Exilios

El rey Juan Carlos se ha marchado fuera de España. O le han echado fuera de España. O se ha exiliado fuera de España. Cada uno que ponga el verbo que prefiera porque esto es como los libros infantiles de elige tu propia aventura y se puede escoger la versión que más guste (o convenga). Existen los exilios exteriores y los interiores. En los primeros uno abandona o huye de un país, obligado o forzado por las circunstancias. En los segundos uno trata de huir de sí mismo y de sus circunstancias. Estos suelen camuflarse con un viaje geográfico también, aunque de nada sirven los mapas. El del rey Juan Carlos se vende como un exilio exterior, para que sobresalga la idea de que el rey Felipe no ha puesto un cortafuegos, sino que ha colocado fronteras y océanos entre ambos. Matar al padre, aunque sea con balas de fogueo.

Esta no es una cuestión geográfica. El exilio del rey no es exterior. No se va como lo hizo su abuelo. Aquí de nada sirven, tampoco, los aviones. El suyo es un exilio interior. Trata de huir de sí mismo porque los inquilinos de Zarzuela, que no pueden escapar de palacio, solo pueden huir de él si él desaparece. Pero ahí se queda, en realidad, donde siempre estuvo, convertido ahora en sombra en una familia de relaciones rotas pero cómplices, sentándose su ausencia a la mesa, congelado en las fotografías de más de 40 años de reinado y silencios. Por mucho que ponga tierras de por medio, no existen las distancias. ¿De verdad era necesario que se fuera de España? ¿No hubiese bastado, como simbolismo, con que saliera de Zarzuela?

Pienso en el caso del rey y recuerdo que hace unos años, cuando salió de la cárcel, quedé en su casa con Francisco Correa. Le había visitado meses antes en prisión. Vestía ya allí ropa del Decathlon, como el resto de los presos, para ser y parecer uno más, pero seguía leyendo sus revistas de yates. Entonces me prometió que, cuando saliera, me daría una entrevista. Aquel día, en su casa, se lo recordé y reclamé la entrevista. Me apremiaba el tiempo, por la exclusiva que quería conseguir y porque yo planeaba marcharme a vivir fuera de España. “Vete. Haces bien en irte. Este país está lleno de ladrones”, me dijo Correa. “Si no me hubiera quitado el pasaporte la Audiencia Nacional, yo también me iría”, añadió.

David López Canales es periodista freelance colaborador de Vanity Fair y autor del libro ‘El traficante’. Puedes seguir sus historias en su Instagram y en su Twitter.

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