¿Pelo graso? Aprende a evitar que se engrase más de la cuenta

Lo sabemos todas: el pelo es un rasgo clave a la hora de impulsar o disminuir la autoestima. De hecho, si en cualquier evento importante nos miramos al espejo y reconocemos ese brillo sospechoso de la grasa, podemos venirnos abajo inmediatamente y darlo todo por perdido. Es cierto: existen muchísimos trucos de peinado (bandas, diademas, recogidos) e incluso algunos productos (geles, champús en seco) que nos pueden sacar del atolladero rápidamente. Sin embargo, si adaptamos nuestra rutina de lavado podemos evitar llegar a las soluciones de urgencia y mantener la grasa bajo control. Regla número uno: no lavarse el pelo todos los días. Empieza lavando día sí, día no, hasta que puedas estar tres días sin lavarlo.

Importantísimo: elegir un champú y un acondicionador especial para pelo graso y evitar los nutritivos, hidratantes, para pelo dañado o suavizantes. De hecho, usar un champú purificante una vez a la semana puede venirte muy bien. Lo mismo que nutrir el pelo desde el interior con algún buen suplemento vitamínico. También puedes controlar mucho la producción de grasa en el pelo si evitas recetas con grasa (fritos, aliñados con aceite, etc.) y favoreces fruta y vegetales en tu menú diario.

Una manera fácil de saber si te estás lavando bien el pelo es controlar cuándo se termina el acondicionador. Si lo gastas más rápidamente que el champú, es que no lo estás haciendo bien: basta que lo apliques en las puntas, no ha de llegar a la raíz. Tampoco conviene que utilices demasiada cantidad de champú y mejor dos lavados rápidos que uno largo. De hecho, lo ideal es que dobles y aceleres el lavado y lo hagas con el agua templada y, al final, lo más fría que puedas. Una vez a la semana puedes aplicar vinagre de manzana diluido en agua durante unos minutos al pelo: te aseguras una melena brillante e impecable. Y a triunfar.

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