Con más autoras de cómic si hay color

En 2018, Ana Penyas recibió el Premio Nacional de Cómic por su novela gráfica Estamos todas bien (Salamandra Graphic). Era la primera vez en 12 ediciones que lo ganaba una mujer. Y lo hacía, además, con una temática inédita: hablando en viñetas de la soledad de nuestras ancianas, de su dependencia, del cariño de los hijos y de los nietos, de sus cuerpos arrugados. Las protagonistas eran las abuelas de la autora.

Desde el premio, Ana Penyas es una estrella en su barrio. La paran por la calle y la llaman los antiguos vecinos de su pueblo porque la han visto en la televisión. Penyas no quiere revelar en qué está trabajando. “Puedo adelantar que tratará sobre turismo y territorio”, dice. Un tema también poco trabajado. Y es que los artistas de la novela gráfica deben ser, además de grandes artesanos, personas con un radar muy potente, capaces de detectar islas vírgenes, es decir, temas e historias, en terras incognitas.

Con el premio a Estamos todas bien y a otros proyectos firmados por mujeres, se ha rubricado la explosión del cómic de autoras en España. En el Salón Internacional del Cómic de Barcelona de 2018, Laura Pérez Vernetti recogió el Gran Premio por su larga trayectoria y por su búsqueda de nuevos modos, sobre todo poéticos, de narrar con imágenes; en la edición de 2019, María Medem ganó el de Autor Revelación por Cenit. La jovencísima Núria Tamarit se llevó el premio Valencia de Novela Gráfica, y Sole Otero acaba de alzarse con el galardón Fnac-Salamandra Graphic (que también recibió Penyas en su momento) por su proyecto Naftalina. Además, el colectivo internacional de autoras Chicks on comics ganó, con Las ciudades que somos, el II Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas Narrar la Ciudad, con una obra heterogénea y fresca sobre ciudadanías líquidas en el siglo XXI.

El auge del feminismo –y el del cómic, que ha resistido a la crisis– visibiliza a las autoras.

Más allá de los focos de los galardones, decenas de autoras de cómic en español han visto cómo sus libros recibían una gran atención del público y de los medios. No hay duda de que el auge del feminismo ha sido un factor importante para esta súbita visibilización. Pero no es el único. Al contrario que los libros exclusivamente textuales, que con la crisis económica y el auge del libro electrónico perdieron lectores, los álbumes ilustrados y las novelas gráficas no solo han mantenido a su público habitual, sino que han conquistado nuevas audiencias. Para esos lenguajes, el papel de calidad es la única plataforma de difusión válida. Y, paradójicamente, las redes sociales han reforzado su influencia.

No hay que olvidar tampoco el contexto internacional. Todo está conectado… y en el siglo XXI lo está a una velocidad ultrasónica. Las culturas francesas y norteamericanas han liderado el fenómeno global, y lo han hecho, sobre todo, con obras de no ficción.

En Francia, la primera obra que destacó brutalmente fue Persépolis (Norma), de la iraní Marjane Satrapi, publicada en cuatro tomos entre el año 2000 y el 2003. La adaptación cinematográfica de estas memorias de la autora –que vivió la revolución islámica en su infancia– fue premiada en el festival de Cannes, lo que multiplicó las ventas y el impacto. En Estados Unidos, la autobiografía de Alison Bechdel, Fun Home (Random House), conquistó premios y públicos con su historia de una niña traumatizada por el probable suicidio de su padre, homosexual reprimido.

Como la vida misma

Tanto en francés como en inglés, las autoras más visibles se sitúan en esa estela de no ficción o semificcional: Sarah Gliddden, Zeina Abirached y Catherine Meurisse son algunas de las creadoras más importantes de los últimos años.

Durante el siglo XXI, toda esa producción internacional ha llegado a nuestras librerías generalistas y a nuestras bibliotecas públicas. También se ha vuelto normal el acceso femenino a los espacios donde se vende y se disfruta el tebeo, como los salones del cómic y las librerías especializadas. En paralelo, han proliferado las opciones de ilustración y de narración en viñetas en los contextos académicos: el Bachillerato Artístico, el grado en Bellas Artes y los programas de posgrado. Para las mujeres nacidas en las décadas de los 80 y 90, ya no es extraño dedicarse a la creación gráfica. Y las vocaciones no son fruto divino, sino construcciones sociopolíticas. Si a todo ello sumamos los programas de diseño gráfico, las redes sociales y el teléfono móvil, que han normalizado los tuneos, las autoediciones, las confesiones y los selfies, quedan claras las líneas maestras del panorama en que ha emergido esta nueva ola de artistas de la viñeta.

