El especial regalo que el duque de Edimburgo ha dejado en herencia a su nieta Lady Louise

La herencia del duque de Edimburgo es uno de los asuntos pendientes tras su funeral. Además de los estimados 12 millones de euros que tiene como patrimonio, sus cuadros y obras de arte, que pasarían directamente a Isabel II, el príncipe Felipe tenía un bien muy preciado, fruto de la afición que compartía con Lady Louise, la menor de sus nietas: un carro de carreras tirado por ponis.

La afición de la familia real británica por el mundo ecuestre no es ningún secreto: Isabel II sigue montando a caballo a sus 95 años, y la princesa Ana y Zara Phillips asistieron a los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 y Londres 2012 respectivamente. Pero hay otra joven perteneciente a la familia real británica que también es una apasionada de la alta competición: Lady Louise Mountbatten-Windsor, hija del menor de los hijos de Isabel y Felipe, Eduardo de Wessex. No tiene títulos nobiliarios pero, a sus 17 años, ha demostrado su dote en el mundo de las carreras participando en algunas de las competiciones más importantes de Reino Unido, como el British Driving Society Championship for Young Drivers oel Royal Windsor Horse Show. El propio duque de Edimburgo llegó a participar también en relevantes campeonatos europeos de carros tirados por caballos, y en 2019 se dejó ver una de las carreras de su nieta (en la que por cierto quedó en tercer lugar), apoyándola con orgullo.

Esa afición compartida le hizo a Louise ganarse el título de ‘nieta favorita del duque’, al menos a ojos de la prensa internacional, en múltiples ocasiones. Es por ello que no extrañaría nada que Felipe de Edimburgo hubiera decidido dejarle su último carro a ella, pues es la única de la familia que podría aprovecharlo. Se trata de un carruaje pulido de aluminio y acero en color verde, que fue construido hace ocho años bajo la dirección del mismo duque, basándose en sus conocimientos en el campo para mejorar el vehículo. Junto al carro de cuatro ruedas, podría haberle legado a su nieta también sus ponis: Fell, Balmoral Nevis y Notlaw Storm.

El mencionado vehículo estuvo presente en la procesión del funeral celebrado el pasado sábado por el príncipe Felipe. Como tributo, el asiento del carruaje estuvo ocupado por la gorra, el látigo y los guantes marrones que solía llevar el duque, además de los terrones de azúcar que le daba a los ponis durante las carreras. La joven de 17 años también quiso rendirle homenaje luciendo un broche ecuestre durante el funeral, con la cabeza de un caballo acompañada de un látigo.

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