Cruel, avaricioso, insensible ¿y ahora también racista? Cómo se ha convertido el príncipe Carlos de Gales (futuro rey de Inglaterra) en el malo malísimo de la familia real británica para Meghan Markle, Diana de Gales y hasta The Crown

Aún no se ha disuelto el estado de estupor global en el que nos sumió la entrevista de Oprah Winfrey al príncipe Enrique y Meghan Markle. Nadie se esperaba un ataque tan directo y decidido a The Institution, el apelativo con el que se conoce a la potente maquinaria institucional que mueve a la familia real británica, responsable según la pareja de no haber protegido de los ataques a la duquesa de Sussex.

Ha impactado el daño que Markle ha experimentado, hasta el punto de hacerle pensar en el suicidio, y los temores del príncipe Harry ante una potencial vida palaciega llena de desgracia, como la que experimentó su madre, Diana de Gales. Y, sobre todo, la mención directa a Kate Middleton (aunque la duquesa de Cambridge se disculpó con flores de su encontronazo con su nuera) y al príncipe Carlos. Este puede ser el más damnificado por el daño colateral. Una vez más, se enfrenta a una crisis reputacional sin precedentes.

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Aunque el enfrentamiento con Kate Middleton terminó con una nota de disculpa y flores de la Duquesa de Cambrige, de la que Meghan Markle dice, además, que es “buena persona”, no parece que la relación con el príncipe Carlos, heredero al trono, vaya a recomponerse próximamente. Los seguidores de la familia real británica conocían la tensa relación entre los hermanos, protagonistas de rifirrafes serios que los han llevado a estar sin hablarse durante bastante tiempo.

Sin embargo, nadie sabía del desplante del Príncipe de Gales a su propio hijo, una cuestión que no va a ser comprendida tan fácilmente por el gran público. El Duque de Sussex reveló que su padre dejó de cogerle el teléfono cuando anunció su plan de abandonar Londres y le pidió que mejor comunicara sus decisiones “por escrito”.

“Me siento realmente decepcionado porque él ha pasado por algo similar, sabe cómo se siente el dolor y Archie es su nieto”, le dijo a Oprah Winfrey el príncipe Enrique. “Al mismo tiempo, siempre le querré. Pero hay mucho dolor, y arreglar esa relación seguirá siendo una de mis prioridades”. Esta manera de colocar la institución por delante de su rol de padre resulta, a estas alturas del siglo XXI, incomprensible para una ciudadanía que ya no entiende las rigideces del protocolo monárquico del pasado siglo.

De hecho, conecta directamente con la otra gran crisis reputacional que ha vivido el Príncipe de Gales y que le costó muchos años remontar: las acusaciones de crueldad de Diana de Gales, quien en su propia entrevista en televisión le acusó de adulterio, desatención, aislamiento y una crueldad emocional que la llevó a la bulimia, a la depresión y a autolesionarse.

La reconstrucción de la imagen pública del príncipe Carlos ha sido una tarea ímproba, con muchos años volando muy bajo a pesar de ser el heredero al trono, y con el obstáculo añadido de haberse casado con Camilla Parker-Bowles, la amante que señalaba Diana de Gales. Solo ha podido jugar la baza de presentarse como un activista contra el calentamiento global. De hecho, en las encuestas de popularidad puntúa siempre el último, por detrás de la reina Isabel II, el príncipe Enrique, el príncipe Guillermo, Kate Middleton, Felipe de Edimburgo y Meghan Markle. Sin embargo, en los últimos meses su imagen pública ha sufrido serios menoscabos: han salido a la luz maniobras políticas para impedir que las personas que alquilan casas y granjas en sus tierras puedan comprarlas y la serie ‘The Crown’ le retrata como un verdadero villano. Como el malo malísimo de los Windsor.

Con estos antecedentes, se entiende mejor la preocupación que el príncipe Carlos ha expresado a algunos amigos. El futuro rey está ahora mismo “en un estado de desesperación” por las palabras que le ha dedicado su hijo en televisión, han contado. Probablemente porque sabe que va a ser el sospechoso número uno de haber cometido las peores fechorías que han relatado Meghan Markle y el príncipe Enrique en la entrevista de Oprah Winfrey. A saber: que un miembro de la familia real británica expresó su preocupación por el color de piel que tendría Archie, el primogénito de los Duques de Sussex. Y que un “miembro senior” de la familia real acudió a las habitaciones de Meghan Markle para decirle que fuera discreta, cuando esta solo había salido del palacio de Kensington dos veces en cuatro meses.

Su aislamiento era tal, que le retiraron las llaves y el pasaporte y le negaban el permiso para salir a almorzar con sus amigas. ¿Quién puede ser el instigador de los comentarios racistas y del encierro de Meghan Markle? El príncipe Enrique solo ha dado una pista: no ha sido ni la Reina ni el Duque de Edimburgo. Se abren las apuestas.

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