Fernando Simón, el no político que da entrevistas con consecuencias políticas

En julio, Fernando Simón concedió una entrevista a El País Semanal donde el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) aparecía en portada subido a una moto y vestido con casco y chupa de cuero en plena pandemia. Las críticas no tardaron en llegar, a pesar de que el texto contenía un poco de todo y nada fuera de sitio: vida personal, gestión de la crisis y observaciones del periodista, Jesús Mantilla, sobre cómo era de cerca el hombre del momento. Pero nada de eso se compartió, comentó y utilizó tanto como la imagen de Simón montado en la Suzuki con la que acude al trabajo.

No era la primera entrevista que daba el experto en epidemias, pues en mayo había respondido a preguntas de la revista Desnivel, especializada en escalada, una de sus aficiones. En ella comentaba algunas cosas sobre su nueva fama, daba consejos sobre cómo afrontar el virus, pero sobre todo se dirigía a los aficionados, como él, a subir montañas. Era larga y personal, pero nada que ver, por la profusión y la variedad de temas, con la que dio hace unos días a SpeakingPou, espacio que presentan los escaladores Iker y Eneko Pou y que ha sido el foco de la última polémica que tiene en el centro a Simón. El motivo, una frase que el PP ha presentado ante el Observatorio de la Imagen de la Mujer al considerarla machista. La cosa ocurrió así: los entrevistadores, en tono jocoso, le preguntan si se había dedicado a las“enfermedades infecciosas o las enfermeras infecciosas”. Y así respondió Simón:"No les preguntaba [a las enfermeras] si eran infecciosas o no, eso se veía unos días después”.

Entretenimiento vs información

La entrevista, que se desarrolló por videoconferencia y como si estuviera con amigos, dura hora y media y en ella el doctor habla de todo,incluso con más detalles de los que ya aportó en Planeta Calleja, por la que también fue muy criticado.

Lo que tienen en común esas entrevistas, además del revuelo mediático, es que el epidemiólogo no las ha concedido a periodistas sino a deportistas con los que no sólo habla de su pasión por la vida al aire libre y los deportes duros, sino también de su trabajo. ¿Por qué el máximo experto sanitario en esta crisis, que podría tener cualquier diario o revista para entrevistarle, opta por espacios alternativos y de entretenimiento para contestar preguntas?

No es por la audiencia. Aunque es cierto que su aparición en Planeta Calleja se situó en lo alto del ranking de lo más visto esa noche y casi alcanza a La Voz, mientras que el vídeo de SpeakingPou lo han visto algo más de 50.000 personas. Una cifra muy alejada de los millones de personas que alcanza su rueda de prensa diaria, transmitida por todas las cadenas, que además hacen noticias, tertulias y resúmenes con ellas.

Tampoco lo hace para preservar su intimidad, pues en las últimas habla de ella dando muchos detalles. Desde cómo conoció a su mujer –“un flechazo”–; a los estudios de sus hijos; pasando por locuras de amor juveniles –“caminé por el alféizar de un octavo piso para ir a darle un beso”–; y de sus años de soltero –“yo también fui un crápula y por eso no echo de menos nada, salí todo lo que tenía que salir”–; hasta enumerar sus libros y discos favoritos. En eso es distinto a la mayoría de políticos que lo acompañan en el trabajo diario de gestionar esta crisis, que bloquean su privacidad todo lo que pueden. ¿Quiere Simón diferenciarse de ellos?

Distinto, pero no tanto

Para alguien que recuerda cada vez que puede que él es "un funcionario del Estado” podría parecer que sí. Y hay más cosas que así lo indicarían. Por ejemplo, su alergia al protocolo. No le preocupa estar bien peinado, ni la ropa, ni piensa "cortarse las cejas". Tampoco hacer ciertas bromas, relajar el tono, y saltarse algunas normas en sus comparecencias, algo que contrasta con la rigidez y cierta falta de naturalidad del equipo de Pedro Sánchez.

En esa línea opuesta va también lo que piensa de la importancia que se le da a la fachada en la comunicación política: cuando vivió en París inició un curso sobre habilidades comunicativas con otros colegas de profesión que abandonó porque le pareció “absurdo” y porque lo “basaban todo en la imagen”. Y está más que demostrado el papel que tiene en gabinete socialista que controlan en ese aspecto Iván Redondo y elMiguel Ángel Oliver, artífice de las fotos de Sánchez con gafas de sol viajando en el Falcon.

