Si me queréis, irse: 37 años de la boda más famosa de España, un acontecimiento trágico que el tiempo convirtió en cómico…

Tal día como hoy se cumplen 37 años de la multitudinaria boda de Lolita. Un acontecimiento trágico que el tiempo convirtió en cómico, y donde no faltaron los invitados famosos, la oleada de curiosos y unas cuantas frases célebres.

UNA INVITACIÓN A TRAVÉS DE TELEVISIÓN

“Toda la gente que realmente quiera a Lolita, puede entrar en la iglesia. Estáis todos invitados.” Así respondió Lolita a José María Iñigo, mientras la entrevistaba en Estudio Abierto aquel 25 de mayo de 1983. Para nada podía imaginar la cantante que su tan generosa invitación, digna de una buena folclórica, se iba a convertir tres meses más tarde en la ceremonia más caótica de su vida. Fue su alarde de simpatía el detonante de que aquello se convirtiera en una jordana de puertas abiertas.

A finales del mes de abril la artista había contraído matrimonio civil, también en Marbella, en la intimidad y bajo una exclusiva que trajo polémica durante las siguientes semanas. Lolita aseguraba que no había cobrado aquel reportaje, que pese a incluir varios posados todo era casual y que el reportero se había enterado a última hora. La prensa lo ponía en duda consciente de que Lola Flores (que deseaba que Diego Armando Maradona fuera el padrino de la boda de su hija, algo que finalmente resultó imposible porque al astro del fútbol le coincidió con un partido) se había convertido en una asidua de las exclusivas. Poco después, Lolita confesaría que le habían regalado a modo de detalle una sortija.

Con intención de apaciguar los ánimos de la profesión periodística, Lolita deseaba que todos los medios acudieran a su enlace eclesiástico, en el que también irían estarían todos aquellos amigos y artistas que no habían podido asitir a la tan repentina ceremonia civil. Tanta invitación se le iba a ir de las manos.

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DE LA RIVALIDAD CON LA PANTOJA A LA INVITACIÓN DE MARADONA

Enseguida se comentó que la boda a la que todo el mundo estaba invitado, era una revancha hacía Isabel Pantoja, que se había casado en Sevilla con 1.200 invitados tan sólo una semana después de la discreta ceremonia civil de Lolita. Ésta última siempre ha negado que se tratase de una vendetta, pero no dejaba de ser curioso que ambas contrajesen matrimonio con pocos días de diferencia y teniendo a Paquirri como motivo de su enfrentamiento. Hacía sólo un año Lolita había conocido a su marido, después de que Pastora Vega los presentase en la madrileña discoteca Joy Eslava.

La polémica se dirigía hacia Paquita Rico, madrina de bautismo de Lolita. Parece ser que la amistad de la legendaria folclórica con Isabel Pantoja no había sido del agrado del clan Flores, que veía aquello como una traición, y la prensa se hacía eco de que la Rico no había sido invitada. Casualmente, en los días previos a la boda, la artista se desplazó a Marbella para su habitual retiro en la clínica Incosol, con la intención quizás, de limar asperezas.

Diez días antes de la celebración, Lola junto a su hermana Carmen y su hija Lolita, ofreció un recital en una sala marbellí, donde recibió el aplauso tanto de admiradores como de jeques árabes. Al acabar el espectáculo subieron al escenario Carmen Sevilla y la bailaora Manuela Vargas. El ambiente se iba caldeando para lo que pronto iba a acontecer.

UNA BODA Y UN FUNERAL

Llegó el gran día. Aquella tarde del 25 de agosto, viendo el tumulto que se avecinaba, comenzaron a cerrar las tiendas de la misma plaza donde se encontraba la iglesia de la Encarnación de Marbella. Turistas y lugareños se agolparon una hora antes de lo previsto, teniendo que suspender el funeral que en aquel momento se celebraba. La zona se encontraba colapsada varios kilómetros a la redonda y la gente se agolpaba con la intención de ver pasar a todos los famosos invitados. Entre los artistas, Rocío Jurado, Carmen Sevilla, Encarnita Polo, Massiel, Rosa Morena, La Polaca, Marian Conde, Laura Valenzuela…y Paquita Rico, que finalmente si fue invitada. Entre la jet set, Pitita Ridruejo, Cari Lapique, Jaime de Mora y Aragón, Marina Danko, Tita Cervera y el barón Thyssen, Lita Trujillo, José Luis de Vilallonga, Carmina Ordóñez y hasta el ex marido de Carolina de Mónaco, Philippe Junot. Lo que se dice Marbella al completo.

