20 propósitos (realistas) para comenzar 2020

Los primeros días de enero es imposible hacer dieta, dejar de beber e ir al gimnasio, pero hay una serie de propósitos que nos sobrevuelan y nos reclaman, suplicando ser activados y con miedo a nuestro kamikaze interno, ese pesimista intensito y aguafiestas que siempre sentencia: “Tú de aquí no te mueves, guapa”. Pero quizá sí me mueva, querido subconsciente. Quizá este año tan sonoro y tan redondo, tan 20 y luego otros 20, quizá este año podamos desobedecerte y crecer…

Yo, por si acaso, voy a hacer mi lista en el móvil, para poder consultarla en cualquier momento (y/o para perderla, que es lo que suelo hacer con las cosas importantes). Ahí va:

1. Whatsappear menos (y mejor). No escribir mensajes en el coche. No esperar los que no llegan. “La vida es lo que pasa mientras chequeas tus redes sociales”, que diría John Lennon. Y la vida es siempre mejor que los mensajes.

2. Levantar la cabeza. Dicen los médicos que el ser humano está cambiando su columna porque se ha empeñado en caminar cabizbajo, uncido a ese yugo molón que llamamos teléfono y es droga. Levantar la cabeza es mirar a los demás a la cara y el mundo de frente. Es ver, ser activo y no pasivo. Levantar la cabeza es dignidad y poder.

3. Tocar. Que es la derivada: dejar de querer por mensaje, audio o Instagram; querer de verdad. Querer queriendo: cuidando, escuchando, tocando.

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4. Relativizar. No tener opiniones contundentes sobre nadie, sobre nada. Practicar la ligereza sin llegar a la liquidez porque, a la vez, en estos tiempos de gentes sin principios, hay que ser más sólido y tener código. Cada uno el suyo, pero claro y con lealtad.

5. Exigir que haya match. Si es con tu pareja, perfecto. Si no, resetear y buscar otro match sin vergüenza, con todos los requisitos (laico o practicante, foodie o vigoréxico, con hijos o con perros), porque la vida es muy corta para emparejarse a medio gas.

6. Saber irse. De una fiesta, de una relación, de una charla. Hasta de una serie porque, por mucho que se hable de ella, son muchas horas invertidas en una frase: “Yo también la estoy viendo”.

7. Entregarse. A la pereza, a la lectura, a la reflexión, a la nada, a los demás y, sobre todo, al silencio. A esas actividades tan del siglo XX cuya ausencia incrementa la estupidez en el siglo XXI.

8. Ser (más) amable. “Ser inteligente es fácil, Jeff; lo difícil es ser amable”. Eso le dijo a Bezos su abuelo. Eso tendríamos que decirnos más. Tener razón es estupendo, pero es mejor tener paz y dar felicidad.

9. Aprender a aprender, seguir aprendiendo. Así, de frente. Diciendo “no lo sé” sin pudor, buscando a quien sabe, pidiendo ayuda, escuchando, leyendo…

10. Gestionar el miedo. A la pérdida, al sufrimiento, a la felicidad, al qué dirán. Existirá siempre, claro, pero que no nos paralice. Aceptar la incomodidad. Y no aceptar la frase: “Sal de tu zona de confort” ni ninguna otra frase hecha. Dejarse hueco para crecer, para sorprenderse, para probar.

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11. Dejar el yo en casa. Cada vez más, las reuniones y las cenas son turnos de “yo”. “Yo estuve/hice/dije…”. Cada uno cuenta su anécdota, conjugando la primera persona del singular; y los demás esperan a que les toque hablar. Hay que llevar la conversación a lo colectivo: el cielo, la educación, el humor…

12. Boxear. Atacar la contaminación, el egoísmo, la enfermedad. Pelearse contra el mundo cuando nos ataca, contra lo que duele, sin hacer daño a nadie. Dejándonos llevar por esa rabia que puede ser energía curativa.

13. Crear. Libros, encuentros o chispas. Crear vida y luz.

14. Dar las gracias, decir te quiero. En caso de duda, dar. En caso de duda, decir algo amable.

15. Recuperar la capacidad de concentración. Probar a hacer algo sin que nos interrumpa un mensaje o nuestra propia impaciencia.

16. Reciclar más y mejor. El cambio climático no son los otros, sino todos. Siempre se puede hacer más: dejar el plástico, ir al punto limpio…

17. No votar (o votar mejor). Decirles que se entiendan, que no queremos volver a las urnas sino confiar en políticos trabajadores, honrados y eficaces.

18. Pasear. Meditar en movimiento, con o sin bici, con o sin perro. A ser posible, de la mano de alguien bueno. Con la cabeza alta, abrazando árboles, acariciando hojas, buscando nubes.

19. Sonreír. A quien quieres y a quien te gusta poco o nada.

20. Y reír. Llorar de risa. Por una tontería, porque sí.

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