El nuevo hogar (oficial) de la vicepresidenta Kamala Harris: más privado que la Casa Blanca

De la misma forma que Donald Trump debe dejar la Casa Blanca para permitir que Joe Biden la ocupe, Mike Pence tiene que hacer lo mismo con Kamala Harris. Sí, el vicepresidente del país también tiene una residencia oficial, ocupada desde 1977 por la persona que ostenta el cargo en cada momento y de cuya privacidad y seguridad disfrutará Harris junto a su familia. Y seguro que la primera vicepresidenta de Estados Unidos dejará su huella en la mansión de tres plantas como hicieron el resto de vicepresidentes.

La propiedad se sitúa a cuatro kilómetros de la Casa Blanca, en el interior de un terreno aislado destinado al Observatorio Naval de Estados Unidos -que sigue funcionando como tal- y sobre una colina. Se trata de una construcción de 1893 que se conoce por el nombre de la calle en la que está situada: Rotonda del Observatorio nº1. Por esa casa Harris dejará su apartamento de Washington por el que pagó más de 1,4 millones de euros y tiene unos 150 metros. En su nueva casa podrá alejarse del frenesí de Washington, según contó la misma Jill Biden, la inminente nueva primera dama, que sabe de lo que habla porque vivió en esa misma mansióncuando su marido era vicepresidente de Barack Obama:

Inicialmente, fue levantada con la intención de que la ocupara el superintendente del Observatorio, pero en 1923 el jefe de operaciones navales encontró la vivienda tan perfecta que decidió instalarse él mismo en ella. No fue hasta 1974 cuando el Congreso de EEUU quiso proporcionar una vivienda oficial al vicepresidente de la cámara, para mejorar y abaratar los gastos en seguridad de la persona que ocupa el cargo al que accede hoy Harris.

De Rockefeller a Pence

El primer vicepresidente que estuvo en posición de poder habitarla, Nelson Rockefeller, decidió sin embargo continuar viviendo en su propia casa. Las reformas retrasaron su entrada en la propiedad y le pilló en mitad del mandato la posibilidad de cambiarse. Como consecuencia, decidió utilizarla como lugar de recreo y fue el siguiente vicepresidente, Walter Mondale, quien se instaló de forma permanente en ella en 1977. Así lo publicó en 2017 el historiador Charles Denyer, en su libro sobre la casa presidencial, Number One Observatory Circle: The Home of the Vice President of the United States (Rotonda del Observatorio número uno: La casa del vicepresidente de los Estados Unidos). En el que desveló algunos de los secretos mejor guardados de la mansión.

Si son secretos es porque la privacidad de dicha propiedad es mayor que la de la Casa Blanca. Mientras que Biden se verá obligado a exponer los cambios en la decoración que haga, los adornos navideños durante cada período festivo o los arreglos florales de los jardines de su residencia, Kamala no tendrá esas obligaciones. La casa está sometida a un ostracismo voluntario: rodeada de arbustos que la protegen de mirones, siempre ha gozado de una privacidad intencionada, debido a lo que no hay demasiadas fotos ni toures oficiales sobre la misma. No se ha hecho famosa porque el interés de la prensa no ha estado nunca centrado en divulgar su existencia, algo de lo que habla Denyer en su libro: “Pregunta a cualquier estadounidense dónde vive el vicepresidente, y casi seguro obtendrá como respuesta una mirada confusa”, afirma.

Es precisamente esa privacidad la que llevó a Jill Biden, una de las personas más "indiscretas" sobre la mansión, a asegurar que ella encontraba la serenidad en esa casa. Algo que creía que los Pence también disfrutarían; y ahora Kamala y los suyos."Cada persona ha agregado algo para mejorar el hogar de la próxima familia", dijo también Jill Biden a The Washington Post en 2017. Y es que, cada nuevo vicepresidente ha añadido diferentes remodelaciones a la propiedad, dejando impregnado en ella su propio sello. La misma Jill ayudó a crear el jardín del patrimonio familiar del vicepresidente, en cuyas piedras alrededor de la fuente, todos los habitantes y sus familiares dejan grabado su nombre. Incluso lo hacen las mascotas.

