Cómo la lactancia materna evita contaminar el planeta

Es muy probable que en los últimos años hayas oído hablar con frecuencia sobre los múltiples beneficios de la lactancia materna para la salud. La protección frente a patologías infantiles, prevención de caries o aumento de la inteligencia en el caso de los bebés, así como reducción del riesgo a enfermedades como el cáncer de mama o de ovario son algunas de las ventajas destacadas para la madre que decide dar el pecho. Una larga lista que cada cierto intervalo de tiempo incorpora nuevas pruebas. Pero, ¿sabías de sus beneficios desde el punto de vista de la sostenibilidad? Posiblemente, o al menos así sucederá para la gran mayoría, la respuesta sea negativa.

Sin embargo, cada vez son más los estudios científicos que hablan sobre el estrecho vínculo que existe entre esta forma de alimentación y fenómenos como el cambio climático. “Se trata de un alimento natural y renovable, que no deja huella de carbono en el medioambiente; no requiere envasado, transporte ni combustible para su producción, preparación y consumo, y tampoco produce desechos”, explica Anna Bach Faig, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC e investigadora del grupo de investigación FoodLab de la misma universidad.

Menor impacto ambiental

Una investigación reciente publicada en el British Medical Journal en la que han participado expertos del Imperial College de Londres, confirma que dar el pecho durante seis meses, como bien recomienda desde la Organización Mundial de la Salud, supone un ahorro de entre 95 y 154 kg de emisiones de CO2 por bebé. Además de ello, el propio estudio asegura que la cantidad de agua caliente necesaria para calentar los biberones de la leche de fórmula, el sustituto artificial de la leche materna, implica un gasto al año que equivale, nada más y nada menos, que al de cargar 200 millones de smartphones.

“El pecho de la madre es el mejor envase que existe: estéril, capaz de dosificar la cantidad exacta que requiere el bebé y a la temperatura óptima. Sustituir esto por una leche de fórmula implica el uso de recursos adicionales: por un lado, el empleo de envases procedentes de la propia fórmula infantil, pero también el consumo de agua, el uso de los biberones y las tetinas, los productos para esterilizarlos, los calentadores…”, explica María José Rodríguez Lagunas, profesora colaboradora del máster universitario de Nutrición y Salud de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y profesora de la sección de Fisiología de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Barcelona a la hora de hablar sobre el efecto de la leche materna en la huella ecológica.

La propia experta cree que es necesario invertir más tiempo y recursos para promocionar la lactancia materna y, en este sentido, poner en valor su aporte medioambiental. Un apunte que viene en relación a la baja cifra de mujeres que deciden optar por la lactancia materna en exclusiva, solo el 40%. Según Lagunas, el dolor, el estrés, las dificultades al dar el pecho o los problemas de conciliación familiar son las principales causas a la hora de cambiar a la leche en fórmula.

Un dato muy revelador, que pone el foco directo en este vínculo hasta ahora desconocido y que Natalia Panadero, investigadora del grupo FoodLab de la UOC ha querido destacar es que, según algunos estudios realizadas sobre este tema, los países más afectados por el cambio climático muestran también las tasas más bajas de lactancia materna.”Estas evidencias convierten a la lactancia materna en uno de los aspectos a tener en cuenta a la hora de plantear y poner en marcha iniciativas dirigidas a reducir nuestra huella en el medioambiente”, señala Panadero.




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