Descubrimos a Martin y Félix, los desconocidos hijos de Victoria Abril

Si hablamos de Victoria Mérida Rojos pocos sabrán que bajo ese nombre se esconde Victoria Abril (61), una de las actrices más valoradas y populares de nuestro país. La intérprete, con una mochila de más de cien películas y una veintena de series a sus espaldas, recibirá el próximo 8 de febrero el Premio Feroz de Honor. “Su carrera es el espejo mismo de las entrañas emocionales de las mujeres españolas. La fortaleza de sus personajes son la extensión de su carisma", han dicho desde la Asociación de Informadores Cinematográficos de España.

Pero para sorpresa de muchos, Victoria Abril de niña soñaba con subirse a un escenario pero no para dar vida a un personaje sino para bailar. Nacida en Madrid, se crio en Málaga con su madre, enfermera en un hospital, y su hermana y la ausencia de su padre marcó parte de su infancia. Con ocho años, Victoria regresó con su familia a la capital y fue ahí cuando empezó a tomar clases de ballet durante cuatro horas al día en una academia cercana a la Gran Vía. Su pasión era tal que llegó a obtener una beca para continuar sus estudios en Alemania, pero no contaba con el dinero suficiente para mantenerse allí.

La joven Victoria siempre pensó que su padre había fallecido antes de su nacimiento, pero su abuela materna le contó un día que seguía vivo y que trabajaba en un ministerio en Madrid. Ella no dudó en ir a buscarlo pero cuando consiguió la pista que le llevaba hasta él, descubrió que había fallecido poco tiempo antes. “De él solo tengo su nariz”, bromeó años más tarde en un canal de televisión francés tratando de no entrar en detalles sobre ese aspecto de su juventud.

De la danza al cine

En 1974 algo hizo que le cambiara la vida y su futuro para siempre. Su madre quería que la joven Victoria trabajara como secretaria para ganarse la vida y ayudar en casa. Pero a ella eso no le atraía demasiado. Con tan solo 15 años, Victoria debutaba como actriz en la película Obsesión (la rodó en abril y de ahí su apellido artístico), de Francisco Lara Polop, y un año después hacía un pequeño papel en Robin y Marian, protagonizada por Sean Connery y Audrey Hepburn y rodada en Navarra; y otro en El Puente, de Juan Antonio Bardem y en El hombre que supo amar, de Miguel Picazo, en 1976. Pero la popularidad le llegó gracias a unas gafas gigantes en su debut televisivo como azafata del mítico Un, dos, tres… responda otra vez, programa en el que estuvo dos temporadas.

En 1977 comenzaba una estrecha amistad con Vicente Aranda tras protagonizar Cambio de sexo. Con el director haría luego otras muchas películas: Tiempo de silencio (1986), El Lute: camina o revienta (1987), Amantes (1991) o Libertarias (1996). Ese año se casó con el que sería su primer gran amor, el futbolista chileno Gustavo Laube, casi quince años mayor que ella, con el que rompió en 1982 después de una relación en la que las trifulcas eran continuas.

Y su vida dio un nuevo giro. Se enamoró de un operador de cámara llamado Gérard de Battista (su verdadero nombre es Gérard Nicolas André Letellier) durante el rodaje de La Guerrillera y decidió mudarse a París, ciudad en la que hoy en día sigue viviendo. Junto a De Battista, Victoria vivió algunos de sus años más felices en lo personal y fructíferos en lo profesional. Rodó en España, pero también en Francia, Italia y Suiza. Fue chica Almodóvar en La ley del deseo (1986) y en Átame (1989), y repitió colaboración con el manchego en Tacones Lejanos (1991) y Kika (1993).

