Esther Doña: ‘‘Carlos y Santiago tienen muchas cosas en común’’

Esther Doña se dio a conocer por su romance con Carlos Falcó, marqués de Griñón, Grande de España, 40 años mayor que ella y famoso por sus vinos. Un romance que terminó en boda e hizo correr ríos de tinta por la diferencia de edad. Un tema que aborda en su libro: ‘La vida de un gran hombre a través de mis ojos’ (Editorial Planeta), en el que narra con todo detalle cómo fue su vida desde que conoció a Griñón hasta que el Covid llamó a su puerta, se contagiaron, a él le ingresaron y, contra pronóstico, falleció en la Jiménez Díaz sin que Esther ni sus hijos pudieran darle un beso de despedida. Una historia que, como todo lo relacionado con el amor, se escribe con renglones torcidos, hasta el punto de que la vida le ha dado una segunda oportunidad con el juez Santiago Pedraz.

¿Cómo fue esa primera noche en la Casa Palacio del marqués de Griñón?
La vida con Carlos era muy intensa, no parábamos de ir a fiestas, cenas, comidas, y cuando nos fuimos a vivir juntos, yo estaba acostumbrada a que llegar a casa tras un día muy intenso, era para descansar: darte una ducha, ponerte cómoda y cenar. Tenías que haber visto la cara de Carlos cuando me vio con el pijama, y muy serio me preguntó: ¿No vas a cenar? Yo le dije: «Claro, para eso he bajado». A lo que él contestó: «Una señora nunca cena en pijama».

¿Qué hizo usted?
Subir a la habitación, ponerme un vestido y bajar a cenar.

«Carlos todo lo hacía muy fácil: cuando algo podía incomodarme, me lo facilitaba, era muy positivo»

Nunca antes había vivido en un palacio.
Por supuesto que no, y las costumbres eran muy diferentes a las de cualquiera de nosotros; por ejemplo, me llamaba la atención la distancia con la que nos trataban los empleados, personas que convivían con nosotros, que nos cuidaban y que eran como de la familia, aunque utilizaban el señor o la señora para dirigirse a nosotros.

Eso supuso un cambio en su vida.
No me costó acostumbrarme porque Carlos todo lo hacía muy fácil. Cuando se despertaba por la mañana, cantaba; cuando algo podía incomodarme, me lo facilitaba, era muy positivo.

Era pura vida, según dice en el libro.
Así es, porque tenía una vitalidad increíble. Nunca he conocido a nadie con la energía de Carlos, era muy parecido a la duquesa de Alba. Los dos tenían una gran energía y muchas ganas de vivir.

¿Era un amante de la buena vida?
Era un enamorado de la vida, daba las gracias cada día a la vida, daba igual que hiciera un sol radiante o lloviera a mares. Siempre veía la parte buena de las cosas.

«Carlos cautivaba a todos los que le conocían, también a mi madre»

¿Su buen carácter fue lo que le hizo olvidar la diferencia de edad?
Carlos cautivaba a todos los que le conocían, también a mi madre, que me dijo: «Ahora entiendo por qué te has enamorado de él, porque yo también me enamoraría de Carlos». Era tan adulador, tan educado, que siempre encontraba la palabra exacta para agradarte. Cuando mi madre venía a visitarnos o nosotros íbamos a Málaga, se vestía con sumo cuidado, elegía la ropa que a ella pudiera gustarle. Mi madre le compraba corbatas y calcetines porque le gustaban.

¿Cómo asumían las críticas que les hacían por la diferencia de edad?
Era nuestra vida, nuestra relación, y lo que los demás dijeran de nosotros no nos importaba, eso es algo que aprendí de él.

¿Le sorprendió que las críticas más duras fueran de las mujeres?
Yo creo que las hacían las personas inseguras. Yo nunca he percibido rivalidad contra mí. Carlos me adoraba y me lo demostraba todas las horas del día, incluso cuando se despertaba a las cuatro de la mañana, me abrazaba y me decía: te amo, mi amor. Era maravilloso.