Y sin embargo, Simón coincide con Sánchez, que también apareció en Planeta Calleja,en elegir el formato del entretenimiento. Algo que indicaría que, quizás su objetivo es otro, pero en el fondo, no piensa tan distinto en lo que se refiere a los periodistas.

Periodismo sin periodistas

A los informadores lo único que concede ya Simón desde su entrevista en EPS es la rueda de prensa diaria en la que ofrece los datos oficiales de la pandemia. Y según él, en esas intervenciones ni siquiera se dirige a los redactores: “Existe una confusión respecto a las ruedas de prensa: yo no hablo para los periodistas. Me dirijo a la población”. Esa confusión no existe: las ruedas de prensa son para los periodistas que luego elaboran la noticia, aunque hoy se emitan en directo y el espectador también pueda verla en bruto.

Ese deseo de una comunicación pública sin filtros, directa, sin mediadores, se pone de manifiesto también en la elección de espacios donde contestar preguntas.Planeta Calleja en su caso, el programa de Bertín Osborne para muchas señorías y ex señorías. Son programas blancos, sin repreguntas ni fiscalización de su trabajo, algo que también explicaría que servidores públicos tengan sus propios canales –La Tuerka de Podemos, por ejemplo– en los lanzan sus mensajes usando las formas y los formatos del periodismo pero sin periodistas.

Las consecuencias políticas

Es cierto que Simón no tiene cargo electo, pero trabaja con y para ellos. “La clave para desprestigiar a gobernantes pasa por atacar a los expertos con los que trabajan”, ha comentado él mismo y eso es lo que a veces parece obviar cuando da entrevistas tan relajadas como las que concede a espacios dedicados a la escalada.

Porque independientemente de donde las haga y de que no sea diputado ni ministro, sus declaraciones tienen consecuencias políticas. Por eso, cuando en agosto dijo que se alegraba de que el gobierno belga recomendara a sus ciudadanos no viajar a España porque eso supondría un problema menos para el contagio, la ministra portavoz Maria Jesus Montero, salió a excusarlo: “Sus palabras ponen de manifiesto que es un experto. Es un técnico, una persona que ha trasladado, desde el aspecto médico, una obviedad”. La pregunta entonces es: ¿cuándo habla el técnico y cuándo el particular?

Es complicado separarlo en alguien cuya cara está estampada en tazas y camisetas. Alguien que en esta pandemia se ha convertido en un personaje, como demuestran esas entrevistas de corte más personal que concede, y que no concedió en otras crisis, como la del ébola, en la que también tuvo un papel clave como responsable de CCAES. A llevarlo a esta situación han contribuido el auge de las redes sociales, su presencia constante en los medios debido a que la crisis está siendo muy larga y su propia personalidad.

Así se ha convertido Simón en un experto identificable y popular: “No voy a hacer la compra al supermercado porque sé que no podría acabar de hacerla– que es también un personaje. Una combinación explosiva en un momento delicado cuyas declaraciones salpican al Gobierno para el que trabaja aunque él no tenga carné de ningún partido ni vaya en ninguna lista electoral.

Pero puede haber otra razón por la que se expone de esa forma: que lo necesite. Así lo dio a entender al final de la entrevista con los Pou. Cuando los hermanos le dieron las gracias por su tiempo, el buen humor y la apertura que mostró, oyeron estas palabras: “Gracias a vosotros. Estos ratos me sacan de pensar siempre en lo mismo porque está siendo muy duro. Necesito estos ratos”. Así contestó Simón tras informar de que cada día trabaja entre 14 y 15 horas, que cuando llega a casa a veces sólo tiene tiempo de cenar e irse a la cama y de asegurar que piensa aguantar en su puesto hasta el final, pero reconciendo que está mentalmente agotado.

Es lógico ese cansancio. Y está tan claro como que en esta pandemia ha nacido una estrella. Una que asegura que no sabe qué hará cuando pase todo esto. Una que dice si hay alguien que lo haga mejor que él en esta crisis, no tendrá problema en ceder el testigo, pero que mientras quiere seguir porque no hacerlo sería dejarle “el marrón a otro”. Alguien que cuando mira al futuro, incluye entre sus planes un proyecto muy ligado a la comunicación: la divulgación científica. “Pero una que huya de los héroes como se construyen ahora, una que hable de los héroes anónimos que hacen cada día su trabajo”, dijo a los Pou. ¿Acabará presentando un espacio sobre ciencia? Habilidades comunicativas no le faltan. Está por ver si será en un medio de comunicación convencional o en un canal de Youtube.

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