Hitos feministas de la historia del cómic, por Rosa Gil:

  • 1942. Nace Wonder Woman, la tercera superheroína con título propio (tras Fantomah y Miss Fury), y la primera que tiene un éxito incontestable.
  • 1965. La francesa Claire Bretécher, autora de Los frustrados, se convierte en una de las primeras autoras europeas de éxito en cómics para adultos.
  • 1972. Trina Robbins edita la revista Wimmen’s Comix, refugio de las autoras underground y de las temáticas feministas: sexo, igualdad salarial…
  • 1987. Rumiko Takahashi se convierte en la primera mujer best-seller del manga –un género casi totalmente masculino– con el shojo Ranma 1/2.
  • 1993. Karen Berger es la primera mujer al frente de un sello importante: Vértigo. De sus manos salen títulos como Fábulas, Constantine o Sandman.
  • 2000. Persépolis, de Marjane Satrapi, muestra la Revolución islámica de Irán con perspectiva crítica y feminista, y abre la puerta a otras autoras de países musulmanes: Lina Ghaibeh en Siria, Zeina Abirached en el Líbano o Diana Abbadi en Jordania.
  • 2006. Fun Home, de Alison Bechdel, resucita el interés por el “test de Bechdel”, que la autora concibió en 1985 en la tira cómica Dykes to watch out for.
  • 2015. Tras el éxito de la nueva Capitana Marvel de Kelly Sue DeConnick, Marvel anuncia la nueva versión de uno de sus héroes clásicos, Thor: una mujer.
  • 2018. Las mujeres prevalecen por primera vez en los premios Eisner, los Nobel del cómic: ganan en 20 de las 31 categorías.

Creadoras ocultas

Según Álvaro Pons, uno de los máximos expertos españoles en el mundo de la historieta, “las autoras son la voz cantante de la nueva generación del cómic”. Pero, como nos ha recordado el colectivo Autoras de Cómic, estas creadoras no surgen de la nada y hay unos cimientos en su genealogía que hay que excavar y reivindicar.

En los años 50 muchas dibujaban anónimamente. Para evitar problemas, él marido firmaba y cobraba.

Para Pons, “la mujer en el cómic español ha sido la gran oculta y olvidada”. En los años 40 y 50, muchas dibujaban bajo el nombre de su marido: “Para evitar problemas, él cobraba y llevaba los dibujos a la redacciones, firmando con su nombre o sin firmar”.Habría que realizar una arqueología sistemática en las publicaciones periódicas del siglo pasado para desenterrar a estas autoras: “Solo hay sospechas, ya no queda nadie que recuerde y corrobore esas historias que hoy nos parecen imposibles”, concluye Pons.

Por eso, Autoras de Cómic ha otorgado premios honoríficos a Rosa Galcerán, Isabel Bas Amat y Nuria Pompeia, tres pioneras nacidas en el primer tercio del siglo XX. Y por eso es significativo que Estamos todas bien inaugure el canon del futuro con un homenaje a las abuelas, a esa masa de mujeres ajenas al mundo del cómic y, a menudo, de la cultura, porque así las preferían los hombres en el poder.

Mis abuelas se llamaban Teresa y Pepa. Teresa no sabía leer ni escribir: le anotábamos los números de teléfono con cifras muy grandes, que ella copiaba para poder entenderlos y llamarnos cuando hacía falta. Pepa sí leía, me contaba cuentos, quería que yo fuera practicante, me decía que le gustaban mucho mis dibujos. Su España –por suerte– ya no es la nuestra: pero no las olvidamos. Como Herminia, la abuela de Ana Penyas, tienen muchos motivos para estar orgullosas de sus nietas.

Cristina Durán

En Bellas Artes, yo era la única chica que hacía cómic”

Desde que fundó con Miguel Á. Giner Bou LaGRUAestudio, en 1993, la valenciana Cristina Durán se dedica al arte del dibujo. Además de varios libros infantiles, ha firmado novelas gráficas como Una posibilidad (Astiberri) o Cuando no sabes qué decir (Salamandra Graphic). En 2018 publicó El día 3 (Astiberri), que narra la historia del accidente del metro de Valencia y de la terrible gestión política de la crisis.