Lolita llegó del brazo de su padrino, que tras el impedimento de Maradona no fue otro que Manuel Benítez ‘El Cordobés’, igual de notorio que el futbolista argentino. Ante la dificultad para llegar a la parroquia, el torero amenazaba con hacer su famoso “salto de la rana” para abrirse camino entre la muchedumbre a la vez que bromeaba con el gentío, Lolita comenzaba a preocuparse. Era tal el tumulto que incluso alguien bajó los pantalones a uno de los policías que escoltaban a la novia. Mientras tanto, Carmina Ordóñez perdía una cadena de oro entre los empujones.

La verdadera tragedia surgió cuando, por fin, lograron acceder a la iglesia absolutamente abarrotada con un aforo que triplicaba lo permitido. Fue entonces cuando Lola Flores montó en cólera.

“MALDIGO LA HORA EN QUE ELEGÍ ESTE PUEBLO”

Fueron las palabras de una enfurecida ‘Faraona’ tras la constante suplica del párroco por pedir silencio. La gente se agolpaba en bancos, confesionarios e incluso en el altar. Lolita no pudo contener unas lágrimas que más tenían que ver con la frustración que con la emoción de cualquier novia. La madre de Guillermo Furiase, marido de Lolita, aseguraba que sólo había visto semejante tumulto cuando Evita Perón vivía en Buenos Aires. ‘El Pescaílla’ no cesaba de exclamar “¡Qué vergüenza!”, mientras Lola se dirigía hacia el público asistente. En ese momento, atacada de los nervios, diría la frase que pasaría a la posteridad calando en la memoria de todos los españoles: “Mi hija no se puede casar. Así que si me queréis a mí, marcharse. ¡Si me queréis algo, irse!”

Huelga decir que los curiosos hicieron caso omiso. Lola continuaba vociferando enfurecida: “No se puede casar porque ustedes tienen la culpa”.Viendo que aquello no mejoraba y una hora después de lo previsto, el cura decidió llevar a los novios al despacho parroquial y allí oficiar una brevísima ceremonia de tres minutos que sólo tendría por testigos a los padres de los novios y sus respectivos padrinos. De nada sirvieron las flores que La Farona había supervisado con detalle aquella misma mañana ni que Los Marismeños adaptaran su reportorio para la boda de Lolita. Sus cánticos fueron sustituidos por los gritos de la enardecida multitud.

Los novios y algunos de los invitados tuvieron que salir a la calle por una puerta lateral, tras romper el candado de una cancela, a través de un patio interior. Entraron al salón de celebraciones por una puerta falsa sin poder abrir, como querían, una caja adornada con los colores de la bandera argentina -la nacionalidad Furiase- de la que saldrían diez palomas blancas. Ya no había lugar para lo extraordinario.

NOCHE DE PRESAGIOS

El banquete aconteció en un restaurante libanés. A sus puertas también se acercaban los curiosos e incluso unas monjas aprovecharon la multitud para pedir donaciones. Rocío Jurado tuvo que pedirle a su marido Pedro Carrasco que colaborara con las hermanas; ella no portaba dinero encima. Carmen Sevilla declaraba minutos después: “No hago más que pedir a Dios que oiga mis plegarias para que a Lolita no le ocurra lo mismo que a mí. Hay un dicho popular que reza: boda llorada, boda malparada”. Entre el presagio de Carmen, las bromas de El Cordobés y la buena intención de la Jurado, todo parecía volver a su cauce.

Alrededor de 450 eran los invitados al convite, aunque se preparó cena para 600, con intención de ser previsores. Y aunque aquello nada tuvo que ver con lo ocurrido en la iglesia, finalmente se presentaron 825 comensales, rebasando todos los cálculos y haciendo suponer que hubo invitados de muy última hora. Los hermanos de la novia, Rosario y Antonio, no pudieron disimular sus gestos de disgusto.

Al día siguiente, algunos periódicos titulaban: “Lamentable escándalo público en la boda de Lolita”, destacando que la iglesia acabó repleta de patatas fritas, latas de refrescos y tabaco en el suelo, y donde se congregó una multitud cuyas vestimentas no eran otros que bañadores, tangas y bikinis.

No es de extrañar que Rocío Jurado eligiese para su boda y para la de su hija la finca de ‘La Yerbabuena’. Aquella noche del 25 de agosto de 1983, cuando la artista de Chipiona acudió a la mesa presidencial, la Faraona le espetó: “Rocío, te recomiendo que cuando cases a tu hija, lo hagas en el campo. Es muy triste ver casar a una hija en una sacristía”.

Artículo publicado originalmente el 25 de agosto de 2018 y actualizado.

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