La verdad ‘piadosa’ de Mariñas: Rocío Jurado no estaba por la labor de adoptar

  • Te contamos todas las novedades sobre la docu-serie ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’ y cómo está afectando a los familiares de Rocío Carrasco.

    Adoptar hijos fue una decisión tomada personalmente, aunque Rocío Jurado no estaba por esa labor. Pero tuvo que tragárselo, admitirlo y digerirlo aunque no era plato de su agrado. Muy a su pesar consintió, admitió, compartió y también sufrió. No quedaba mas remedio. Era lo más inteligente, aunque la contrariase, para mantener la paz, armonía, apariencia y solidez matrimoniales. Supo adaptarse a los deseos de José Ortega Cano aunque no coincidieran con los suyos, que aspiraban a descendencia propia.

    Pero no era tan fácil y escogieron lo más sencillo, aunque a muchos les costara entenderlo y admitirlo. ¿Por qué no esperar más tiempo a ver si se producía el ansiado embarazo y llegaba un descendiente que acrecentase la armonía casera? Nos vendieron y hasta hicieron creer entendimiento, aunque siempre lo cuestionamos. Optaron por la incómoda comodidad de prohijar “a Gloria Camila y José Fernando –nombres de culebrón– por si acaso no venía lo deseado”.

    Así, en diciembre de 1999, tuvieron a sus adoptivos, cuando Rocío Carrasco, ya con 22 años, estaba en pleno proceso de divorcio de Antonio David Flores. Fue muy adelantada, valiente, osada, resuelta y determinante. Eso que heredó de La Más Grande, término excesivo o exagerado ‘inventado’ para Rocío por Amador Mohedano, glorificando más a su hermana, a quien no le hacían falta más adornos. Bastaba con ser ella y cantar como lo hacía. Cómo nos emocionaba entonando el “algo se me fue contigo, madre…”.

    “Los tan felices papás hablaron poco pero posaron mucho”

    En diciembre de 1999, Rocío Flores tenía tres años y su nueva tía, Gloria Camila, era tan solo ocho meses mayor que ella. A la par y a dúo, Rocío Jurado y Ortega Cano ‘tuvieron’ a Gloria Camila y José Fernando, de seis y cuatro años, que, aunque creciditos, colmaron y hasta rebasaron sus por lo visto insatisfechas (¿?) aspiraciones paternales.

    Lo vivieron y disfrutaron muy felices y realizados. Fue singular y un tanto traumatizante la manera de evitar problemas y traumas, superar aspiraciones y tener lo que otros muchos:lograban una familia ‘comme il faut’ al menos de cara a la galería, familia presentada a los medios en una excesiva, multitudinaria, premeditada, muy organizada, jaleada y aparentemente feliz rueda de prensa en los enormes jardines de su aparatosa mansión de La Moraleja, donde los tan felices papás hablaron poco pero posaron mucho. Los hijos de Rocío y David –como así le llamábamos los amigos de entonces olvidándonos el Antonio–, participaron obligados en aquella sesión fotográfica donde importó más lo que se veía o intuía que lo que decían y sentían realmente.

    Les he dicho a los niños que tenían que portarse bien, que estaba la prensa y les iban a conocer en el mundo. Debían aparecer ejemplares”, explicó justificador el torero. Dieron que hablar. La procesión iba por dentro y todo tan solo aparentó marchar como deseaban. Yo no conozco casos parecidos que hayan acabado bien o felizmente. Me parece tristísimo y lamentable. Siempre hay peros, reparos, objeciones, críticas, incomodidad o insatisfacción. Parece imposible, aunque no impensable, la armonía total, el disfrute absoluto, la ausencia de pensamientos malos o sombríos, la paz en suma permaneciendo siempre inquietos, molestos, intranquilos o recelando.

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