Cuando le comunican que ha fallecido, ¿qué pasa por su mente?
Fue horrible, no me lo podía creer, porque el médico nos había dicho que parecía que iba a salir, pero esta enfermedad es imprevisible. Lo he visto también con mi padre, que se contagió en Málaga y los médicos nos dijeron que le quedarían secuelas y tres horas después había fallecido.

Dos muertes de dos personas muy queridas.
Por eso he escrito este libro, porque necesitaba echar fuera todo ese dolor y esa pena y poder entender lo que me había sucedido. No olvides que yo también me contagié.

«Me refugié en los míos, en mi familia, en los amigos»

¿A qué se aferró para superar el vacío que dejan los que se van?
Me refugié en los míos, en mi familia, en los amigos. Lo cierto es que tuve mucho apoyo, el teléfono no dejaba de sonar ni un instante, puesto que yo no podía salir.

¿Alguien que le defraudara?
Rosa, en ese momento estaba en tal estado de shock que si alguien no llamó, no me importó. Tampoco podría darte nombres porque yo sentí el apoyo que necesitaba.

¿Fue doloroso salir de El Rincón, donde había vivido con su marido?
Me fui porque se me caía encima. Las dos primeras semanas no podía cruzar por una de las salas del Palacio porque tenía la sensación de que Carlos todavía estaba allí. Era demasiado grande para mí sola, estaba lejos de Madrid y quería estar cerca de los míos. No olvides que cuando Carlos muere, yo estoy en el pico más alto del Covid.

¿Al cerrar esa puerta, cierra una época importante de su vida?
Sí, pero no podía seguir viviendo en esa casa que para mí estaba llena de recuerdos. Vivimos ahí porque yo siempre me aferré a que Carlos nunca se iba a morir y cuando salió para el hospital, creí que iba a volver, esa lo que yo me aferraba, pero no fue así. Ni siquiera pude despedirme, fue horrible.

¿No sintió miedo de que pudiera ocurrirle a usted lo mismo?
Pensé que me moría, porque yo también tenía el Covid, pero no quería ir al hospital porque Carlos había ido y había muerto. Si tenía que morir por el virus, prefería hacerlo en mi casa.

¿Fue fácil o difícil empezar una nueva vida?
Fueron mis amigos quienes se encargaron de arreglar mi casa, de prepararla para cuando yo me fuera a vivir allí. Cuando por fin pude instalarme en esa casa se vino conmigo una amiga, que también pasó unos días con nosotros en El Rincón, antes de lo del virus.

Si echa la vista atrás, ¿qué añora de esos años?
La figura de Carlos. Yo ahora tengo otra pareja, Santiago, que pertenecía al círculo de Carlos, con quien tenía muy buena relación porque se admiraban mutuamente.

«Ahora me dedico mucho más a mí, me he vuelto más egoísta»

Delibes decía que la vida debería darnos una segunda oportunidad. A usted se la ha dado.
La verdad es que yo ahora me dedico mucho más a mí, a intentar llevar a cabo algunos proyectos que tengo, pero de los que todavía no puedo hablarte. Me he vuelto más egoísta, porque cuando vivía con Carlos todo mi tiempo se lo dedicaba a él, pero era lo que yo quería hacer y fue fabuloso.

¿Cómo es su relación con Santiago Pedraz?
La vida nos da sorpresas, la muerte de Carlos y la de mi padre, no estaban previstas, tampoco mi relación con Santiago. Y la verdad es que estoy muy feliz, porque es maravilloso, una persona muy comprensiva.

¿Cómo lleva estar siempre bajo los focos?
Él es muy valiente, ya lo es en su profesión, pero también en su vida privada. Ayer mismo le dije que me iba a casa porque teníamos detrás a la prensa, y me dijo: «Esther, no nos vamos a esconder».

