Isabel II vuelve al trabajo tras la muerte de Felipe: ¿se ha tomado alguna vez un descanso? Las ocasiones que sí se retiró de la vida pública

La reina Isabel II retomó hace unas horas su agenda real, apenas cuatro días después de la muerte de su marido, Felipe de Edimburgo. Aunque sigue en período de luto oficial (dos semanas, aplicables a toda la Familia Real Británica, aunque Buckingham especificó que la agenda real no se suspendía), la reina supervisó hace unas horas la despedida de su lord chambelán, lord William Peel, y la entrada del nuevo, el exdirector de la agencia de contraespionaje MI5, Andrew Parker. El nombramiento era ineludible: la retirada y el nombramiento del lord chambelán se habían anunciado hace semanas, y el papel es ciertamente relevante en este contexto: es su misión organizar toda las actividades ceremoniales de su majestad, desde las fiestas de jardín hasta los funerales. Y el de Felipe se celebra este sábado. Aunque Parker en realidad empezó a trabajar el día 1 de abril, la reina ha querido tener el gesto con Peel, el más veterano (casi 15 años) de los ocho lord chambelanes que le han servido.

Sin embargo, la reina podría retomar su agenda pública en breve. Por un lado, el día 21 de abril, casi coincidiendo con el fin del luto oficial, se celebra su 95º cumpleaños, aunque no es algo que suela celebrar en público (eso toca en junio). Pero el día 11 de mayo, un mes y dos días después de la muerte de Felipe, se celebra la reapertura del Parlamento (otro acto solemne cuya supervisión recae en el mismo lord chambelán, que además es enlace de Isabel con la Cámara de los Lores). Al que Isabel II tendría pensado asistir. ¿Es habitual este compromiso por parte de la reina? ¿Se ha tomado alguna vez descansos prolongados cuando ha perdido a miembros queridos de su familia? La respuesta corta es sí: Isabel II está hecha de deber y compromiso, y la procesión del dolor casi siempre va intramuros, excepto por aquella lágrima que se enjugó en público en el funeral de su hermana.

Fue en 2002, cuando en el plazo de unas semanas la reina perdió a las dos personas que le quedaban de su familia directa natal: la reina madre, Isabel Bowes-Lyon, que falleció en abril; y su hermana la princesa Margarita, que había fallecido unas semanas antes, en febrero. La reina lloró por su hermana, y dedicó un sentido discurso a su madre, televisado a la nación ocho días después de la muerte de Bowes-Lyon. Por Margarita se decretó un luto real de una semana, desde su muerte el día 9 de febrero hasta su funeral el día 15, pese a que fue la pérdida que más afectó en su vida hasta entonces a Isabel. Aunque fue estricto: siete días sin comprobar las cajas rojas del Gobierno, dar el consentimiento real, y penar por su hermana.

Por su madre, se decretaron tres semanas, una más que por Felipe, con un gran funeral de Estado. Aunque es cierto que el temperamento de una y de otro encajaba con las soluciones adoptadas, pandemia aparte. La reina celebró el luto trabajando y en apenas una semana ya estaba otra vez en activo, aunque de negro. Mientras que el príncipe Guillermo dijo ayer que su abuelo "querría que nos pusiésemos ya a trabajar", además de que siempre despreció la idea de un funeral de Estado a lo grande. En 2002, además, había otro hecho relevante: se cumplían 50 años de reinado de Isabel II, y los actos no se iban a suspender: en junio, menos de dos meses después de la muerte de su madre, el Jubileo de Oro de la reina se celebró en toda la Commonwealth.

Cumpliendo así en parte la promesa que hizo Isabel por radio a la Commonwealth en 1947, el día que cumplió 21 años: "Declaró ante vosotros que toda mi vida, ya sea larga o corta, será dedicada a vuestro servicio y al servicio de nuestra gran familia imperial a la que todos pertenecemos". Desde entonces, la retirada de los actos públicos de Isabel se ha cumplido en contadas ocasiones. Y no precisamente por la pérdida de famliares, sino por embarazos.

En primavera de 1948, Buckingham confirmó el embarazo del príncipe Carlos de una forma un tanto críptica: "Su alteza real, la princesa Isabel, no llevará a cabo actos públicos después de junio". Carlos nació en noviembre. Y aún así, la princesa no quiso saltarse un acto bien público: la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres de 1948, en julio de ese año. Desde ahí hasta noviembre no participó en más actos (aunque como princesa no eran tan numerosos, cierto es). Que tengamos constancia, es la vez que más tiempo estuvo sin participar en actos como miembro de la realeza hasta la pandemia. Con Ana, que también nació cuando Isabel era princesa, pasó más o menos lo mismo.

Pero para los embarazos de Andrés y de Eduardo, ya no existía el tabú del embarazo, el motivo de que se ocultase tanto su condición. A finales de 1959, antes del nacimiento de Andrés en 1960, la reina no tuvo reparo en hacer un tour por la Commonwealth luciendo embarazo, pese a que se trataba del primer nacimiento de un bebé de cualquier monarca en el trono desde la reina Victoria. Con Eduardo, en 1964, pasó algo parecido.

Fuera de motivos familiares, la mayor ausencia de la reina de la agenda pública ha sido, sin duda, el año pasado. La reina realizó un discurso el día 5 de abril (donde dijo un "nos volveremos a ver") y siguió trabajando en privado. En mayo se anunció que ponía en pausa toda la agenda hasta por lo menos otoño. Y así fue: no reapareció hasta octubre, no hubo el Trooping the Colour ni salió de Windsor en esos meses. Ha sido, por fuerza, su mayor hiato de la vida pública en los últimos 73 años. Aunque siguió, como siempre, trabajando.

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