Lena Dunham comparte el dolor por no quedarse embarazada mediante fecundación in vitro

Si algo caracteriza a Lena Dunham es su naturalidad para hablar de todo aquello que acontece en su vida, desde su enfermedad a sus adicciones. Compartir para que su experiencia sirva a otros la ha guiado en muchas ocasiones y ahora la escritora y directora ha anunciado en Instagram el ensayo publicado en la revista Harper’s en el que habla de su imposibilidad para ser madre biológica tras un año buscando esa posibilidad.

“He escrito sobre la experiencia de aprender, de una vez por todas, que nunca sería una madre biológica […] No hay espacio en la vida real para la pena, el dolor y la rabia que conlleva procesar algo de esta magnitud. La fertilidad es un tema complejo, fácil de reducir a impulsos biológicos obsoletos y roles de género”, arranca escribiendo Dunham junto a una imagen en la que se la ve en la consulta de un ginecólogo junto a un ecógrafo.

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“En el momento en que perdí la fertilidad comencé a buscar un bebé. A los treinta y un años, después de casi dos décadas de dolor crónico causado por la endometriosis y sus estragos poco estudiados, me extirparon el útero, el cuello del útero y uno de mis ovarios. Antes de eso, la maternidad parecía probable pero no urgente. Atado a la cama y atendiendo los cinco pequeños orificios laparoscópicos en mi abdomen, navegué por los sitios web de adopción como si fueran puntos de venta de muebles”, comienza contando Dunham.

Lena cuenta como el deseo de ser madre le llevó a dejar atrás el consumo de benzodiazepinas con tal de poder lograr su objetivo: “Fui a rehabilitación, donde me comprometí seriamente a convertirme en una mujer digna del baby shower más jodido de la historia de Estados Unidos”, escribe con su particular ironía, al tiempo que cuenta cómo fantaseaba con la idea de serlo: “No recibiría más que elogios en Internet: por tener paciencia, por nunca rendirme, por apegarme a mi sueño, por ser una madre natural”.

Dunham describe todas las situaciones por las que pasan las mujeres que se someten a la fecundación in vitro, #GuerrerasFIV, tal y como las llama. Y como fue un médico quien le dio esperanzas para poder fecundar un óvulo a pesar de “la menopausia química, las docenas de cirugías, el descuido de la adicción a las drogas… el único ovario que me quedaba todavía estaba produciendo óvulos. Si los extraíamos con éxito, podrían ser fertilizados con esperma de un donante y llevados a término por otra mujer”, explica.

Tras extraer seis óvulos, Dunham cuenta como ninguno de ellos pudo ser fertilizado y reflexiona sobre el doloroso camino. “Intenté tener un hijo. En el camino, mi cuerpo se rompió. Mi relación también lo hizo… Cada movimiento era más caro, más desesperado, más solitario. Dejé de poder imaginarme el final”.

“Hay muchas cosas que puedes corregir en la vida: puedes terminar una relación, estar sobrio, ser serio, pedir perdón, pero no puedes forzar al universo a darte un bebé que tu cuerpo te ha dicho todo el tiempo que era imposible. Los animales débiles mueren en el bosque mientras sus compañeros de manada corren adelante. Los huevos malos no eclosionan. No puedes doblegar a la naturaleza”.

“La ironía es que saber que no puedo tener un hijo, mi capacidad para aceptar eso y seguir adelante, puede ser la única razón por la que merezco ser madre de cualquiera. Creo que finalmente tengo algo que enseñarle a alguien”, concluye Dunham.




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