Mujerhoy ¿Cuándo empezó a dibujar en serio?

Cristina Durán Siempre me he tomado el dibujo muy en serio. Esperaba ansiosa la llegada del sábado porque mi abuelo nos compraba tebeos a mis hermanas y a mí. Pero creo que la época clave fue la adolescencia, cuando descubrí las revistas de los 80: El Víbora, Cimoc, El Cairo, Zona 84… y empecé a comprar libros sobre como hacer cómics. Después tuve claro que quería hacer Bellas Artes.

M.H. ¿Cómo definiría su proceso creativo?

C.D. Todo comienza con la documentación. Me empapo del tema. Después pienso, haciendo bocetos rápidos de las cosas que se me ocurren.

M.H. ¿El panorama editorial español es receptivo a nuevos nombres?

C.D. Sí, tanto los grandes grupos como la editoriales modestas. Solo nos falta que aumenten los índices de lectura.

M.H. ¿Están ilustradoras e ilustradores en igualdad de condiciones?

C.D. Hace más 20 años, en mi promoción de la Facultad de Bellas Artes yo era la única chica que hacía cómic. Hoy, en esa misma Facultad, existe un club de cómic con mayoría de mujeres. El sesgo machista, ahora, está sobre todo en que muchos lectores masculinos piensen que las obras hechas por mujeres son solo para mujeres.

M.H. ¿De qué trabajo se siente más orgullosa?

C.D. El primero, Una posibilidad (Astiberri), en el que Giner Bou y yo narramos nuestra experiencia como padres de una niña con parálisis cerebral y después como padres adoptantes. Fue un salto profesional muy significativo en mi trayectoria. Y fue muy importante a nivel personal: transformar una experiencia personal tan dura en una historia que llega a la gente te ayuda a procesarla y a seguir adelante.

Núria Tamarit

Cada vez más hombres trabajan el álbum infantil”

Esta graduada en Bellas Artes de 25 años es una fanzinera convencida y tenaz: es cofundadora del fanzine Nimio, que ha sido premiado en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, ha colaborado en varias revistas artesanales y no es difícil verla en festivales de tebeo vendiendo sus cuadernos de viaje autoeditados. Ha publicado Duerme pueblo (La Cúpula), a cuatro manos con Xulia Vicente, y Avery’s blues (Dibbuks), a partir de un guion de Angux. En 2018 ganó la primera edición del Premi València de Novel.la Gràfica con Dos monedas, un cómic sobre Senegal.

Mujerhoy ¿Cómo crea usted un cómic?

Núria Tamarit Lo definiría como un proceso corto y un tanto improvisado. Me gusta dedicar un tiempo a pensar en la idea, reunir un poco de información y resumirlo todo en un concepto que contenga la esencia de lo que quiero comunicar.

M.H. ¿Hay un interés renovado por la nueva generación de autores de cómic?

N.T. Creo que sí. Nuestro público no es tan amplio como en otros países, pero algunos lectores han empezado a interesarse por el cómic y han surgido muchas editoriales pequeñas e independientes que están apostando por autores jóvenes y por proyectos más arriesgados.

M.H. ¿Existe sexismo en el mundo del cómic y la ilustración?

N.T. Particularmente, no he sufrido ningún tipo de discriminación. En todo caso, he experimentado discriminación positiva, ya que me han propuesto proyectos en los que parecía que era más importante el hecho de ser mujer que mi trabajo. Creo que hoy las oportunidades que encuentran hombres y mujeres para acceder a la profesión de ilustrador o autor de novela gráfica están empezando a ser iguales. Y cada vez vemos a más hombres que trabajan el álbum infantil, o mujeres que dibujan superhéroes.

Susanna Martín

La biblioteca de mi pueblo fue mi pequeño paraíso”.

Aunque viva en Bilbao, Susanna Martín nació y se formó (en Historia y en Bellas Artes) en Barcelona. Es la autora de varias novelas gráficas publicadas por Norma Editorial, como Alicia en un mundo real, con Isabel Franc, traducida a cinco idiomas; Sonrisas de Bombay, junto a Jaume Sanllorente; o Sansamba, también con guion de Franc. Y ha participado en varias obras colectivas. El viaje caracteriza su obra, que siempre atraviesa fronteras.

Mujerhoy ¿Cuándo empezó a interesarse por el dibujo y el cómic?

