El juicio por los hijos de Miguel Bosé y Nacho Palau, visto para sentencia: la encarnación de todos los miedos del cantante

El juicio entre Nacho Palau y Miguel Bosé, celebrado en Pozuelo de Alarcón estos días, tiene varias lecturas. Una, la personal, la cosa juzgada: la filiación de los cuatro hijos que ambos tuvieron mientras eran pareja. Dos son hijos biológicos de Palau y otros dos, de Bosé. A pesar de nacer con sólo siete meses de diferencia y criarse como hermanos, esa filiación, la única (la mínima) hizo que, cuando la pareja se separó, los niños también se separasen. Lo que Palau demanda –lo que demandó en noviembre de 2018, un mes después de esa ruptura que pilló al mundo por sorpresa– es lo único que le queda: que los niños sean reconocidos como hermanos, algo que sólo puede ocurrir si los hijos biológicos de uno pasan a ser hijos legales del otro y viceversa.

Pese a la convivencia de la pareja durante más de dos décadas, pese a que los niños nacieron en 2011, Miguel Bosé y Nacho Palau nunca formalizaron su relación de forma legal: nunca se casaron, no estaban registrados como pareja de hecho, y los niños sólo contaban con el reconocimiento de cada padre biológico. De hecho, la relación ni siquiera era pública. Y la gestación subrogada, por la que nacieron los cuatro niños, es ilegal en España, y recurrir a ella ya traía sus problemas de base.

Una forma de ser padre que tampoco era la primera opción de Bosé: el propio cantante revelaba en 2014 a Shangay que "cuando cumples 50 años, se te cierran las puertas en todo el mundo para adoptar". Una opción que podría haber cambiado la situación actual, que ya hacía que el juicio fuese complejo de antemano: la filiación de los niños depende de un artículo, el 108 del Código Civil (modificado por última vez en 1996, un siglo después de su primera redacción), poco preparado para las familias del siglo XXI y sus formas de convivencia.

Pero Bosé, sorprendentemente, tenía una petición aún más fuera del marco legal. El País contaba que, durante el juicio, el cantante (que ya ha volado de vuelta a México, donde reside actualmente junto a sus dos hijos), ha solicitado que los cuatro niños vivan con él en el país centroamericano. Pero sin ningún cambio en su filiación. Algo que la justicia no puede resolver, para empezar, sin ese reconocimiento. Si Bosé quiere que los hijos de Palau (Ivo y Telmo, que llevan los apellidos de Palau) vivan con los suyos (Diego y Tadeo), la única vía sería con el permiso del que ostenta la patria potestad. Es decir, de Palau, con quien no hay relación. Pero existe otro motivo tras esa petición.

En aquella entrevista de 2014, Bosé, pese a desvelar que tenía "cuatro hijos", dejaba ver uno de sus miedos: "Así tengo a dos hijos maravillosos que llevan mis apellidos y que nadie me puede quitar". El cantante, desde el principio no quería que sus hijos fuesen compartidos ("no quería hacerlo con una pareja", aunque en aquel momento se interpretó que había sido padre en solitario, porque la relación con Palau no era pública), y anticipaba la situación actual: "Estoy harto de ver cómo se utiliza a los niños en las separaciones, cómo pagan los platos rotos y sufren las consecuencias de una relación que se rompe".

Algo que quizás explica también la desigual situación de Palau, que pasó de vivir en el chalet de Somosaguas respaldado por la fortuna de más de nueve millones de euros que se le atribuye a Bosé a volver al pueblo materno, Chelva, donde actualmente encadena trabajos alejados de su vocación escultórica: cocinero en una residencia de ancianos, y ahora en una fábrica de embutidos. Sin embargo, el propio Palau desmentía el lunes, a la salida del juzgado, que buscase una pensión compensatoria. Lo que quiere es que los niños tengan el estatus legal que acompaña a cómo se han criado durante años: como hermanos. Algo que pasa obligatoriamente por la doble filiación, y que ambos sean padres de los cuatro niños, no en grupos de dos.

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La foto es del verano pasado, el primero que los niños estuvieron juntos tras la ruptura, después de que la pareja llegase a un acuerdo para que los cuatro chavales pudiesen verse. Una de las informaciones surgidas durante estos días es que Bosé le había hecho un ofrecimiento a Palau para vivir en México, hasta de ayudarle a encontrar trabajo. Algo desmentido en parte por José Gabriel Ortolá, el abogado de Palau desde que se interpuso aquella demanda. En El programa de Ana Rosa, Ortolá afirmaba: "estoy actuando como portavoz de Nacho y él no tiene esta información. Estamos abiertos a cualquier fórmula que pudiera decidirse en interés de estos niños".

La relación, de hecho, acabó tan rota que las últimas conversaciones entre Palau y Bosé las efectuaron sus representantes legales. Una de las fórmulas que se han planteado para esa convivencia de los hermanos, considerando que los niños viven separados por un océano, es que estuviesen un año escolarizados en cada país. Una oferta que se ha puesto encima de la mesa en el juicio, pero que no deja de ser un derivado del caso principal: el reconocimiento del vínculo familiar entre ellos, independientemente de papá Nacho y papá Miguel, que es como les han llamado siempre.

Aunque, por supuesto, si se reconoce esa filiación –el juicio ha quedado visto para una sentencia que podría demorarse hasta tres semanas, y aún así la decisión del Juzgado número 4 de Pozuelo de Alarcón es recurrible por cualquiera de las partes–, Ivo y Telmo pasarían a ser también hijos de Bosé y, por tanto, herederos suyos. En la situación actual, ninguno de los dos adultos puede tomar una decisión que afecte a los cuatro niños sin negociarla antes con el otro. El mayor miedo de Bosé, que los chavales paguen las consecuencias de una relación que se rompe, lleva dos años cumpliéndose.

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