El anonimato soñado en París

Victoria Abril consiguió el prestigio y al mismo tiempo el anonimato que siempre había querido en Francia. Con el director de fotografía, del que se separó tras 15 años de relación, tuvo a sus dos hijos. El mayor, Martin, nació en 1990 y dos años más tarde venía al mundo Félix. Ellos fueron el tercer giro vital en su existencia. “Cuando me ocupaba de mis hijos rodaba un par de filmes al año. Ahora, en un año he hecho unos trece para la televisión. Hace 25 años que no hacía algo así”, recordaba en 2016 en una entrevista en Paris Match.

Y es que sus hijos se convirtieron en el centro de su vida y se ocupó de estar cerca de ellos durante los años más importantes para los pequeños. “Ellos me hicieron sentir orgullosa de mí mismo. Solía soñar todo el tiempo con ser otra persona. Desde el día que tuve a Martin y Félix, me olvidé de mí misma. Tener hijos te hace sentir mejor. Desaparecieron las inseguridades, todas esas cosillas que te cabrean en el día a día y que, al final, no son importantes. Te deshaces de lo superfluo cuando cuidas de alguien de por vida”, decía en Gala en 2007.

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Su hijo mayor es empresario de moda

Y ese arrojo del que ella siempre ha presumido, esa personalidad arrolladora que la ha hecho ganarse en alguna ocasión las críticas de algunos, fue lo que trató de inculcar a sus hijos. “Los crié como hombres para que se casen. Aprendieron a hacer la compra, cocinar, limpiar, para poder contribuir con las tareas del hogar. Para una mujer, es mucho más agradable vivir con un hombre así. ¡Yo no eduqué a mis hijos para que fueran cobardes!”, comentaba en Closer. Además, Victoria, madre protectora donde las haya, logró que siempre quiso para ella, que sus hijos sean unos completos desconocidos para la prensa tanto española como francesa. Únicamente hay una imagen de ella con los dos cuando aún eran unos niños en un estreno infantil.

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Ambos están muy unidos a su madre y la han acompañado en algunos viajes de trabajo a España. El mayor, Martin (30), es fundador de una empresa de moda llamada Bodements centrada en ropa sostenible y vintage. Abrieron su primera tienda en la India y ahora también venden en París y a través de su web. Vive a caballo entre París y Mumbai, en India, y además, es artista y asesor en el sector de las bebidas. Tiene una relación con la consultora de moda y directora creativa y cofundadora de Bodements, Divya Saini, con la que suele viajar a India y recorrer algunos de los locales más exclusivos y alternativos de la capital francesa. El menor de los hijos de la actriz, Félix (28), estudió en la escuela de programación Le Wagon Paris y es un apasionado de los viajes, la fotografía y los gatos.

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Siempre esquiva con la prensa del corazón, tras su separación del padre de sus hijos, Victoria vivió un romance con el productor de cine Pierre Edelman y después con un arquitecto y fotógrafo llamado Nicolas Omet al que conoció en Cuba. “Es cubano. Le conocí en La Habana después del divorcio del padre de mis hijos. No encontrábamos taxi para volver y se ofreció. Me di la vuelta y vi a ese pedazo de hombre”, recordaba la actriz sobre su encuentro con el hombre que estuvo a su lado más de una década.

“Olvidada” por los directores españoles

Victoria Abril ha logrado todo lo que se ha propuesto en su carrera y en su vida personal. Es la segunda actriz española (por detrás de Penélope Cruz que tiene 11) con más nominaciones a los Goya (ocho nominaciones y lo ganó por Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto en el 96); ha obtenido un Oso de Plata por Amantes (1991), tiene dos Conchas de Plata (por El Lute: camina o revienta y Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto), tres Fotogramas de Plata y ha estado nominada en dos ocasiones como Mejor Actriz Secundaria al César en Francia. Durante ocho temporadas fue protagonista de la serie gala Clem (de 2010 a 2018) y en nuestro país (aunque en 2018 reconocía sentirse “olvidada por los directores españoles” en una entrevista con la Agencia EFE) la hemos visto en los últimos años en Sin identidad y en Días de Navidad en televisión, y en La lista de los deseos, junto a María León, en la gran pantalla.

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