Sabemos quién tiene la culpa de que Samantha no vuelva a Sexo en Nueva York

Fue hace dos años cuando Kim Cattrall dejaba a todos los fans de Sexo en Nueva York con la boca abierta al declarar que jamás accedería a participar en nada relacionado con la serie y las películas que le dieron la fama internacional por su mala relación con Sarah Jessica Parker. Unas tiranteces de las que nunca nadie se había percatado y que hicieron estallar en mil pedazos la burbuja de felicidad y buen rollo ‘women power’ de la que había presumido siempre el reparto de la serie.

“Ojalá Sarah hubiese sido más amable”, aseguraba Kim en una entrevista televisiva concedida a Piers Morgan en la que sorprendió por el gran rencor y dolor que desprendían sus palabras. Dejando de lado a sus otras dos compañeras de reparto, Kristin Davis y Cynthia Nixon, esta ‘pelea de gatas unilateral’ dejaba claro que jamás volveríamos a ver en pantalla a las cuatro fantásticas. Y decimos unilateral porque Sarah Jessica jamás echó leña al fuego. Precisamente hizo lo contrario: “Este proyecto fue una experiencia increíble y nunca viviremos nada igual. Conectamos con la audiencia, con la ciudad y con el equipo, así que no quiero meterme en peleas”.

De ahí que cuando HBO Max anunció recientemente la vuelta de Sexo en Nueva York (bajo el nombre ‘And Just Like That…’) sin Samantha, a nadie le sorprendió. Sin embargo, la pregunta que todos los fans se han hecho, y con razón, es la siguiente: ¿tiene sentido que la serie retome su camino sin el personaje más icónico de los cuatro? Porque no nos engañemos: Carrie fue, es y será siempre la eterna romántica que terminó casándose con el que, en la vida real, jamás hubiese sido su marido. Y aunque no queremos hacer ‘spoilers’ (por si aún hay alguien que no haya visto la serie y/o las películas) digamos que Mr. Big no es el ‘príncipe azul’ de manual que nos enseñó Disney.

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Carrie Bradshaw lucha durante todo su recorrido en la serie por demostrar que es fuerte, independiente y libre, pero finalmente termina cayendo rendida ante los encantos de un playboy (es decir, Mr. Big) que la busca cuando ya se ha aburrido de estar con las demás y es entonces (y solo entonces) cuando decide comprometerse. Miranda (Cynthia Nixon) y Charlotte (Kristin David) son dos buenas secundarias que representan dos tipos de mujer con las que una gran mayoría se identifica (al igual que con Carrie), pero es Samantha, y solo Samantha, la que marca la diferencia.

El personaje de Kim Cattrall es la promiscua sin pelos en la lengua. La que no entiende que las mujeres vayan detrás de los hombres. La que sí entiende que el matrimonio no es un camino de rosas, pero aun así no concibe que alguien en su sano juicio quiera pincharse con sus espinas para lograr el ‘felices para siempre’. Es la que salta de amante en amante y nunca tiene suficiente. La que habla de masturbación sin sonrojarse porque son las demás las que lo hacen al escucharla. Es la que se enamora (de verdad y mucho), pero siempre se recuerda a sí misma que se quiere más a ella que lo que podrá querer nunca a un hombre. Quizá por ello sigue soltera y quizá por ello defiende con uñas y dientes a sus amigas cuando sufren por amor.

Sin embargo, una de las grandes cualidades de Samantha es que no juzga. No se llena la boca hablando de feminismo y no trata de embaucar a las demás mujeres para que vivan su estilo de vida. Es irónica, cínica e irreverente, pero valora la amistad por encima de todas las cosas y nunca antepone a un hombre a sus amigas (por lo menos por amor, por sexo ya es otra cosa).

Sus diálogos, tanto en la serie como en las películas, son brillantes y muchos son los que ya han avisado de que no verán este ‘revival’ si Samantha no está en él. ¿Cómo justificarán los guionistas la ausencia de este carismático personaje? ¿Quién les dará la réplica a Carrie, Charlotte y Miranda? Lo que está claro es que la vuelta de Sexo en Nueva York es puramente económica ya que, en términos creativos y de historia, la pérdida de Samantha supone la pérdida de uno de sus pilares fundamentales.

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