¿Por qué no deberías ducharte con agua muy caliente?

Llegar a casa después de un largo día de trabajo y darse una ducha de agua caliente –o un baño relajante, si tienes la serte de tener bañera en casa– es de lo más reconfortante, más cuando en la calle hace un frío helador. Sin embargo, a pesar de que este gesto te sienta fenomenal en el momento, el agua caliente es perjudicial para la salud de tu piel, ya que la deshidrata y reseca.

Los dermatólogos prohíben las duchas largas y con agua caliente a los pacientes que sufren dermatitis atópica o eccemas, ya que los síntomas se agravan visiblemente con ellas. De hecho, incluso el acné, la rosácea y la piel excesivamente seca pueden empeorar con las duchas largas y calientes, que atacan la barrera cutánea, desprotegida debido a los problemas cutáneos. Aunque no es necesario que sufras de piel seca o tengas ningún problema dermatológico para que una ducha o un bañs de agua caliente empeore la salud y el aspecto de tu piel, sobre todo en los meses más fríos del año, donde pierde humedad debido a los cambios de temperatura y al aire seco y caliente de los radiadores.

Todos somos más propensos a la piel seca y con picazón a medida que bajan los niveles de humedad, por lo que la exposición regular y prolongada al agua caliente eliminará aún más la capa protectora de lípidos, que es la responsable de mantener dicha humedad y también de evitar que las bacterias e irritantes penetren en ella

Si quieres que tu dermis esté suave, hidratada y sana, baja la temperatura del grifo hasta que el agua esté tibia y acorta el tiempo que pasas dentro de la ducha. Además, también puedes añadir un pequeño escudo protector usando geles de ducha suaves, que su fórmula no contenga ingredientes lavantes agresivos o incluso que no tenga jabón.

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