallas altas?

Repasemos los casos más flagrantes. Ashley Graham, Justine Legault y Robyn Lawley son cotizadas modelos de tallas grandes que visten una 44. Iskra Lawrence, Tara Lynn, Myla Dalbesio, Marquita Pring, Lornalitz Baez lucen el letrero de curvies con una 42. Y aún se puede bajar más y encontrar a Danielle Redman o a Whitney Thompson en el pelotón de las tallas grandes con una 40.

Hasta que las modelos de supuestas tallas grandes puedan desfilar por la misma pasarela que sus compañeras más escuálidas, o hasta que se hable de “modelo” sin añadir “curvy” o “de tallas grandes” seguiremos segregando a las mujeres por sus medidas. Y lo que es peor: por unas medidas que no son reales.

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