Janis Joplin, se cumplen 50 años de la muerte de la primera gran estrella femenina de rock

Ahora mismo, en cualquier descanso publicitario de la televisión, es posible escuchar la inconfundible voz de Janis Joplin en el anuncio de comienzo de curso de un famoso banco holandés. Canta Me and Bobby McGee, una de sus canciones más populares, en realidad compuesta por Kris Kristofferson, guapo oficial de la escena country de la época y uno de sus ligues. Joplin la grabó poco antes de morir de una sobredosis de heroína, el 4 de octubre de 1970, a los 27 años. Poco antes habían muerto, a la misma edad, Brian Jones (Rolling Stones) y Jimi Hendrix. Después, también con 27, lo hicieron Jim Morrison, Kurt Cobain o Amy Winehouse. El médico que redactó su autopsia, Thomas Noguchi, fue el mismo que dictaminó las muertes por sobredosis de otros dos mitos: Judy Garland (1969) y Marilyn Monroe (1962).

Me and Bobby McGee fue número uno inmediato en 1971, el segundo hit post mortem en llegar a lo más alto de las listas tras (Sittin’ On) The Dock of the Bay, publicado solo días después del accidente de avión que terminó con la vida de Otis Redding, en 1967. Fueron como maestro y alumna. Joplin aprendió de él su manera rítmica y energética de interpretar. “Las dos personas que más influyeron a Janis fueron Otis Redding y Bessie Smith”, explica Holly George-Warren, autora de Janis Joplin, la nueva biografía sobre la artista que publica Cúpula. En agosto de 1970, Joplin colocó una lápida en la tumba de Bessie Smith, que permanecía sin señalar desde que la mítica cantante de blues recibiera sepultura también un 4 de octubre, pero de 1937. En aquella losa hizo grabar la siguiente leyenda: “La mejor cantante de blues del mundo nunca dejará de cantar”.

“Janis sentía que actuando se convertía en alguien bello”, asegura su biógrafa.

La mejor cantante rock también hoy continúa sonando, aunque su trágica muerte en una habitación de hotel, en una tonta recaída tras varios meses limpia de drogas y en plena grabación de Pearl, su segundo disco en solitario, ha deglutido en gran parte la narración sobre la trascendencia de Joplin en la cultura pop. El documental Janis (disponible en Filmin) comenzó en 2015 a resituar su figura como el mito musical que es: la primera gran estrella femenina del rock, la primera mujer que el negocio musical se tomó en serio y un talento que apenas había comenzado a mostrar su potencial. Sin embargo, el retrato que mejor plasma la ambición creativa y personal de Joplin es la biografía de Holly George-Warren, que saca partido a un material extraordinario: las cartas y álbumes escritos por Janis que Laura y Michael Joplin, sus hermanos, han custodiado.

En vez de caer en la manida interpretación de un perfil psicológico (la pobre chica fea de Texas que solo encontró el amor sobre el escenario), reconstruye laboriosamente cada paso de la vida de Joplin. “La mejor manera de mostrar la complejidad de su figura pasaba por dejar que los que la conocieron ofrecieran su punto de vista”, explica. Eso permite trascender el tópico sobre la complicada relación de la cantante con su físico: es cierto que en su adolescencia era un chicazo y en la universidad la nombraron “el hombre más feo del campus”, pero esa es solo una herida más que se ha convertido en central. “Ella sentía que actuando se transformaba en alguien bello. Estaba insegura con su físico, pero hacía como que no le importaba, de ahí sus estilismos llamativos. Quería elevarse estéticamente”, confirma la autora.

En vez de recabar un hecho esencial, su reconstrucción biográfica va sobreponiendo capa sobre capa sobre capa: la niña que quería salir en las portadas de las revistas, la adolescente activista por la integración y contra el Ku Klux Klan, la joven provocadora que buscaba pelea en los bares de Lousiana, la cantante novata que se enganchó a las drogas buscando la intensidad salvaje de la vida beatnik, la joven pero ya frustrada aspirante a esposa y madre en una casa con jardín, la mujer hipersensible y salvaje que quiere amor pero sin renunciar a su libertad

“Lo que más me sorprendió descubrir fue lo muchísimo que Janis trabajó para convertirse en una buena cantante: no hizo otra cosa de los 17 años hasta los 23”, reconoce George-Warren. Su obsesión era la excelencia: “Se lo inculcaron sus padres. Además, quería reivindicarse ante los que la criticaron en su pueblo natal de Texas”.

En una de sus primeras entrevistas en televisión, una jovencísima Janis reconocía sus límites con una sabia honestidad sin filtros. “Billie Holliday, Aretha Franklin… Son tan sutiles… Te pueden exprimir con solo dos notas. En el pequeño trayecto que va de un la a un sí son capaces de contarte un universo. Yo aún no sé hacer eso. De momento lo único que tengo es fuerza. Pero si sigo cantando, a lo mejor lo pillaré. Eso creo”.

Años después de su muerte, Kris Kristofferson reconoció que prefería escuchar su canción, Me and Bobby McGee, en la versión de Janis. La letra le encajaba como anillo al dedo. “La frase Freedon’s just another word for nothing left to lose [La palabra libertad es solo otra forma de decir que no tienes nada que perder] alude a esa espada de doble filo que es la libertad: eres libre, pero serlo tanto puede traer dolor”.

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