Tatiana Radziwill, la amiga inseparable de doña Sofía en aquellos veranos felices de Mallorca

Durante los veranos en Mallorca en los setenta, cuando la familia real se instaló en el palacio de Marivent gracias a la cesión del gobierno de la isla, las grandes confidentes de la reina Sofía fueron su hermana Irene de Grecia y su prima Tatiana Radziwill. Entonces la prensa seguía minuciosamente los pasos de las tres, siempre inseparables. Tatiana era uno de sus dos pilares fundamentales y era normal verlas juntas paseando por la isla y cargando con bolsas de rebajas de los grandes almacenes de Palma.

Sin embargo, la historia unió a las dos mujeres casi desde su nacimiento. Tatiana Radziwill es hija de la princesa Eugenia de Grecia y del príncipe polaco-lituano Dominico Raniero Radziwill. Su ascendencia abarca la nobleza de toda europa y es una de las royals con más sangre azul que viven a día de hoy. Ambas son bisnietas del rey Jorge I de Grecia, lo que las hace primas, pero no primas hermanas. La madre de Tatiana sí que era prima del rey Pablo I de Grecia, el padre de Sofía. Nacidas con un año de diferencia, –Sofía en 1938 y Tatiana en 1939–, ambas tuvieron que huir de país en país por los estragos que la II Guerra Mundial causó para la monarquía del país heleno, que había sido invadido por los nazis. Gran parte de los miembros de la familia real griega encontraron refugio en Sudáfrica, donde la relación entre Sofía y Tatiana se estrechó y consolidó.

En el libro de Pilar Urbano La reina de cerca, Sofía se sincera sobre lo que recuerda con su prima de sus años en el continente africano: "Tatiana y yo teníamos cada una nuestra muñeca, pero solo un carricoche para sacarlas de paseo. Nos peleábamos, tirando cada cual, por su lado, a ver quién se lo quedaba. Y, claro, por nuestras peleas acababan discutiendo también nuestras madres, como ocurre en todas nuestras familias”. Unas declaraciones que Tatiana terminó de completar en 2018, en una conversación con la periodista Carmen Enríquez para su libro Tras los pasos del rey. "Compartí su vida en Sudáfrica, cuando éramos bebés y, según nos contaron nuestras niñeras, yo acostumbraba a morderla. Pero luego aprendimos a no pelearnos y disfrutábamos de verdad de la compañía y los juegos de una con la otra”, confesó.

“Unos pocos años después, tuve suerte de compartir con ella la vida familiar en Grecia durante las vacaciones a través de toda mi juventud, lo que fue una fuente inolvidable de felicidad para mí”, continuaba en su explicación. Después de unos años felices en Sudáfrica, además de muchos otros junto a la familia real griega en Atenas, Tatiana se fue a estudiar a la Universidad de París, pero la relación entre las primas se mantuvo a pesar de la distancia y siguieron realizando gran cantidad de viajes juntas. Tanto es así, que doña Sofía la considera una hermana más, aparte de Constantino e Irene de Grecia. Es su “tercera hermana” y quiso contar con ella para que hiciera de dama de honor en su boda con Juan Carlos, cuando Tatiana aún estaba soltera.

En la ciudad del amor Radziwill encontró al suyo: se casó con el doctor Jean Henri Fruchard. Su estudios en bacteriología la acercaron a la especialización en cardiología que estaba cursando Fruchard y el resto es historia. A día de hoy, su matrimonio se mantiene imperturbable en el tiempo, de la misma forma que su relación con su prima. Y es tan buena que se extrapola también al doctor, otro íntimo de la reina emérita. “La Reina es como una hermana, una verdadera amiga con la que tengo tan maravillosos recuerdos compartidos que, a la edad que hemos alcanzado ya las dos, pocas vamos quedando con las que podamos hablar de nuestro pasado. Un tiempo feliz que nos hizo tan fuertes para la vida como encariñadas con los demás, gracias a los valores auténticos que nos dieron", explicaba Radziwill. Cabe destacar, que entre la poco modesta formación de Tatiana se incluyen cinco idiomas, que sabe hablar a la perfección, además de tocar el piano como pocos.

La vida de Tatiana Radziwill se ha caracterizado por la discreción y la sensatez con los medios de comunicación. Su actitud siempre ha destacado por intentar pasar desapercibida, pero nunca le ha fallado a su prima: ni en los malos ni en los buenos momentos. Allí estaba ella, cuando en 2019 operaron a don Juan Carlos en la clínica Quirón. Cada verano, la que goza del tratamiento de su alteza serenísima aunque no haga alarde de ello, vuelve a Mallorca para pasar tiempo al lado de doña Sofía.

“Bueno, Tatiana y yo hemos sido siempre muy amigas. Íntimas. Antes de casarnos, después de casarnos… Ella fue dama de honor en mi boda y aunque ahora vive en París, nos vemos muy a menudo y todos los veranos vienen a Marivent", le confesó también doña Sofía a Pilar Urbano, confirmando la estrechez de su relación.

Juntas siguen paseando igual que lo hacían en los setenta y salen incluso al cine o al teatro. Todos los medios la fotografían siempre con ella, por mucho que quiera pasar desapercibida.

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