Susanna Martín Yo siempre he dibujado y he leído cómics, todos los que pillaba, pero al haber crecido en un entorno rural tenía difícil ir a clases de arte. La biblioteca de mi pueblo fue mi particular paraíso. Me dedicaba a copiar viñetas y a tomar apuntes de la tele cuando emitían Dragon Ball o Los caballeros del zodiaco. Pero suspendí dos veces el ingreso en Bellas Artes, así que hice Historia. Cuando me licencié, decidí apostar por lo que me gustaba y estudié Ilustración y Artes Aplicadas al Muro en la Llotja de Barcelona. Pero jamás imaginé que llegaría a dedicarme a dibujar cómics.

M.H. ¿Cómo transita de la idea al cómic?

S.M. Me entretengo mucho en la investigación y documentación. Me encanta porque a veces descubro nuevas historias y aprendo mucho en cada proyecto. También disfruto mucho con el paso siguiente, cuando estructuro la historia y la narración. La parte de dibujar “bonito” las páginas me aburre. Al tener la historia estructurada y abocetada, me entra cierta ansiedad para pasar ya a la siguiente fase, el entintado y coloreado. Si es un trabajo largo y hay cierta prisa por entregar, la hago en digital; si es una historia corta y propia, aprovecho para experimentar con registros y técnicas distintas.

M.H. ¿Cómo llegó a profesional?

S.M. Como en un cuento de hadas. Una profesora de Arte de mi escuela me presentó a la escritora Isabel Franc, que buscaba dibujante para llevar al cómic su experiencia con un cáncer de mama. Le gustó mi estilo y nos presentamos mediante un agente a dos editoriales. Y Norma lo aceptó. A mí me veían muy verde, pero me dieron unas semanas para mejorar unas páginas y me aceptaron. Ese trabajo fue mi mejor escuela.

M.H. ¿Las editoriales españolas están abiertas a los autores jóvenes?

S.M. Creo que las editoriales que más apuestan son las pequeñas. Las grandes, en mi experiencia, van a lo seguro, pero son las que acaparan las grandes librerías y los centros comerciales.

M.H. ¿Hombres y mujeres tienen igualdad de oportunidades en el cómic?

S.M.

No creo que haya diferencia a la hora de que te publiquen, pero sí en lo que viene después, que es la visibilidad en el mercado. Muchas veces te ponen la etiqueta horrible de “cómic en femenino”, aunque tu historia vaya sobre calamares.

Y la crítica sigue siendo muy androcéntrica. La presencia de autoras en salones, premios, jurados, incluso en altos cargos de editoriales es muy baja. Igual que las periodistas especializadas. Si eres autora, el esfuerzo para que se te reconozca siempre es doble.

Ana Galvañ

Las mujeres ilustradoras cobran un 40% menos”.

De origen murciano, formada en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Valencia y afincada en Madrid, Ana Galvañ se dedicó durante unos años a la publicidad y a la docencia, pero las dejó para consagrar todas sus energías al cómic y a la ilustración. Sus dibujos han sido publicados por revistas de todo el mundo. Sus creaciones experimentales incluyen el fanzine autoeditado Más allá del arco iris, un cómic de 16 páginas incluido en la serie Fosfatina 2000, titulado Luz Verdadera, o Pulse enter para continuar (Apa Apa Cómics).

Mujerhoy Si tuviera que definir su proceso creativo, ¿cómo lo haría?

Ana Galvañ Como algo caótico y desordenado al principio, que después, poco a poco, se va ordenando y cogiendo cierta forma.

M.H. ¿Cómo empezó a dibujar?

A.G. En 2008, cuando era directora de arte en una agencia de publicidad. Al principio lo hacía únicamente para divertirme. Después comencé a subir los dibujos a un blog. En 2014 pude dejar la enseñanza y dedicarme de lleno a la ilustración.

M.H. ¿Cómo llegó a convertirse en ilustradora profesional?

A.G. Ha sido un proceso lento y difícil, sobre todo porque es muy complicado mantenerse como autónoma al principio. Cuando empiezas, te encuentras muy desorientada y con clientes que intentan abusar de tu trabajo; pero poco a poco he sabido sobrevivir en esta profesión, luchando por mis derechos y mi dignidad como profesional.

M.H. ¿Existe discriminación de género en el mundo de la ilustración?

A.G. Aparentemente no, pero las ilustradoras cobran de media un 40% menos que ellos.

Fuente: Leer Artículo Completo