La fascinante vida de Fawzia de Egipto, la princesa que parecía una estrella de cine

Los primeros años de la princesa Fawzia de Egipto suenan en muchos aspectos como un cuento de hadas. Una bella princesa, con porte de estrella de cine a la que comparaban con iconos de la época, como Hedy Lamarr o Vivivan Leigh, que creció entre los hermosos paisajes del palacio de Ras el-Tin en Alejandría, criada entre algodones y adoración. Cecil Beaton, que la fotografió para la revista TIME en 1942, la describió como "una Venus de Oriente", con "un rostro perfecto en forma de corazón y unos extrañamente pálidos aunque penetrantes ojos azules". Y, sin embargo, su vida no fue fácil: ella misma decíd que no había "perdido una corona, sino dos", según se agotaba la fortuna familiar después de que acabase su matrimonio con el Sha de Persia.

Fawzia nació hace 99 años, el día 5 de noviembre de 1921. Era la hija mayor de sultán de Egipto y Sudán Fuad I (luego rey Fuad I) y de la segunda esposa de éste, Nazli Sabri. Sus ojos azules y su cabello azabache eran el resultado de su ascendencia albanesa, francesa y egipcia. La educaron en Suiza, de dónde salió hablando tres idiomas: el árabe natal, inglés y francés.

Su matrimonio con el príncipe heredero Mohammad Reza Pahlavi de Persia fue político, concertado por el padre del novio. Una unión importante en su momento al unir a una familia real de linaje (los Alí gobernaban Egipto desde 1805) con otra advenediza (el padre de Pahlavi había llegado al poder tras un golpe de estado en 1921). También por unir a una princesa suní con un príncipe chiíta. En ciertos aspectos, era un matrimonio condenado al fracaso desde su concepción

El hermano de Fawzia, el rey Farouk, se resistió al principio a los intentos del Sha de conseguir la mano de Fawzia. De hecho, sólo accedió al matrimonio después de que sus consejeros le presionaran, al ver en la unión la posibilidad de estabilizar la posición de Egipto en Oriente Medio. La pareja sólo se había visto una vez antes de la boda, que se celebraría el 15 de marzo de 1939 en el palacio de Abdeen en El Cairo. Fue una ceremonia ostentosa, una de las señas de identidad del reinado de Farouk, conocido por su afición a hacer alardes de su fortuna. El menú era de 20 plato. La segunda parte de la boda en Teherán tampoco tenía nada que envidiar a la primera: incluía un espectáculo acrobático en un estadio.

Así, en 1941, Fawzia se convirtió en emperatriz de Persia, tras el ascenso al trono propiciado por el exilio de su padre, obligado por la invasión anglosoviética de la región. Tenían tantas diferencias culturales y religiosas, que a nadie sorprendió el fracaso matrimonial. Fawzia se encontró una vida muy distinta en Irán de la que había disfrutado en el esplendor de la corte egipcia de su hermano. Se quejo de la deficiente calidad de la comida francesa servida en la boda en Teherán, y de la falta de majestuosidad de los palacios. Tampoco se llevaba bien con su familia política (una de sus cuñadas hasta le rompió un jarrón en la cabeza), mientras que su marido emprendí sin ninguna discreción sus aventuras extramatrimoniales.

Tras el nacimiento de su hija, la princesa Shahnaz Pahlavi, se retiró de la vida royal, negándose a hablar ningún idioma que no fuera el francés, y volviéndose cada vez más hostil a Irán y el estilo de vida persa. Acudió a un psiquiatra estadounidense, que le diagnosticó una depresión.

Cuando las noticias de que la princesa estaba triste llegaron a Egipto, varios cortesanos acudieron a comprobar su situación. Tras informar de que su delgadez había llegado a un nivel en el que sus omoplatos "sobresalían como las aletas de un pez desnutrido", su hermano actuó con presteza: la instó a regresar al hogar. Así, tres años después de su regreso a El Cairo, en 1948, se le concedió el divorcio. Tras su regreso a Egipto, la corte emitió el siguiente comunicado: "El clima persa ha puesto en riesgo la salud de la emperatriz Fawzia, y se ha acordado que la hermana del rey de Egipto se divorcie". Su hija no saldría de Persia.

Un año después, en 1949, Fawzia volvió a casarse, con un militar noble y diplomático, Ismail Chirine. Esta vez, la boda fue por amor, y ambos tuvieron un hijo y una hija. La casa de Ali fue destronada tras las revolución de 1952, pero la princesa siguió viviendo en Egipto. Fue entonces cuando soltó la famosa frase de que no había perdido una, sino dos coronas. Murió el 2 de julio de 2013 a los 91 años.

Artículo publicado en Tatler y traducido. Acceda al original aquí.

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