La tragedia que marcó la solidaridad de doña Sofía cuanto tenía la edad de Leonor

En septiembre de 1962, pasados apenas cuatro meses de su boda en Atenas, la entonces princesa Sofía acompañó a don Juan Carlos a Barcelona para interesarse por los damnificados de una riada que, días antes, había causado casi 1.000 muertos en la comarca del Vallés. Era la primera visita oficial de la futura reina a España, un país que, a partir de ese momento, la vería llorar por los asesinados por ETA, las víctimas del 11-M o los muertos del accidente del metro de Valencia. Sin embargo, fue en Grecia donde la reina se involucró por primera vez en una tragedia y aprendió la utilidad que puede tener la Familia Real en este tipo de situaciones.

En agosto de 1953, cuando doña Sofía tenía la misma edad a la que este año la princesa Leonor ha vivido la pandemia del coronavirus, un terremoto había asolado las islas Jónicas y matado a cientos de griegos. La joven Sofía decidió entonces embarcarse en el dragaminas Polemistis y sumarse al viaje que hicieron sus padres, los reyes Pablo I y Federica de Grecia, para recorrer las distintas zonas afectadas, algo que por otro lado también hicieron un grupo de alumnos del Schloss Salem, el internado alemán en el que por entonces estudiaba Sofía, por iniciativa de Jorge Guillermo de Hannover, director del colegio y tío suyo.

En la biografía escrita por Pilar Urbano, la propia doña Sofía explica que fue entonces cuando caló en ella el sentido del deber. “Me impresionó tremendamente la llegada a Zante: todo había sido arrasado. No se veía señal de vida. Silencio. Polvo. Humo. Y olor a cadáveres. Sólo quedó el campanario de una iglesia”.

De pronto, vio cómo detrás de un montón de escombros salió un viejo sacerdote ortodoxo y se echó en brazos de Pablo I, pidiéndole que le sacara de allí mientras sollozaba. “Mi padre se propuso devolver el ánimo a ese pope, y convencerle de que allí, en Zante, con aquellos supervivientes desquiciados por la pena y el horror, que habían perdido sus casas y sus seres queridos, allí estaba su misión, allí estaba su deber”, apunta doña Sofía.

Por desgracia, aquel fue el primero de los muchos terremotos que sacudieron Grecia a mediados de los cincuenta. Dos año después, quedaba arrasada la ciudad de Volos, mientras que en 1956 un terremoto mataba a medio centenar de personas en Santorini y destruía más de 2.000 viviendas. Las fotografías de esa época muestran a doña Sofía, mayor de los tres hijos de los reyes helenos, acompañando a sus padres en esas zonas.La duda siempre estaba en saber si su presencia allí realmente ayudaba o estorbaba.

“Nunca sabes muy bien si vas a ayudar o si vas a estorbar. Si haces falta, o si sobras”, cita Pilar Urbano a doña Sofía en el libro La reina muy de cerca. “Nosotros en Grecia sólo podíamos dar presencia de ánimo. ¡Poco es! En un pueblo pequeño, puedes abrazar a la gente, estar con ellos, interesarte por lo que han perdido… Pero cuando la desgracia ocurre en una gran ciudad es distinto, porque allí hay de todo, hay remedios, hay Cruz Roja y bomberos y organismos de protección civil trabajando sobre le terreno. La gente damnificada tiene a su alcance lo que necesita. Incluso, puede disgustarle que tú vayas: ¿A qué viene esta señora aquí?, ¿a hacerse fotografías? En cambio, a la gente sencilla, a la gente de los pueblos, les gusta que los reyes vayan. A mí el cuerpo me pide ir siempre. Me quedo muy mal no yendo. Pero una no decide sola”.

Durante el reinado de don Juan Carlos la reina tuvo la oportunidad de mostrar su solidaridad con los afectados de otros terremotos. En diciembre de 1985, por ejemplo, doña Sofía visitó Ciudad de México, asolado unos meses antes por un terremoto de magnitud 8,1 en escala Richter, mientras que en 2001 visitó El Salvador para entregar suministros para ayudar a la reconstrucción de las zonas más castigadas del país.

En 1987, tanto ella como don Juan Carlos incluso fueron testigos directos del terremoto de Los Ángeles, donde se encontraban de visita. Y siempre que como el pasado viernes un terremoto vuelve a sacudir su país natal, la reina descuelga el teléfono para preocuparse por sus compatriotas. “Su contacto es constante”, declaraba en 2018 a ABC la que fuera su compañera de doña Sofía durante sus años como puericultora en Atenas, Ioana Ravani. “Cuando hay terremotos en Grecia, me llama de inmediato y pregunta por todos”.

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