Sin duda, el cambio del que más han disfrutado los Biden, es la piscina; y eso que ni siquiera es obra suya. Fue mandada construir por Dan Quayle, quien Joe asegura que es “su vicepresidente favorito” por esa misma razón. Desde los años 90 el nuevo espacio de la casa acogió -y lo sigue haciendo- las fiestas de verano más selectas. George H. W. Bush instaló un pozo en el jardín durante su vicepresidencia, además de una pista de correr de casi medio kilómetro en el interior del terreno. Una instalación que disfrutó también cuando asumió la presidencia en 1988. ¿Le dejará Kamala hacer lo mismo a Biden con la piscina? .

Reformas significativas

Toda una serie de cambios que no habrían sido posibles de no ser por las aportaciones voluntarias que los contribuyentes pueden hacer a la Fundación Residencia del Vicepresidente desde 1991; y de las participaciones privadas de los propios vicepresidentes que han vivido en ella. En tiempos de Lyndon B. Johnson y Hubert Humphrey se aprobó una ley que permitía construir una nueva mansión en el interior de la propiedad del Observatorio. Sin embargo, el vicepresidente consideró que lo más prudente era posponer indefinidamente el proyecto, en vistas de las consecuencias económicas de la Guerra de Vietnam para el país. La nueva estructura nunca llegó a levantarse. Puede que sea esa una de las razones por las que Dick Cheney decidió llevar a cabo una reforma integral de la casa en 2001, cuyos gastos corrieron de su propia cuenta y gracias a donaciones privadas.

A pesar de que la construcción inicial de la mansión no escatimó en gastos y, traducida a dólares de hoy en día habría costado unos 470 mil euros, el tiempo había desmejorado mucho su calidad para cuando llegaron los 2000. Así, la armada del país tuvo que asegurar suelos y chimeneas, mejorar desperfectos en general y aumentar las medidas de seguridad de la propiedad. Esto último recibió una especial atención debido al pánico que habían causado los atentados del 11S. Además, Cheney aprovechó las reformas para contratar al aclamado decorador Frank Rabb Randolph, quien revisitó los 800 metros cuadrados que ocupan sus interiores con colores verdes y cremas, además de añadir obras de arte donadas por museos como el Phoenix Art. La reforma fue tan exquisita que incluso mereció un reportaje de la revista AD.

Otra polémica con respecto a la seguridad surgió debido a otro comentario indiscreto de Jill Biden, quien dejó caer en una entrevista ante la prensa que había un búnker en la propiedad. Su equipo de prensa se esmeró en desmentir el rumor, pero los vecinos de la zona aseguraban que en 2002 escucharon incidentes que se parecían a explosiones y que provenían de los bajos de la casa. Anterior a la construcción de los supuestos refugios subterráneos, la casa tenía tres plantas, de las cuales la tercera estaba destinada al servicio, pero más tarde se convirtió en una buhardilla con cuatro habitaciones. Un espacio extra que Harris seguro necesita si sus hijos o hijastros deciden vivir con ella y con su actual marido, Douglas Emhoff.

El futuro de Kamala

Pero además de disfrutar de sus comodidades, sus instalaciones y el buen gusto con el que está decorada, Kamala también tendrá que actuar como anfitriona de fiestas, barbacoas y reuniones de poderosos si la pandemia lo permite. Puede que, como hizo Dan Quayle con el príncipe Carlos, Harris invite a la propiedad a su hijo menor, el príncipe Harry. Una visita más que pertinente ahora que vive en Estados Unidos junto a Meghan Markle y que ambos luchan por la visibilización de los derechos civiles. O al primer ministro de Irlanda, Micheál Martin, para recuperar las tradiciones de los Biden: Enda Kenny visitó a Joe durante ocho años consecutivos con motivo de la celebración del día de San Patricio.

No sabemos si Kamala Harris disfrutará tanto de la piscina como Biden o se dedicará al atletismo como Bush. Tampoco si publicará retratos navideños tomados en su interior o posados en su porche para inaugurar su puesto como los Pence. Pero seguro que hace historia -en realidad ya lo ha hecho- en la asombrosa y desconocida propiedad.

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