Cómo es Windsor, el castillo en el que la reina Isabel II se refugia del coronavirus y pasará las Navidades, por primera vez desde hace 33 años

La tradición de la Familia Real inglesa marca que las Navidades se celebren en el castillo de Sandringham. Allí se reúne la familia, corgis incluidos, se reparten los regalos el día 25 a la hora del té, se hacen fotografías y se celebra una cena de gala, seguida de un desayuno tradicional inglés. Es en Sandringham donde se fotografía la familia en la última escena del capítulo final de “The Crown”. Pero el coronavirus lo ha cambiado todo. Poco antes de Pascua, la Reina Isabel II decidió retirarse al castillo de Windsor, su residencia oficial los fines de semana donde este año excepcionalmente celebró su 94 compleaños, y tras pasar el verano en Balmoral (Escocia), regresó a Windsor en lugar de hacerlo al Palacio de Buckingham.

Desde entonces se encuentra allí con su esposo, el Duque de Edimburgo y apenas recibe visitas para no ponerse en riesgo de contagio, aunque se comunica con el mundo exterior vía Zoom. El Duque de Edinburgo vive en Sandringham desde que anunciara su retirada de la vida pública el año pasado, y se ha reunido con la Reina en Windsor, donde pasarán también las Navidades, sin más familia. Allí permanecerán hasta que pase el riesgo del coronavirus. A sus 94 años, la Reina es una persona de alto riesgo.

Habitualmente, la Reina pasa en Windsor los fines de semana y las vacaciones de Pascua. Windsor es uno de los castillos más antiguos de Europa y también el nombre que bautiza a la dinastía, tras la decisión del rey Jorge V de cambiar su apellido, Sajonia-Coburgo-Gotha, durante la I Guerra Mundial, para evitar que le identificaran con los enemigos alemanes.

Windsor, que data del siglo XI, es residencia oficial del Jefe del Estado británico desde 1837. Tiene cinco hectáreas de jardines y está enclavada en el condado de Berkshire, a 40 kilómetros de Londres. Es una de las residencias más emblemáticas de la realeza británica. Con su estilo medieval, combinado con detalles georgianos y victorianos, es la fortaleza habitada de mayor tamaño que hay en el mundo y su cocina, que sigue en funcionamiento, es la más antigua de Inglaterra . Su bodega guarda 18.000 botellas.

De Windsor Isabel II guarda mucho buenos recuerdos. Aquí pasó los años de la II Guerra Mundial, al abrigo de los bombardeos sobre Londres. Allí jugaba con su hermana Margarita con la casita de muñecas más grande de Europa, que mandó construir su abuela, la Reina María. En esos años se escondieron algunas de las joyas de la corona en su subsuelo.

Además, en Windsor se han casado numerosos miembros de la Familia Real, como los Condes de Wessex Eduardo y Sophie Rhys-Jones, su hermana la princesa Margarita con Anthony Amstrong-Jones, su hijo Carlos con Camilla o Harry y Meghan, hace dos años, en la capilla de San Jorge, donde reposan los restos mortales de 10 reyes, entre ellos Enrique VIII o familiares queridos como la princesa Margarita y la Reina Madre.

Aquí es donde se otorga la famosa insignia de la Jarretera, una condecoración de cinco siglos de antigüedad que concede la Reina, y donde ha recibido a mandatarios extranjeros como Trump y su mujer o Don Felipe y la Reina Letizia. En sus terrenos viven sus hijos Andrés y Eduardo y también, hasta ahora, Enrique y Meghan. El hijo menor de Carlos y Diana tiene una especial relación con Windsor. Aquí es donde fue bautizado en la Capilla de San Jorge el 21 de diciembre de 1984 cuando tenía 3 meses de edad y donde pasaba todos los fines de semana con su abuela cuando estudiaba en Eton.

Windsor es también el escenario de fiestas y reuniones durante la temporada de Ascot. La Reina solía disfrutar los fines de semana montando a caballo y visitando las caballerizas, que albergan algunos de los ejemplares más queridos para ella.

En la impresionante fortaleza residieron la Reina Victoria y Jorge V, abuelo de Isabel II. Se dice que la tradición del té de las cinco se inventó aquí, en 1841, por la duquesa de Bedford, para apaciguar su nerviosismo entre el almuerzo y la cena. La merienda se componía en esa época de pan con mantequilla y pasteles y, por supuesto, té. Fue aquí también donde se puso en marcha la tradición del árbol de Navidad. Fue idea de la Reina Charlotte, esposa de Jorge III, y el Rey Alberto, esposo de la Reina Victoria, inició la tradición de decorarlo.

Un terrible incendio devoró varias plantas del castillo en 1992, aunque se pudieron salvar la mayoría de las obras de arte de Rubens, Rembrant o Canaletto que alberga o una exquisita colección de 450 relojes, siempre adelantados cinco minutos para garantizar la puntualidad. La catástrofe coincidió con la separación del Principe Andrés y Sarah Ferguson y la crisis imparable del matrimonio de los príncipes de Gales. La reina denominó a aquel año como “horribilis”.

El último año en el que Windsor fue escenario de unas navidades fue en 1987, cuando Diana de Gales, vestida con un icónico abrigo amarillo de cuadros, llevó a todos los niños de la familia a la misa matinal y la Duquesa de York, Sarah Ferguson, guardaba el secreto del embarazo de su primera hija. Los duques de York habían celebrado su primer aniversario de boda unos meses antes y la Reina disfrutaba por aquel entonces de una apacible estabilidad familiar. El castillo estaba lleno de nietos y los matrimonios de sus hijos parecían ir viento en popa. Los años que vendrían trajeron a Isabel sinsabores difíciles de imaginar entonces.

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