Colágeno y ácido hialurónico: qué son y para qué sirven

Colágeno y ácido hialurónico, ambos son dos términos a los que ya estamos muy habituados, pues forman parte de las composiciones de los productos que vemos anunciar en televisión y promocionar en redes sociales. Nos queda claro que son ingredientes beneficiosos para la piel ambos, pero, ¿qué función tiene cada uno de ellos? y ¿en qué se diferencian?

Para empezar te diremos que son activos completamente compatibles entre sí y que a día de hoy son dos de los ingredientes más potentes con los que podemos contar para frenar la aparición de signos de la edad, como las arrugas, la flacidez o la pérdida de tersura y volumen en el rostro.

Cuando hablamos de colágeno nos referimos a una proteína que genera nuestro propio organismo y junto a la elastina crea una red que es la encargada de mantener la piel firme, lisa y sin arrugas. Y, entonces, ¿por qué necesitamos aplicarnos esta proteína de forma externa a través de los cosmético?

La respuesta es que el colágeno que genera nuestro cuerpo va disminuyendo a partir que alcanzamos los 20 años de edad. Desde entonces la cantidad se reduce un 1% al año. Aquí es cuando entran en acción los cosméticos con colágeno, cuyo cometido principal es mantener esa piel firme y elástica que es un sinónimo indiscutible de juventud.

Conocida la función de este, nos queda saber qué cometido cumple el ácido hialurónico en los cosméticos. Este es un polisacárido -es decir, un tipo de azúcar- cuya función es hidratar la piel en profundidad y aportar volumen. Una de las cualidades que lo hace tan valioso es que es capaz de rellenar los espacios que se quedan entre las células, dotando a estas de mayor flexibilidad. Por otro lado, tiene la capacidad de retener 1000 veces su peso en agua y, lo más importante, aportárselo a la piel, de ahí su gran poder hidratante. Tal y como ocurre con el colágeno, también es una sustancia que genera nuestro cuerpo naturalmente, pero alrededor de los 25 años la cantidad va disminuyendo y se necesita un apoyo externo para llegar a los niveles adecuados.

Ahora que ya conocemos un poco más allá de su nombre a estos ingredientes podemos analizar sus similitudes y diferencias. Como puntos comunes ya sabes que ambos son segregados por el cuerpo de manera natural, pero que este va disminuyendo su producción al alcanzar los 20-25 años. A pesar esto, ambos componentes son fundamentales para combatir los signos del envejecimiento y, como hemos visto, cada uno de ellos se enfoca en unas batallas determinadas. Esto no es todo lo que comparten, otro factor muy a su favor es que ninguno de los dos presentan contraindicaciones a la hora de aplicarlos. No hay que tener especiales cuidados ni precauciones en su utilización como ocurre con otros activos que pueden ser fotosensibles o simplemente no funcionar bien durante el día.

Y si te estás preguntando si se pueden aplicar juntos en una misma rutina, la respuesta es sí. Y no solo eso, sino que al ser activos con acciones complementarias su aplicación simultánea es muy interesante para conseguir unos buenos resultados antiaging.




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