El error (más grave) que cometes ahora al limpiarte la cara mientras sigues encerrada en casa

El hecho que tu piel no se vea amenazada por la polución del exterior porque estás dentro de las cuatro paredes de tu hogar no significa que desaparezcan de golpe todo los desafíos a los que se enfrenta cada día. Te lo hemos contado ya: tienes que reforzar ahora el sistema inmune de tu piel, apostar por la vitamina C para que siga luminosa, crear rituales de cuidados con mascarillas para tenerla bien nutrida y reforzar los cuidados nocturnos. Pero si no te tomas en serio la limpieza del rostro por la mañana, y, sobre todo, por la noche, te vas a llevar una sorpresa desagradable en forma de granos, poros obstruidos, sequedad y una textura rasposa. Porque sabemos que estás cometiendo deslices beauty que le van a pasar factura a tu piel.

El gran error consiste en pensar que, como no sales a la calle y no te pintas por las mañanas ni te retocas la mediodía, no necesitas desmaquillarte. ¡Falso! La prueba de que es tan necesario como siempre te la da ese algodón que nunca engaña. Prueba al final del día con un disco desmaquillante empapado en agua micelar y comprobarás que se tiñe de marrón a pesar de no haber pisado la calle. Vale, no sale tan negro como cuando vuelves a casa tras varios transbordos de metro y autobús, ocho horas en la oficina y una par de cervezas con las amigas (sí, nosotros también lo echamos de menos). Pero la suciedad está ahí.

La razón es que el sebo del exterior de tu piel atrapa las partículas del aire que respiras. Y en él hay polvo, ácaros, partículas de la calefacción, residuos de aceite de cuando preparas la comida y COVs, unas partículas volátiles que se encuentran de forma gaseosa en el ambiente y que procedes de cosas tan dispares como envoltorios, plásticos y tintas de libros.

Haznos caso, pásate inmediatamente no ya a la doble, sino a la triple limpieza de inspiración coreana. Te explicamos cómo va:

• Empieza con un producto jabonoso (esencial en estos tiempos en los que el coronavirus amenaza con colarse en nuestro organismo a través de las mucosas de nuestro rostro). Mejor si es de fórmula syndet (sin detergentes agresivos) para que no reseque demasiado, sobre todo si tienes la piel sensible. Encuentras espumas limpiadoras muy efectivas y cero agresivas en firmas como Shiseido, Filorga o Avène.

• El segundo paso implica el uso de un aceite o un bálsamo desmaquillante. Lo puedes aplicar con algodón o puedes aprovechar para darte con los dedos mediante un buen masaje facial. Además de arrastrar toda la suciedad que haya dejado el jabón, reactivas la microcirculación de la piel, que es algo que tu cara te está pidiendo a gritos. Acláralo con agua templada. Muchos de ellos se transforman en texturas lácteas en contacto con el agua y se eliminan enseguida. Lo buenos es que su textura emoliente no deja la piel tirante ni reseca.

• Por último, dale cancha al agua micelar (también en su versión gel). Si te has dejado algún residuo de algún tipo, sus micelas lo van a atrapar como un imán sin necesidad de frotar. Empapa un disco desmaquillante y presiona ligeramente por todo el rostro. Confiamos en que ahora el algodón salga ya limpio e impoluto.

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