Carolina de Mónaco y Carlota Casiraghi se confiesan: Las mujeres de la dinastía Grimaldi son, más que excéntricas, extravagantes

El sentido de la familia, la infancia y la educación que recibió Carolina de Mónaco y sus hijos tienen muy poco en común a pesar de haber transcurrido en condiciones y términos royals. La propia princesa de Mónaco y su hija Carlota Casiraghi lo han contado en una entrevista doble concedida a la revista Madame, el suplemento del diario francés Le Figaro.

En escasas ocasiones Carolina de Mónaco ha hablado de la intimidad de la familia real monegasca pero esta vez ha hecho una excepción acompañando a su hija en este encuentro en el que ambas ponen de manifiesto ese contraste entre cómo han transcurrido sus vidas: Carolina de Mónaco primogénita del príncipe monegasco casado con la famosísima actriz de Hollywood convertida en princesa; y Carlota Casiraghi, primera hija de Carolina y el empresario y apasionado deportista italiano Stéfano Casiraghi con quien hacía dos años habían tenido a su primer hijo, Andrea Casiraghi. Cuando la pareja se casó el 29 de diciembre de 1983, con Carolina embarazada, hacía menos de un año que había fallecido su madre, en septiembre de 1982. Con el que ha sido el gran amor de la vida de la princesa Hannover (sigue ostentando el título a pesar de su separación, que no divorcio, de Ernesto de Hannover), tuvo Carolina a sus tres hijos mayores y con ellos se inició en la maternidad a los 27 años. Carlota aún no había cumplido los 27 cuando nació su primer hijo, Raphaël, fruto de su relación con el acto marroquí Gad Elmaleh. Cuando Carolina de Mónaco nació, Grace Kelly tenía 28 pero los finales 50 poco tenían que ver con los años 80, y las situaciones de ambas eran incomparables.

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Grace Kelly, nacida en Filadelfia hija del empresario estadounidense John Brendan Kelly y la atleta alemana Margaret Katherine Majer, dejaba atrás su vida como reconocida actriz ganadora de un Oscar para convertirse en princesa consorte y dar brillo al pequeño principado europeo. Sus hijos no tardaron en llegar. Un año después de la boda nació Carolina, al año siguiente Alberto y algo después, en 1965, Estefanía. No los veía mucho. De la educación de la mayor, ha contado la propia princesa, se encargaba en los primeros años una niñera inglesa y de su cuidado velaba un ama de llaves francesa con la que compensar el “pobre francés” de su madre por el que no recibió demasiados halagos en la escuela. Carolina de Mónaco ha recordado en esta entrevista sus años como interna en el colegio Dames de Saint-Maur y sus posteriores estudios universitarios a pesar de que su madre le decía: “No necesitas ir a la escuela”. No fue, de hecho, Grace Kelly la única que intentó convencerla de abandonar los estudios. Ya en la universidad, le repitió “con una crueldad increíble un profesor universitario” que le insistía en que estaba ocupando “el lugar de un estudiante digno”.

“Recibí una educación que, de alguna manera, fue un vestigio del siglo XIX”, ha descrito. Sin embargo, su carácter la animó a querer “superar los obstáculos” y a negar un machismo instaurado. Por eso, ella quería ser mejor que sus compañeros varones, tanto en la escuela como en los deportes: “No es necesariamente satisfactorio, pero esta competencia me ha perseguido durante mucho tiempo. A los 20 yo era así”.

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Ha revelado que no es demasiado cinéfila, que su cultura cinematográfica se detiene en los años 80 y que su pasión por la cultura no la ha heredado de sus padres, “que no eran grandes lectores a diferencia de mis abuelos”. Se lo debe a “los maravillosos profesores que tuve de niña y en la universidad”, además de a la compositora y directora de orquesta Nadia Boulanger su profesora de música. “No fue fácil pero fue fascinante” que fuera su maestra, ha reconocido. Su educación, sin embargo, “no tiene nada que ver con la de mis hijos” –“en mi época, no nos gustaban mucho Sartre y Beauvoir”, ha bromeado-, y su hija lo corrobora, aunque ambas comparten su gusto por la lectura. Carlota guarda en la memoria una de las primeras veces que cogió un libro, fue en un avión, era una edición antigua de uno de los títulos de su madre y se dispuso a leerlo al revés porque aunque no sabía leer quería que pareciera que sí, ha desvelado. A su madre le pasó algo parecido cuando siendo niña tomó un libro de la biblioteca de sus padres y leyó “sin entender nada desde la primera hasta la última frase”.

Carlota Casiraghi continúa el relato sobre cómo ha sido Carolina como madre explicando que la princesa cuidó de sus hijos “sin ser intervencionista”. Explica que ella y sus hermanos “tuvimos mucha libertad”, disfrutaron de una soledad que les ayudó a forjar “una imaginación poderosa”; y Carolina asiente: “Siempre les he dicho a mis hijos: ‘Puedo enseñaros la puerta, enseñaros a hacer llaves, pero solo vosotros tenéis que intentar abrirla”. Ellos pronto fueron a escuelas públicas “y es muy educativo enfrentarse a la diversidad humana y social”.

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A pesar de las diferencias entre educación, vida y décadas, Carlota cree que su madre tiene muchas cosas de Grace Kelly. Reconoce que “la relación entre madre e hija es una cosa compleja, la madre ocupa un lugar todopoderoso, incluso cuando es cariñosa y tierna… No se trata de comparaciones, pero hay espejos. Cuando veo películas de mi abuela, veo en ella tu gracia, tu exigencia, tu disciplina y también tu misterio…” Su madre, sin embargo, no lo ve igual: “No me parezco a ella en absoluto. Físicamente me parezco a mi abuela paterna. Era una mujer muy libre y original. Fue enfermera durante la guerra, luego visitante de la prisión. Totalmente inclasificable”.

Esos son los “contrastes” de las mujeres de la familia que acaban formando la personalidad de Carlota Casiraghi, filósofa y afortunada por todas las que pasaron por su lugar antes que ella. “Me siento rica por todas estas historias familiares, todos esos contrastes, todas estas mujeres que se han salido de un camino marcado. Mi bisabuela caprichosa, mi abuela que tomó la decisión de dejar el cine”.

¿Exentricidad entre las mujeres de la dinastía? “Exéntricas en el sentido de singulares”, apunta Carlota. “Más que excéntricas diría extravagante. Pero no con el sentido sobreutilizado sino en su raíz latina ‘más allá del camino”, concluye su madre.

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