Georgina Rodríguez: "Noto mucha envidia hacia mi pareja y hacia mí; está mejor visto ser rico de cuna"

Está en boca de todos desde que, hace más de tres años, inició su relación con Cristiano Ronaldo. Sobre Georgina Rodríguez (argentina de nacimiento y española desde su infancia) todo el mundo opina y saca conclusiones. Ella ha hablado pocas veces y muy poco. Pero ahora, con 26 años, lo hace alto y claro, con voz serena e ideas nítidas. Esta es la Georgina con la que nos hemos encontrado en la sesión de fotos en Turín, para la que se levantó a las cinco de la madrugada y en la que brilló su naturalidad.

M.H. ¿Cuántas personas de confianza hay en su vida?

Georgina R. Soy una chica de pocas amigas, pero cuando tengo una amiga es de verdad, me entrego de corazón. Desde pequeñita, tenía mis amistades contadas con los dedos de una mano. Poco a poco fui conociendo gente maravillosa y los dedos de las manos ya se me quedan cortos… Pero sí, no todo el mundo tiene mi confianza.

M.H. ¿Se siente libre o tiene que protegerse y eso la condiciona?

Georgina R. Soy libre, soy prudente, soy muchas cosas. Busco un equilibrio. En el equilibrio está la clave. Aurea mediocritas es uno de mis lemas: “el dorado punto medio”, en el punto medio está la verdad, el ideal. La armonía es importante para el cuerpo, la mente y el alma. Soy libre, pero como estoy muy expuesta, también soy prudente.

M.H. ¿Qué es lo que no puede comprar el dinero?

Georgina R. La familia, la salud, el amor, la felicidad. El dinero compra cosas materiales que no vas a llevarte a la tumba. Hay que ser feliz con lo básico: el agradecimiento por la salud y el amor de los nuestros. Disfruto de unos zapatos maravillosos, pero esa no es mi felicidad ni son imprescindibles en mi vida. Solo pido salud. Lo sabe bien la gente enferma o que ha sufrido por algún familiar enfermo. Puede sonar a tópico para quedar bien, pero muchos me entenderán.

M.H. ¿Es usted una mujer fuerte, segura? ¿Lo ha sido siempre?

Georgina R. De pequeñita fui patito feo y me he ido convirtiendo en cisne. Al nacer, nadie hubiera dicho que después iba a ser bella. Eso siempre me lo han dicho [Risas]. Los complejos no sirven para nada. ¡Fuera complejos! Me quiero como soy, con imperfecciones. Nadie es perfecto. Pero sí somos únicos. Eso ya es especial en sí.

M.H. ¿Se ha planteado cómo se ve en el futuro?

Georgina R. Me gustaría ayudar cada vez más a los demás. Hacer algo grande por la gente más necesitada. Y me veo rodeada de amor, rodeada de la energía de mis hijos. Lo que me llena en la vida es mi familia.

M.H. ¿Qué ilusiones le gustaría cumplir?

Georgina R. Ser una empresaria de éxito y poder hacer algo para ayudar a otros. Cuanto más doy de mí, más feliz soy. Me hace sentirme plena.

M.H. ¿Los políticos cumplen las expectativas que la sociedad reclama?

Georgina R. Los políticos no están cumpliendo las expectativas. Veo una política muy agresiva, de atacar de forma teatralizada, donde importa más quién insulta y quién menosprecia al contrario que solucionar problemas. Toda esa energía que gastan en discusiones deberían invertirla en ayudar a España y sacarla de esta situación tan complicada por la pandemia. El país necesita más que nunca a sus políticos unidos, luchando por salir de este pozo en el que estamos.

M.H. ¿Es optimista con el mundo que construimos, usted que tiene cuatro hijos?

Georgina R. Sí, lo soy. La sociedad evoluciona a grandes pasos. Hay más conciencia de los derechos de la mujer, de la libertad de la mujer y el maltrato a la mujer. Hay más conciencia de la importancia de la educación, la salud, el respeto a las minorías, al medio ambiente… Hay mucho por mejorar, pero vivimos un momento de grandeza en la evolución de la conciencia social. Nunca hubo un momento así, lo que me da esperanzas. Soy optimista. Pero no por la política, sino por la sociedad.

M.H. ¿Qué valores inculca a sus hijos?

Georgina R. Educamos a nuestros hijos en el amor, en la bondad, en el humor, en el respeto, en el espíritu de sacrificio, el agradecimiento y la conciencia de un estilo de vida sano, saludable.

