Hablamos con Sara Carbonero e Isabel Jiménez, más espléndidas que nunca, de su amistad, el emprendimiento en tiempos de crisis y el optimismo: "Siempre hemos estado ahí la una para la otra"

El nuevo proyecto de Slowlove, la marca de moda detrás de la cual están Sara Carbonero e Isabel Jiménez, ha coincidido con un tiempo borrascoso e incierto, pero también, con muchas cosas buenas en la vida de las dos periodistas. Isabel está embarazada de su segundo hijo y ha publicado un libro, Y tu qué harías para salvar el planeta (Aguilar), sobre cómo conseguir una vida y una economía libres en todo lo posible de plástico. Sara ha vuelto a Madrid, después de cinco años instalada en Oporto con su familia y tras pasar unos meses muy duros después de haber sido diagnosticada de cáncer de ovario.

“Es una etapa optimista para mí, un cambio de ciclo, estamos más cerca de nuestra familia y de nuestra gente, y empezamos con nuevos proyectos –explica Carbonero–. Nos apetecía volver a casa, aunque la situación por la pandemia iba a ser complicada, y empezar cosas nuevas. Pero sin prisa, la familia tenía que estar asentada, los niños adaptarse al colegio. Y yo voy poco a poco. Me gustaría ir retomando proyectos más centrados en el periodismo, y muchos amigos me lo dicen, pero todo a su tiempo. Esta es una época de mucha introspección, de conocerse a uno mismo, de dar los pasos ciertos y de tener las cosas más claras. He aprendido que todo está fuera de control, que no podemos vivir agobiados por el futuro. También a vivir con otra calma. Creo que he crecido mucho personalmente”.

“Su regreso ha sido muy importante –señala Isabel Jiménez–, porque, aunque teníamos contacto prácticamente a diario y nos hemos visto, no es lo mismo que tenerla cerca. Es una persona importante para mí. Y hacer este proyecto ha sido muy especial porque nunca habíamos hecho nada como imagen de la marca”. En estos meses, Isabel ha estado siempre ahí para Sara. “Es mi amiga y su apoyo siempre ha sido incondicional. Siempre hemos estado ahí la una para la otra”, reconoce Carbonero. Jiménez coincide plenamente: “Es así como creo que se apoya a una amiga en circunstancias complicadas, simplemente estando ahí. Cuando quieres a alguien y es un pilar fundamental en tu vida, hay que estar para lo bueno y para lo malo”.

Esa complicidad es la base de Slowlove, la marca de moda lenta que fundaron hace cinco años. “Isabel y yo hacemos muy buen equipo, porque casi siempre vemos las cosas de una forma muy parecida –reflexiona Sara–. Nos conocimos hace 10 años y nos hicimos amigas muy pronto. Hemos compartido todo, y a veces es como si no estuviéramos trabajando. A cada una nos gusta una cosa, pero a las dos nos encanta la comunicación. Es todo muy fácil”.

Su regreso a España ha coincidido con el lanzamiento de una nueva colección cápsula de Slowlove para Cortefiel. Lo retrasaron por la pandemia, pero, finalmente, se ha lanzado y ya está en los espacios Cortefiel. “El momento no es bueno, pero es un proyecto muy ilusionante para nosotras –asevera Isabel–. Lo estuvimos valorando. Era mucho más que una colección de ropa y decidimos ser valientes y ofrecer a las consumidoras algo nuevo”.

He aprendido que no puedes vivir agobiada por el futuro”.

Sara carbonero

Es la primera vez que Slowlove llega a los escaparates de las tiendas y se ha hecho mucho más sostenible, con tejidos reciclados y algodón 100%. “Queremos que la consumidora sea consciente de lo que compra –reconoce Sara–. La idea surgió de una forma muy natural. Y puede sonar cursi, pero ha sido algo muy espiritual, muy emocional. Cortefiel estaba buscando una marca que renovara su imagen y dinamizara su tienda online y nosotros un socio que tuviera mayor infraestructura”. Y ambas insisten: a pesar de los tiempos, El nuevo proyecto busca inyectar optimismo a una clienta trabajadora, nada esclava de las tendencias, en busca de prendas versátiles que enamoran y de una moda más tranquila, que se aleja del consumismo: “Queríamos que la clienta reconociera nuestro estilo y ha sido fácil, porque hemos participado en todo el proceso de diseño, de elegir los tejidos, los colores de los vestidos, los estampados de las camisetas. Tenemos una clienta muy fiel. Y eso es muy gratificante”, destaca Carbonero.

Pero la moda slow no es solo moda, es también un estilo de vida. “Significa volver a disfrutar de los procesos de creación con calma, huir de la producción masiva, hacer las cosas con mimo, en el packaging, en los detalles”, señala Carbonero. La mayor parte de la colección se fabrica en España. Cuenta con 70 piezas y materiales como el tricot o el denim, que hasta ahora no habían formado parte de Slowlove. Y el diseño no ha perdido un ápice de su estilo: romántico y boho, con una silueta atemporal y relajada, y prendas que se pueden poner a primera hora de la mañana y, cambiando la bota por un stiletto, mantener por la noche.

¿Y cómo es trabajar juntas? “Casi siempre estamos de acuerdo y nos complementamos –relata Carbonero–. Yo estoy más en el diseño, la creatividad o la imagen, e Isabel más con las cuentas o las relaciones con los proveedores. Pero tratamos de separar el trabajo de la vida personal; tenemos muchos ratos de ocio en familia en que no hablamos de trabajo. Es muy fácil trabajar con ella. Es muy optimista, muy alegre”.

Jiménez, que se encuentra en su séptimo mes de embarazo, reconoce con humor que “la filosofía slow es un mantra que me repito constantemente, pero de lunes a jueves soy la anti slow. Me gusta vivir con muchos proyectos, meterme en muchas cosas, aunque luego tengo un gran poder de desconexión. No estaba previsto que todo se juntara, pero me siento feliz, porque significa recoger los frutos de mucho trabajo”. ¿Y cuál será el siguiente paso para Slowlove? “Queremos que la marca crezca, pero de forma controlada; pudiendo seguir encima en todos los procesos y todos los detalles”, concluye Sara.

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