El 10% de los niños padece con alergias alimentarias ¿por qué?

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    La SEICAP define la alergia alimentaria como «una emergencia que suele manifestarse durante los primeros minutos posteriores al contacto o ingesta del alimento responsable». Los síntomas pueden ser variados: en una reacción de leve a moderada: erupción, inflamación, picor, lagrimeo, enrojecimiento ocular, irritación nasal, tos… En una reacción grave: dificultad respiratoria, asma, opresión torácica, palpitaciones, mareo. La reacción de mayor gravedad, según la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Latex (AEPNAA), es la anafilaxia, con afectación cardiovascular y riesgo de muerte.

    La intolerancia alimentaria puede provocar malestar, mientras que la alergia es una reacción del sistema inmunológico a determinados alimentos, que desencadena la producción de químicos como histamina para protegernos.

    Múltiples causas

    La prevalencia y aumento de estas reacciones en niños tiene causas multifactoriales: el cambio climático y el calentamiento global, los nuevos hábitos en la alimentación, con más consumo de comida procesada y aumento de aditivos y alérgenos ocultos.

    Lo más común es que durante los primeros años de vida el niño desarrolle algún tipo de intolerancia alimentaria que sea fácil de detectar y de vigilar. De hecho, en la actualidad, la intolerancia más común es la celiaquía, que provoca que no se digiera el gluten. No obstante ahora existen decenas de productos sin esta proteína que hace que la vida del niño y de los padres sea más sencilla.

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    Las alergias más comunes: a la leche y los huevos

    Las reacciones alérgicas más frecuentes en niños son las producidas por la leche, huevos, frutos secos y pescado. En el caso de la leche, la más común es la de vaca (es diferente a la intolerancia a las proteínas de la leche o la lactosa); en niños, la alergia a los huevos puede desaparecer cuando entran en la adolescencia; con los frutos secos, la reacción persiste con los años, siendo raro que desaparezca; igual que en el caso del pescado.

    Aunque nuestro hijo tenga una intolerancia o una alergia eso no significa que tengamos que dejar de lado las dietas saludables pues hay muchas opciones para poder comer rico y sano evitando los alimentos que nos puedan causar algún problema. Aquí tienes ideas para 30 recetas de cenas para dejar de pensar qué cocinar.

    Cuando hay una alergia: nociones básicas

    Para mayor seguridad, el tratamiento es evitar la ingestión y el contacto con el alérgeno, así como los utensilios empleados en el cocinado. Hay que seguir una dieta de exclusión. Se recomienda limitar el consumo de productos industriales.

    En algunos casos, hay que evitar el contacto cutáneo (besos, roces) con la persona alérgica; también, cuidado con los síntomas respiratorios por inhalación. Y en el caso de que exista riesgo de anafilaxia, consultar con el médico la necesidad de llevar adrenalina autoinyectable.

    Por supuesto es muy importante vigilar el etiquetado de toda la comida que le vayamos a dar al niño, ya que en muchas ocasiones puede haber contaminación cruzada, como por ejemplo en las chocolatinas o productos de bollería envasados en los que muchas ocasiones hay restos de frutos secos e incluso trazas de lactosa que no son fáciles de identificar a simple vista.

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