La inevitable trampa de La Voz que cuenta con la complicidad de los jueces y frustra a los concursantes que resultan ganadores

Probablemente no existe ningún otro concurso de talentos que dé lugar a tantos equívocos como ‘La Voz’, la meca de los aspirantes a cantantes que solo quieren ser eso, cantantes. Predica la ‘pureza’ de centrarse únicamente en las gargantas, a pesar de que la industria de la música jamás ha sido tan corta de exigencias. El ‘talent’ no cuenta con un interés real por parte de la industria musical para respaldar las carreras de los ganadores, a pesar de que estos graban un disco como premio a sus esfuerzos. Propone un show que aparentemente gira alrededor de los cantantes, pero cada vez más son los jueces los auténticos protagonistas del programa, con sus decisiones, reacciones y rivalidades.

En realidad son ellos los que concursan y no tanto los talentos, cuyas ilusiones se frustran inevitablemente. Sus voces quedan como hilo musical mientras el montaje se regodea, cada vez más, en las interacciones y clips que protagonizan Alejandro Sanz, Pablo López, Laura Pausini y Antonio Orozco.

‘La Voz’ está llena de paradojas, pero existe una especialmente sangrante: la que trata de compatibilizar los infinitos halagos de algunos jueces a los concursantes con el fracaso de estos a la hora de triunfar, al menos a la altura de lo que los epítetos inflamados sugieren. La voces grandiosas, inigualables, de los ganadores no parecen suscitar el mismo interés en el gran negocio musical, con lo que al final queda sobreentendido que les sobra voz y les faltan otras cosas (belleza, carisma, personalidad, suerte, trabajo, proyecto…). Lo que no trasciende es el trato que reciben por parte de las discográficas, en parte porque ningún aspirante a vivir de la música se puede permitir criticar a los grandes de la industria.

Pongamos por caso a Alba Gil, la ganadora del concurso en 2017. Una voz absolutamente contemporánea y una mujer con personalidad suficiente como para desarrollar una narrativa interesante de cara a una buena estrategia de marketing en las redes. Se alzó ganadora un diciembre y en abril llegaba al mercado un disco con seis canciones originales y cuatro versiones, sacadas del mismo programa. Mínima inversión y trabajo, máxima velocidad para aprovechar cuanto antes la popularidad que ofrece la televisión. Eso sí: su ‘coach’, Manu Carrasco, sigue contando con ella y en contacto.

Puede que el mayor equívoco de ‘La Voz’ sea precisamente ese: lo que se vende como un premio para el ganador es en realidad un premio para la discográfica, si logra aprovechar el tirón de ventas que siempre suscita la popularidad de la televisión. En realidad, el pelotazo de ventas que logra esa carrera a largo plazo requiere mucha más inversión de la que el ganador de ‘La Voz’ recibe: acompañamiento en la composición, trabajo con la imagen, producción cuidada, campañas de publicidad inteligentes… Y, aún así, el fracaso es probable: en la industria globalizada ha desaparecido el cantante de éxito mediano que ocupaba el espacio entre las superestrellas y las bandas locales. Hoy todo es mucho más extremo: o te conviertes en una nueva Rosalía de tu género, o como mucho podrás vivir de los conciertos en fiestas patronales, salas pequeñas y teatros de barrio.

Irene Caruncho, ganadora en 2016, se gana hoy la vida como profesora de canto, aunque sigue con proyectos para grabar, a veces con ‘crowdfundin’g, y actúa en su Galicia natal. Ella misma se quejó de que el single que grabó tras ganar ‘La Voz’ era “una mierda” y de que las canciones que le propusieron para su disco eran “descartes de Malú” (rompió su contrato discográfico). David Barrull, el flamenco ganador en 2013, llegó a ser disco de platino, pero ha terminado pagándose su último disco para continuar con su carrera. Él sí ha podido hacer giras y actuar sin parar, al menos hasta la llegada de la pandemia.

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Rafa Blas, ganador en 2012, lo tenía difícil para encajar en una industria tremendamente estandarizada: su estilo heavy no terminó de cuajar en ninguna discográfica, aunque este año se coló en el proyecto de revival nostágica “La edad de oro del pop español” como vocalista, junto a Alberto Comesaña. Solo tenemos un caso de éxito de un ganador de ‘La Voz’: el cordobés Antonio José, ganador de 2013 y con un estilo suavemente flamenco, ha sacado varios temas en colaboración con artistas internacionales como Camila Cabello o Cali y El Dandee.

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