Sin embargo, su vida ahora es muy diferente.
No creas, porque Carlos y Santiago tienen muchas cosas en común, los dos son muy progresistas, liberales, le gusta mucho viajar, con él tampoco paro. Todos los días me presenta a alguien, a algún amigo, me dice que van a ser cinco minutos y después estamos horas porque nos vamos a cenar.

¿Su relación tiene futuro?
Yo ahora me veo muy bien, y yo soy una persona de pareja, conservadora en ese aspecto. Pero eso lo tendrá que decir la vida.

¿Le gustaría tener hijos?
Ya veremos, ahora estoy muy bien como estoy.

¿No tiene la impresión de que estos dos años han pasado hace una eternidad?
Es la defensa que tenemos para poder superar el dolor tan grande que ha supuesto para mí y para tanta gente. Saber que han muerto tus familiares y amigos y no poder despedirte, darles un abrazo, decirles que les quieres, es terrible.

¿Qué cree que hemos aprendido de esta pandemia?
Tenemos que aprender que la vida son dos días y que hay que tratar de ser felices, decirnos más veces que nos queremos. Muchas personas no lo hacen por pudor, porque les da vergüenza, hay que luchar contra eso, porque cuando se van, te culpas de no habérselo dicho más veces.

«Somos una piña. Mi madre es una persona adorable, muy cariñosa»

¿Cómo ha influido su familia en su vida?
Somos una piña. Mi madre es una persona adorable, muy cariñosa, que nos ha dado seguridad a mis hermanos y a mí.

Habla del empoderamiento de la mujer.
Porque la educación ha sido fundamental en eso. Hay más medios, más denuncias, todo ha cambiado mucho.

¿También los hombres?
También, hay de todo, pero también han cambiado mucho.

En el libro habla muy bien de la reina Sofía.
Porque es entrañable, yo creo que los españoles debemos estar muy orgullosos de ella, de su dignidad y de cómo se comporta con todo el mundo. Conmigo siempre ha sido súper cariñosa y muy cercana.

¿Y el rey Juan Carlos?
No llegué a tratarle personalmente, aunque en la prensa publicaron que sí.

«La relación con los hijos de mi marido siempre ha sido cordial»

Se habla de su mala relación con los hijos de Carlos.
No es cierto. La relación con los hijos de mi marido siempre ha sido cordial, muy educada, sobre todo por el cariño que yo le tenía a Carlos y que ellos tenían a su padre.

¿Conoció a Carlos a golpe de whatsApp?
Sí. Yo tenía bastante miedo por la diferencia de edad, pero él desde el principio se abrió en canal conmigo, me lo contaba todo. A mí me conquistó la persona, no el título.

Su foto favorita

«Esta foto, bailando conCarlos, es la que mejor reflejaa Carlos y a mí, porquecon Carlos la vida era una fiesta».

Entrevista realizadaen el Hotel Westin PalacePlaza de las Cortes, 7. Madrid.

Estilismo: Carla Aguilar. Hair & Make up: Eva Escolano. Looks: Mirto, Pedro del Hierro, Manolo Blahnik.

¿Quién es Esther Doña?

Nació en Málaga en 1978.

Trayectoria Como modelo, trabajó para el escultor Lorenzo Quinn, hijo del gran actor Anthony Quinn. Es socia de la firma Karma Estética, un centro de belleza. Antes de conocer al Marqués de Griñón, estuvo casada en dos ocasiones. En 2017 contrajo matrimonio con Carlos Falcó, marqués de Griñón, Grande de España. En el año 2020 el Marqués fallece en la clínica Jiménez Díaz de Madrid después de haberse contagiado de Covid. Ni Esther ni sus hijos pudieron despedirse de él. Tras el fallecimiento de su marido, Esther Doña tomó la decisión de relanzar su carrera profesional en la famosa revista Forbes, además de hacer algunas incursiones en televisión. Desde hace unos meses, mantiene una relación sentimental con el juez Santiago Pedraz, divorciado. Esther acaba de publicar el libro ‘La vida de un gran hombre a través de mis ojos’. Editorial Planeta.

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