¿A favor o en contra de que Instagram haya eliminado los filtros que imitan la cirugía estética?

Instagram ha eliminado de su catálogo de filtros los más utilizados por las influencers: los que producían un efecto cirugía estética express. La tentación de suavizar los rasgos y conseguir una piel lisa es irresistible pero, además, estos filtros agrandaban los ojos, afilaban los pómulos y engrosaban los labios, consiguiendo la famosa cara de Instagram que tantas mujeres siguen pidiendo en las consultas de estética y a la que tratan de acercarse gracias a los famosos rellenos inyectables de bótox y ácido hialurónico. La preocupación de Instagram no se limita a la cirugía estética: hace unas semanas, también anunció que dejaría de publicar contenidos esponsorizado relacionado con dietas.

La voz de alarma al respecto de estos filtros nació en 2018, cuando los médicos comenzaron a hablar de la “dismorfia de Snapchat”, porque empezaron a ver en consulta a adolescentes que buscaban parecerse a cómo salían en la aplicación. Además, Instagram se ha relacionado insistentemente con la baja autoestima de mujeres y niñas y una percepción negativa del propio cuerpo. De hecho, un estudio reciente ha demostrado que cuanto más tiempo pasan estas en Instagram, mayor es su deseo de cambiar su físico con cirugía estética e inyectables.

Dos de los filtros más claramente relacionados con las operaciones, FixMe (Arréglame) y Plastica (cirugía plástica), conseguían los rasgos característicos en Kim y Kylie Kardashian o Bella Hadid, esos que solo pueden ser alcanzados mediante operaciones. Las aficionadas a los filtros podían verse “mejoradas”, pero solo en la pantalla, lo que redundaba en un rechazo al físico que no podían modificar. La app más popularde 2017 en Apple, FaceTune, tuneaba las facciones para acercarlas al más difícil todavía: un dibujo animado. Aún así, las jóvenes seguían acudiendo a las consultas pidiendo esos rasgos de ficción.

En la encuesta de 2017 de la Academia Estadounidense de Cirugía Plástica y Reconstructiva Facial a sus miembros, el 55% de los cirujanos reveló que la motivación principal de los pacientes era verse mejor en selfies, en comparación con el 13% que había contestado eso mismo en 2016. Y lo peor: un informe científico publicado el año pasado en la la revista médica estadounidense “JAMA Facial Plastic Surgery” sugería que las imágenes filtradas que “desdibujan la línea de la realidad y la fantasía” pueden desencadenar un trastorno dismórfico corporal, una condición de salud mental donde las personas se obsesionan con defectos imaginarios en su apariencia. Mejor vernos (y querernos) tal y como somos, ¿verdad?

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