Insomnio, atracones de dulce, taquicardia… Descubre los síntomas que indican que sufres estrés crónico (y cómo afectan a tu cuerpo)

El estrés no es otra cosa que nuestra mente evaluando nuestros recursos y movilizándolos antes una amenaza externa. Gracias a él hemos sobrevivido como especie y es que resulta muy útil para huir de un tigre dientes de sable cuando te encuentras con uno. Pero con el paso de los milenios nos hemos vuelto sutiles y lo que nuestra mente puede considerar una amenaza se ha ampliado tanto que podemos vivir estresados sin necesidad de que algo tangible amenace nuestra existencia. Ni que decir tiene que 2020 se está convirtiendo en el paraíso del estrés, no sólo porque sí existe una amenaza que puede hacer peligrar nuestra vida (el coronavirus), sino porque muchas de las soluciones que hemos adoptado para hacerle frente (como el teletrabajo) se han vuelto en nuestra contra. Conclusión: uno de cada cinco españoles presenta síntomas de ansiedad y depresión en este momento, según un estudio de la Universidad Complutense. ¿Sabemos lo que ese estrés le está haciendo a nuestra mente y nuestra salud? Y lo más importante de todo, ¿somos capaces de reconocer sus síntomas?

Qué efectos tiene el estrés sobre nuestro cuerpo (y nuestra mente)

El estrés, como el miedo, es libre. Aunque se reconocen factores estresantes universales (como, por ejemplo, la muerte de un familiar o tener que hacer un examen), la realidad es que las respuestas de estrés varían mucho de unas personas a otras porque hay que tener en cuenta factores como su personalidad o su nivel económico. O lo que es lo mismo, lo que a otra persona le resulta indiferente a ti te puede proporcionar una buena carga de estrés.

Lo que no varía de un individuo a otro es cómo se manifiesta el estrés y qué efectos produce en nuestro organismo. A nivel psicológico y emocional, el estrés crónico tiene muchos síntomas, pero los más fáciles de identificar son los cambios bruscos de humor (inclinando más la balanza hacia la irritabilidad y el llanto que hacia la alegría pizpireta), los problemas de memoria y concentración y la sensación de que el cerebro ya no da más de sí además de sufrir tristeza e, incluso, síntomas de depresión y ansiedad.

Pero el estrés crónico no solo le pasa factura a nuestro ánimo, también resulta muy perjudicial para el resto del organismo, especialmente para el sistema inmune y el sistema endocrino, lo que se puede traducir en una mayor susceptibilidad de caer enfermo y de acumular kilos de más.

El cerebro es el órgano que organiza nuestra respuesta al estrés coordinando la respuesta física y mental para protegernos. Pero cuando tiene que hacer frente a una situación de estrés sostenida a lo largo del tiempo, la cosa se complica. La respuesta del organismo al estrés crónico produce un desequilibrio bioquimico que provoca alteraciones en hormonas clave que dejan de cumplir su función de la manera que deberían y acaban estorbándose unas a otras. Esta respuesta exagerada y mantenida en el tiempo es la base perfecta para desarrollar todo tipo de enfermedades inflamatorias, padecer fatiga crónica (porque las glándulas suprarrenales están agotadas), provocar enfermedades metabólicas (como la obesidad y la diabetes tipo 2) y acabar sufriendo enfermedades cardiovasculares.

Síntomas de estrés crónico: cómo puedes saber si estás estresado desde el primer momento

Salvo grandes desgracias, uno no se levanta un día una buena mañana y está estresado de repente. El estrés crónico es un proceso lento y silencioso, pero si estamos atentos a las sutiles señales que el organismo nos envía, podemos tomar medidas antes de que la cosa vaya a más.

Los síntomas que nos pueden alertar de que nos encontramos inmersos en una situación de estrés crónico son variados, pero uno de los fundamentales es el agotamiento que no desaparece aunque nos pasemos el fin de semana tumbados en el sofá viendo series. Si nuestra mente y nuestro cuerpo están agotados un día, y otro , y otro… cuidado.

Si esa fatiga se combina con molestias en el estómago o problemas en el tránsito intestinal, dificultades para conciliar el sueño, alteraciones en el ciclo menstrual, palpitaciones, infecciones menores recurrentes (desde una alergia que se agrava a una cistitis que parece acompañarte desde hace meses) y una entrada por la puerta grande a los malos hábitos (ya sean alimenticios o de incrementar tu consumo de tabaco o alcohol)… No hay duda, estás estresada.

Si para completar el círculo te sientes desmotivada, todo te resbala, dudas de tu valía en lo profesional, te cuesta encontrarle el gusto a las cosas… es hora de pedir ayuda.

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