M.H. Usted se cuida, hace deporte, es disciplinada… ¿Lo aprendió desde pequeña por las exigencias de la danza?

Georgina R. La danza me ha inculcado los valores que hacen que hoy sea quien soy. Tengo mucho que agradecer a la danza: a mis padres por apuntarme a una disciplina tan completa; a mis profesoras por esculpir mi cuerpo, mi mente y mi espíritu con valores como el esfuerzo, la perseverancia, la minuciosidad, la fortaleza, el inconformismo sano, el compañerismo… Si me diera 300 páginas más de revista, podría seguir hablándole sobre los beneficios de la danza clásica, del baile en general, de la manera en la que te cambia la vida.

M.H. ¿22 millones de seguidores en Instagram generan responsabilidad?

Georgina R. Aunque sea un espacio de ocio, donde estamos para divertirnos, es un lugar de inspiración. Hay mucha gente joven que me sigue, en la que influyo y, por ello, siempre tengo a Pepito Grillo recordándome que muestre mis valores, el amor por mi familia, la unión, la amistad. Puedo mostrar una alfombra roja y un vestido maravilloso que también inspirará a jóvenes, pero nunca publico fotos únicamente de este tipo. Me gusta mostrarme haciendo deporte, comiendo, cuidando a mis hijos, compartiendo una tarde de bicis y caballos con mis pequeños, saliendo a pasear… Mostrar normalidad, realismo; de otro modo engañaría. Soy una mujer natural y versátil, lo mismo plancho que voy de gala a una alfombra roja.

M.H. ¿Cómo se protege de la crítica?

Georgina R. Tengo otro lema: “Hagas lo que hagas, te criticarán”. Es tan sencillo como que no puedes gustar a todo el mundo. Desgraciadamente, siento mucha envidia hacia mi pareja y hacia mi persona. La envidia es un sentimiento que pudre al ser humano, no lo hace evolucionar y lo llena de odio y rencor. Hay que alegrarse por el bien ajeno. Parece que está mejor visto ser rico de cuna, que a los demás no les queda más remedio que aceptar las diferencias de clases si ya viene de apellido en lugar de si tienes la suerte de mejorar y prosperar desde el mismo punto de partida que la mayoría de la población. Es entonces cuando creen que pueden criticar y decir cosas como: “¿Pero esta quién es? Si es una simple dependienta”. La envidia hace mucho daño, no tanto a quien la recibe como a quien la siente. ¡Siento compasión por ellos! Trato de entender por qué sucede esto y no sentir nada negativo hacia esos sentimientos y esas personas.

M.H. ¿Se siente privilegiada?

Georgina R. Lo soy. No por lo material que poseo, sino por la salud y el amor de mi familia. Todo aquel que lo tenga es un privilegiado. Todo aquel que tenga la tranquilidad de no tener que luchar por una enfermedad o ver sufrir a un familiar es un privilegiado. Mi padre enfermó y luchó durante tres años; eso es algo que te cambia la vida y la manera de ver las cosas. Todo lo banal pasa a un segundo plano. Siempre fui muy madura y consciente de la importancia de la salud, pero tras pasar algo así hubo un antes y un después. Tengo una situación económica buena y estoy agradecida. Pero no siempre ha sido así y soy consciente de los dos extremos. Porque los he vivido, valoro más que nadie lo que tengo. Igual que mi pareja, que también vivió una infancia muy humilde sin ningún tipo de lujo.

M.H. Muchos dicen que la moda esclaviza, otros que libera. ¿Qué opina?

Georgina R. Ambas cosas. La moda mal gestionada puede esclavizar y a la vez es fuente de liberación, medio de expresión. La moda es necesaria para relacionarnos, nos dice cómo es el otro. La moda es identidad.

M.H. Hay mucho machismo y sexismo en la estética…

Georgina R. Es muy cierto, pero cada vez son más los hombres preocupados por su imagen. Las mujeres siempre tenemos que lucir perfectas. Y esto, llevado al extremo y mal gestionado, puede esclavizar y hacer mucho daño a las chicas más jóvenes. Hay que ser más responsables con la moda. Ya está bien de modelos esqueléticas. Más variedad, las mujeres tenemos curvas, formas, carne. ¡Un poquito de por favor ya! Yo amo a la mujer flaca y sana, y a la mujer entrada en carnes y sana.

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